Prefacio

Al Lector:

Nuestro propósito en este Prefacio no es hablar del valor eminente del Autor, cuya memoria es bendecida en los corazones de todos los piadosos de esta Nación; o de este Fragmento mismo aquí publicado: sino solo para asegurarte que es suyo. Y aunque no alcanzan la exactitud y perfección que podría haber en ellos si él mismo los hubiera publicado.

Sin embargo, con esa concesión diferente que se ha de dar: notas tomadas de su boca en la Predicación ordinaria y frecuente, no dudamos sino, que, en su uso y beneficio, pueden ser tan provechosas para los Santos como otros de sus Escritos, siendo tan útiles, llenos de materiales de peso y divinos, habiendo permitido que la impronta del Espíritu y el lenguaje de este Hombre santo (uno de los más grandes predicadores de esta época) se muestre todo el tiempo sobre ellos.

A nosotros (para quienes, este hermano nuestro, era muy querido y precioso) se nos ha confiado la publicación de sus Sermones, y hemos pensado primero en dar paso a estos pocos, que si reciben la bienvenida que merecen, muchas otras excelentes obras suyas podrían poco después aparecer a la vista del público.

Los puntos tratados en estos sermones son de gran interés y, por lo tanto, concebimos que el autor, aunque al manejarlos tuvo suficiente espacio para discutir muchas de las controversias de la época, sin embargo, las dejó deliberadamente, y se inclinó a la única entrega de lo que más tendía a la edificación y mejor se adaptaba a un auditorio tan popular como aquél, al cual hablaba. El Señor del cielo os bendiga para vuestro beneficio espiritual, y os capacite por medios como estos para santificar su Nombre en el uso de todas sus Ordenanzas, que es el deseo de:

Thomas Goodwin,

William Greenhill,

William Bridge,

Sydrach Simpson

Philip Nye.

(Todos ellos miembros de

la asamblea de Westminster)