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A diferencia de las demás charlas de la conferencia, esta fue un panel moderado, no un sermón de un solo predicador. Carlos Contreras (anfitrión) modera y pregunta; Miguel Núñez, Sugel Michelén y Aníbal Rodríguez responden. Se identifica el orador de cada intervención según el contexto del propio audio (nombres propios, detalles biográficos ya confirmados en charlas anteriores — la iglesia de Sugel cumplía 48 años ese mismo día, Aníbal pastorea junto a Jonathan y Sara Jerez en Wheaton, etc.).

Introducción del panel (Carlos Contreras)

Este es el décimo, la décima edición de Fieles a su Llamado. Tuvimos la primera Fieles a su Llamado en 2014, con la presencia de Sugel —y estaba yo revisando, creo que en esa conferencia fuiste el único invitado y predicaste seis veces. Y ahorita te invitamos y nomás predicaste una. Entonces se me hace que no nos estás dando suficiente. Bueno, ya habíamos progresado.

Y todo inició en 2013: realmente vino Miguel y tuvimos una reunión un poco más reducida, invitamos nomás gente conocida de algunas iglesias de Gracia Soberana, y de ahí nació el deseo y la visión de hacer algo más organizado. Una persona me dijo: “es cierto que solamente el 25 por ciento de los asistentes son personas que son parte de una iglesia de Gracia Soberana” —y le dije, sí, más o menos ese es el porcentaje—. Vamos a hacer una conferencia de Gracia Soberana para los pastores de Gracia Soberana, pero vamos a abrir las puertas a todos los que quieran venir. Y el 75 por ciento de ustedes aceptaron esta invitación. Yo quiero decirles, a nombre de Gracia Soberana, de Bob, de Jeff: gracias por confiarnos su tiempo y permitirnos servirlos y alentarlos. Yo quiero que esta conferencia los aliente a ser fieles a su llamado. Gracias a todos los que invirtieron —la gente que vino de Bolivia, no tengo ni la menor idea de cuánto cuesta venir desde Bolivia, pero gracias por hacerlo, realmente nos honran con su presencia.

Vamos a tener este panel. Miguel trajo un fundamento la noche de ayer, Sugel lo remató de una manera magistral esta mañana, y Aníbal nos empezó a dar un poquito más de cuestión específica cuando habló de la gratitud, la generosidad y el gozo como parte de nuestra respuesta de adoración. Yo invité a estos hombres a este panel con la intención de representar aquí, desde esta silla, a los pastores que están allá, y hacerles las preguntas que ustedes se pueden estar haciendo. Este panel se va a tratar de cómo tomamos las decisiones de qué hacer específicamente durante nuestro servicio de adoración.

Ya conocen a Miguel: viene de la IBI, una mega iglesia en República Dominicana, que tiene veintiocho años de fundada, con un equipo pastoral que es como un Dream Team —ustedes ven los videos de la alabanza de la IBI y dicen “¿de qué planeta son estas personas?”— son una bendición para Latinoamérica.

Ya conocen a Sugel: si piensan que Miguel tiene un Dream Team, Sugel tiene un Dream Team de algunos de los mejores predicadores de Latinoamérica, empezando por Salvador —que no me tocó escuchar en Colombia— y el equipo de ancianos que tienen ahí.

Y luego tenemos a este otro hombre que invitamos porque empareja un poquito —aquí están tres viejos— y lo invitamos para que agregara al atractivo del panel: Aníbal Rodríguez. (¿Naciste en Colombia? Mi mamá es colombiana y ecuatoriana, y mi papá es chileno. “Tienes tres papás, tú estás peor que Luis Miguel.” Pero mi identidad está en Cristo.) Aníbal es pastor: siendo colombiano, ahora en Estados Unidos pastorea y dirige un equipo pastoral en Chicago, en una iglesia que se llama Wheaton Bible Church —otra mega iglesia, donde Jonathan y Sara Jerez, y Sergio Villanueva también, son parte del equipo pastoral—. Originalmente él era pastor de “la Iglesia del Pueblo”, que era parte de Wheaton, y ahora es el pastor de toda la iglesia.

No quiero que nadie se desconecte pensando “bueno, es que ellos tienen estas iglesias enormes y no los podemos comparar, nosotros tenemos una iglesia pequeña.” No: lo que a mí me interesa es el proceso pastoral de ellos, como ancianos de su iglesia, evaluando de qué forma el culto dominical de adoración —cómo han decidido darle una forma particular—. Puede ser que haya diferencias, y quiero escucharlos, se me hace muy interesante.

I. El proceso de evaluación en una iglesia con equipo grande (Aníbal Rodríguez)

Carlos: Vamos a empezar contigo, Aníbal, a nivel… sé que es algo diferente, pero aun así: tú estás al frente de un equipo grande, de una iglesia muy grande. ¿Estás involucrado, enterado, evaluando las canciones que se tocan, o es algo que has delegado? ¿Qué has delegado y cómo lo has hecho, específicamente en términos del tipo de canciones, la letra, etcétera?

Aníbal: Yo entiendo que parte del rol de los pastores ancianos en la iglesia es cuidar la doctrina de la iglesia. Y también estoy convencido de que, cuando viene a la adoración, por lo general la gente se va a acordar más de lo que canta que de lo que escucha de una prédica —eso me produce una depresión increíble, ¿verdad?— pero la realidad es esa, se puede comprobar: la gran mayoría de la gente tiene un determinado porcentaje de cuánto puede retener de una enseñanza, de una prédica. Pero pienso también que el Señor, en su sabiduría, ha diseñado la adoración como parte también de edificar a su iglesia, de enseñar a su iglesia. Por lo tanto, el estar involucrado en lo que se canta es extremadamente importante.

Para nosotros, por el tamaño de nuestra iglesia y por la forma en que lo trabajamos, y porque tengo la bendición de tener a Jonathan como pastor de adoración, yo no tengo que estar chequeando mucho lo que él está cantando, porque él está haciendo ese trabajo: está cuidando que la doctrina de la iglesia, que la Palabra, se esté cantando, que lo que se está diciendo —aun cuando están componiendo algo— esté centrado en las Escrituras. Sin embargo, cada vez que Jonathan va a introducir una nueva canción y tiene una duda de si esto realmente refleja lo que creemos como iglesia, tenemos una conversación —de la misma forma en que él me invita—. Nosotros tenemos una reunión todas las semanas donde miramos qué fue lo que pasó en el servicio, qué fue lo bueno, qué fue lo malo, qué cosas hicimos que a lo mejor no deberíamos hacer, y qué cosas nos faltaron. Entre eso, también estamos analizando la adoración, y en esa conversación muchas veces salen preguntas como: “mira, esa línea en esa canción, ¿qué significa eso para ti? Esto es lo que significó para mí. ¿Qué es lo que debe significar para la iglesia?”

A mí me ayuda mucho tener un pastor de adoración al que le interesa grandemente la doctrina de la iglesia, y que entiende que la música edifica al pueblo de Dios. Por lo tanto, lo que se canta, por más que suene bien, tiene que tener un fundamento bíblico, aplicado bíblicamente aun en la adoración. Nosotros sí tenemos una reunión regular y conversaciones regulares sobre lo que estamos cantando y por qué lo vamos a cantar.

II. Cultivando la oración de la iglesia (Miguel Núñez)

Carlos: Ahorita no estabas tú, Miguel, pero yo animé mucho a las personas a que compraran tu libro Clama a Mí — comenté un poco de esa carga que tú tienes sobre la oración de la iglesia, que muchas veces no estamos orando como iglesia. ¿Cómo has tratado de implementar esa carga sobre la oración en su servicio? ¿Ha habido cambios que se han implementado? Dinos algo de ese proceso, de cómo trajiste a tu equipo la necesidad de orar en la iglesia.

Miguel: Es una buena pregunta. Y algo que Aníbal dijo también me ayuda a entrar en otras áreas: quizás en ciertas iglesias el pastor predicador tendría que estar muy de cerca con el pastor de adoración en la selección de canciones. De hecho, cuando nosotros comenzamos, yo me sentaba en sus ensayos —porque estaban muy jóvenes y quería ver qué estaban haciendo, cómo lo estaban haciendo, qué cosa se pudiera mejorar—. En un par de ocasiones que fueron invitados fuera de la iglesia, yo fui con ellos, me senté atrás, los escuché, los vi ministrar, y luego tuvimos una reunión y les pregunté cómo se sintieron ministrando en otro lugar. El pastor Luis y otros dijeron: “como que nunca entramos en la verdadera adoración, o el espíritu.” Y yo les dije: “yo estaba ahí, se lo puedo confirmar, eso fue así. Ahora la pregunta es: ¿ustedes saben por qué?” “No, no sabemos.” Al final les dije: “ustedes eran muy jóvenes también, estaban muy preocupados con la ejecución, y cuando estás así de preocupado con la ejecución, tu mente no está en la persona a quien estás adorando.” Realmente lo que crece torcido es difícil enderezarlo. Pero ya no necesito estar tan de cerca en esa selección.

Ahora yo tengo una serie de preguntas que quisiera que, cada vez que vamos a hacer algo como iglesia, las podamos definir: qué quiere hacer, cómo lo va a hacer, cuándo lo va a hacer, y para qué lo va a hacer. Eso nos ayuda. En nuestro caso, el timón de todo el culto es la predicación —creemos que el culto entero es de adoración, desde el momento en que iniciamos hasta el final, pero el timón es lo que se va a predicar—.

A mitad de semana, el pastor Luis me llama, o yo lo llamo, para verificar. Yo predico usualmente en serie, así que donde nos quedamos, ahí vamos a seguir. Pero él quiere saber hasta dónde voy a llegar, qué voy a abarcar; además quiere conocer la temática, o hasta el título si lo tengo, para tener una idea de por dónde vamos, y él comienza a trabajar en la selección de canciones. Lo que sí estamos enterados —cualquiera que vaya a predicar— es cuál es la canción que va antes de la predicación, y la canción con la que vamos a cerrar el culto después de la predica.

Primero, en cuanto a la predicación: quisiéramos que el oyente tenga un encuentro con Dios a través de su Palabra, en el poder del Espíritu. A partir de ahí, queremos que todo fluya en dirección de lo que vamos a predicar —en un momento dado puede ser la santidad de Dios, en otro momento su gracia y su misericordia, la cruz— de una manera u otra siempre es parte de eso, pero hay veces que está enfatizado de principio a fin.

Tratamos de que haya elementos de oración a lo largo de todo el servicio. Cuando yo subo, o sube el predicador, a seguir con la última canción antes del servicio, usualmente hacemos un puente entre lo que acaban de cantar y comenzamos a orar —es la idea de que nunca salga de un solo flujo de intimidad a lo largo de todo el servicio—. Igualmente, para cerrar, el pastor Luis frecuentemente me manda las letras para que yo tenga una idea de si la canción con la que vamos a cerrar está relacionada al tema que voy a predicar, pero de tal forma que yo pueda aterrizar de una manera que podamos, como que, seguir predicando y seguir adorando ahora en canción, en una misma dirección y similar a la canción anterior a la predicación.

No anunciamos —si lo hacen ustedes, no creo que haya nada malo en ello, pero nosotros no anunciamos— que “ahora viene el pastor Miguel”; cuando tú lo veas orando, ya tú sabes quién es y por qué está orando, lo menos interrumpido posible para que el flujo pueda… todo el mundo sabe cuándo tiene que hacerlo.

El dolor más grande, yo creo que para muchas iglesias, es dónde ponen los anuncios, porque nosotros encontramos los anuncios muy interruptores de todo este flujo de oración, etcétera. La mayoría de las veces terminamos por ponerlo al final, pero a veces tú estás anticipando un cierre climático del mensaje, y es anticlimático tener los anuncios al final, cuando terminaste allá arriba con el tema de la predicación. Entonces lo traemos adelante, pero no antes de la predicación, porque no quiero pasar de anuncio a predicación; sino que lo traemos, por lo menos una canción antes, donde hacemos ese receso. Y usualmente la persona que va a hacer los anuncios solamente la colocamos junto con otra cosa —por ejemplo, tenemos una oración pastoral, entonces muchas veces el mismo pastor que va a hacer la oración pastoral, dependiendo de quién sea (porque hay gente que no es buena dando anuncios, yo mismo no soy bueno dando anuncios), si tiene facilidad para hacerlo: “pues mira, haz los anuncios, haz la oración pastoral”, pasamos a la próxima canción, y luego la predicación, tratando de mantener ese flujo.

Lo otro que puede ser muy interruptor, y que nosotros no hacemos, es la toma de ofrendas. Por diferentes razones —que tomaría varios minutos explicar— llegamos a la convicción de que no debíamos tomar ofrenda como tal (aunque luego lo arreglamos): eso lo hacemos el primer domingo de cada mes, y el primer miércoles de cada mes cuando tenemos Santa Cena. Las urnas están ahí, en cualquier momento tú puedes dejar tu ofrenda. Tenemos 28 años como iglesia; durante esos 28 años no hemos recogido ofrenda cada domingo, sino el primer domingo de cada mes, y tratamos también de que eso fluya de la mejor manera posible, de un tiempo de adoración en canción a que la ofrenda sea también algún tipo de adoración, para que todo contribuya a que, si Dios lo quiso, tuve un encuentro con Dios por medio de su Palabra, en el poder del Espíritu, y todo estaba ahí como conducido en esa dirección.

La mayor parte de eso cae sobre Luis Núñez, el pastor de adoración, pero hay personas con las que él permanece en contacto, informándole. Terminamos con una oración final —yo no siempre, de hecho la mayoría de las veces él es quien cierra, después de la última canción; yo he orado antes de predicar, he orado después de predicar, pero frecuentemente es él quien cierra también—. Y por muchos años yo era la primera persona que daba la bienvenida a la iglesia —creo que eso es así en casi el 99% de las iglesias o más—; el pastor de adoración, cuando yo comencé con Luis, tenía 22, 23 años, entonces no era necesariamente la persona más idónea para dar esa bienvenida. Pero ahora, con más de 50 años, casado, con hijos, con cierta madurez, él puede dar la bienvenida a la congregación, y eso es parte del esfuerzo de diversificar las funciones, para que no quede todo tan centrado en una sola figura.

(Miguel, cerrando su intervención: “Gracias, amado, si me extendí mucho, lo siento.“)

III. ¿Y si eres un pastor solo, sin equipo? (Sugel Michelén)

Carlos: Híjole, ahora tengo como diez preguntas más. Pero quiero escuchar de Sugel el proceso de ustedes de evaluación, de diseño, de arreglar el servicio, las modificaciones, etcétera. Pero me gustaría que tomaras en cuenta esto: aquí Miguel habló de “que puede ser fulano, que puede ser sultano” — pero, ¿qué pasa cuando nomás es un pastor? He estado en muchas iglesias donde los pastores tratan de que se involucren muchas personas también, dando anuncios, dando la bienvenida, y no son necesariamente personas que traen esta mentalidad de liturgia, tratando de involucrar a mucha gente de la congregación. Nosotros tenemos un equipo pastoral formidable, pero muchas personas no lo tienen. Habla de eso: alguien va a dar la bienvenida, alguien va a orar, alguien va a predicar, alguien va a cerrar, alguien va a dirigir la música — dinos cómo lo hacen ustedes, pero a conciencia de que hay gente aquí diciendo “¿cómo quieres que lo haga si yo soy solo?”

Sugel: Vamos a comenzar por la primera parte de la pregunta. Obviamente, en la historia de una iglesia —como decía esta mañana, nosotros estamos cumpliendo hoy cuarenta y ocho años— no siempre hemos estado en la misma etapa. Cuando nosotros llegamos a la convicción de que las Escrituras deben gobernar todo el culto y todo lo que se hace en la iglesia, yo recuerdo que nosotros, como cuerpo de pastores, tuvimos varias discusiones —en el buen sentido— sobre qué elementos debíamos mantener y qué elementos debían ser eliminados del culto de adoración.

Y la razón es esta: yo decía esta mañana que la verdadera adoración debe estar gobernada y saturada por las Escrituras. Lo de estar “saturada” se entiende más fácil que lo de “gobernada”, porque, hermanos, ¿cómo las Escrituras gobiernan los elementos que nosotros incluimos o decidimos no incluir en la adoración? No solamente tenemos en las Escrituras mandamientos directos de Dios diciendo “hagan esto” —por ejemplo, la Biblia dice claramente que debemos cantar, que debemos predicar, que debemos orar en el culto, etcétera— sino que hay otros elementos que se pueden deducir de principios y modelos que encontramos en las Escrituras.

Entonces, en esa primera etapa —estoy hablando quizás de principios de los noventa en la historia de nuestra iglesia— tuvimos que sentarnos seriamente a pensar qué cosas hacemos en el culto de adoración que tienen una garantía bíblica, para no ponernos a inventar cosas que Dios no nos ha dado garantía en su Palabra para hacer. Pero, una vez que uno pasa esa etapa, entonces uno puede comenzar a pensar quién va a hacer qué. Y aquí voy al pastor que tú mencionabas hace un momento, que tal vez está solo en la iglesia: yo creo que el elemento central aquí es qué personas tienes en la iglesia que tienen dones dados por el Señor, a quienes puedes equipar para que hagan una serie de cosas. Y estoy pensando —ya no en IBI, ni en IBSJ, ni en Wheaton— estoy pensando en un hermano aquí que está solo como pastor: bueno, puede identificar quiénes son las personas en su iglesia que tienen ciertos dones que desarrollar. Tal vez, al principio, no lo van a hacer como tú, pero si no delegas, entonces nunca vas a tener el equipo.

Carlos: Exacto, estoy tratando de enfocarme específicamente en la pregunta que hiciste.

Sugel: Lo único que expandiría un poquito es esto: al delegar —en este caso, delegar no significa “tú encárgate, y ahí nos vemos el domingo”—. Creo que lo que hemos estado hablando es tan serio que, aunque el pastor pueda tener a alguien que le diga “pastor, yo quiero ayudarle con la alabanza, yo puedo cantar, yo puedo hacer esto” —“sabes que sí”— la responsabilidad de lo que va a pasar el domingo sigue siendo mía. Entonces: “propónme qué canciones quieres cantar.”

Fíjate, Aníbal dijo algo hace un momento, y es que lo que la iglesia canta tiene un impacto enorme en la teología que la iglesia tiene. Entonces, lo que se canta en una iglesia es responsabilidad pastoral. No estoy diciendo necesariamente que —aunque en nuestra iglesia sí lo hacemos— quiero ponerlo como “ese es el modelo y tienen que seguirlo”: en nuestra iglesia, Salvador y yo somos las personas que toda la vida hemos estado encargadas, junto con el hermano que dirige la alabanza, de escoger las canciones que se cantan el domingo. Obviamente, este hermano ya nos presenta un boceto previo, y nosotros simplemente podemos cambiar algunas cosas aquí o allá.

Ahora, la pregunta es: ¿por qué los pastores tenemos tal interés en lo que se va a cantar? Como decía Aníbal hace un momento: lo que se canta en nuestra iglesia generalmente no son himnos nuevos —digo, siempre se están introduciendo himnos nuevos— pero hay algo más en el flujo de todo lo que se canta el domingo. Por ejemplo, nosotros queremos que el evangelio esté bien claro; pero no solamente el evangelio, queremos que la doctrina de la Trinidad esté clara. Entonces, en ese sentido, hay elementos que vamos viendo, a ver si en todo lo que se está cantando realmente no estamos simplificando demasiado el evangelio. Y es por eso que los pastores vemos como una responsabilidad el revisar lo que se canta.

Otras veces es porque son traducciones —himnos traducidos del inglés al español— y no siempre las traducciones son tan precisas teológicamente. Por ejemplo, recuerdo un himno que dice “Eterno, fuiste a la cruz por mí, a morir allí, para redimir” —es un himno que cantamos, de Gracia Soberana Música— pero luego dice “Invisible, ya pronto volverás” —porque todo el tiempo se habla de la invisibilidad de Dios—. Y nosotros inmediatamente llamamos al hermano encargado de todo esto y le dijimos: “mira, aquí hay una línea muy imprecisa, porque Jesucristo se encarnó, Jesucristo no es invisible, y Él va a ser, eternamente, Dios verdadero y hombre verdadero.” Entonces, aun en esos pequeños detalles, los pastores tenemos una responsabilidad, porque podemos estar enseñando docetismo a la iglesia —estamos enseñando una herejía a través de un himno—.

Es por eso que tenemos que tomar muy en serio esa responsabilidad. Obviamente, si tienes a una persona como Jonathan Jerez, o como Luis, o en nuestro caso el hermano que dirige la alabanza en nuestra iglesia —un hermano con muy buena teología— nosotros podemos descansar bastante, pero sigue siendo nuestra responsabilidad. Y como tú decías: todos los martes, que es la reunión de pastores, el primer punto de agenda, luego de orar, es revisar lo que sucedió el domingo. Y eso permite que todos los pastores asuman esa responsabilidad, en el sentido de que todos estamos evaluando qué pasó el domingo, desde el que se paró a dar los anuncios al principio.

Miguel decía algo muy cierto: los anuncios son un dolor de cabeza. De hecho, nosotros tenemos la pantalla donde ponemos los anuncios al principio, pero mucha gente no le hace caso a la pantalla. Hubo una discusión entre los pastores, divididos entre los “anuncistas” y los “no-anuncistas” —los anuncistas decían “es que no le hacen caso a la pantalla, así que tenemos que dar anuncios”; los no-anuncistas decían “que lo vean en la pantalla”— pero finalmente damos anuncios. Ahora, como dice Miguel, aun la persona que da anuncios tiene que tener la gracia de no entorpecer el culto de adoración, y hay formas de hacerlo. Por ejemplo, nosotros muchas veces mezclamos el hecho de que somos una comunidad de discípulos que hacen discípulos, hablando la Palabra en dependencia del Espíritu Santo, y traemos esa idea a la hora de dar anuncios: decimos “la razón por la que estamos diciendo esto es porque nosotros somos una comunidad de discípulos que hacen discípulos.” Entonces los anuncios no quedan como un parche, sino como parte de lo que estamos tratando de transmitir a la iglesia. No siempre se logra, pero se trata.

IV. ¿A quién se puede invitar a participar en el servicio? (Aníbal Rodríguez)

Carlos: Simplemente, para responder un poquito la pregunta de qué clase de personas se pueden invitar a participar en el servicio —en inglés, el flow del servicio—…

Aníbal: Una cosa: yo he estado ahí, cuando estaba con la congregación latina, siempre estábamos luchando con eso, porque nuestro equipo era mucho más pequeño. Una de las cosas que aprendimos es que la persona no solamente tiene que tener las habilidades naturales para hacer lo que se le está pidiendo, sino que —porque todo el servicio está diseñado para edificar, y todo el servicio está diseñado para darle gloria al Señor, pensando en 1 Corintios: aunque las canciones que cantemos tengan inteligencia para que la gente pueda entender, vamos a ponerlo de esa forma, porque si hasta una persona que no es creyente está ahí, que sepa que el Señor estaba en ese lugar— por lo tanto, el servicio tiene este peso.

Y lo que yo he aprendido es que, muchas veces, sin querer queriendo —como decía el Chavo—, por querer incluir a más miembros de la iglesia, se sacrifica mucho el peso del servicio. Por lo tanto, una cosa que nosotros aprendimos es que, si vamos a incluir a hermanos y hermanas a participar en alguna parte del servicio, en algo, lo que queremos ver primero es cuál es su actitud, su entendimiento frente a la importancia de lo que están haciendo —desde la persona que abre la puerta, la persona que sirve un café afuera (porque nosotros lo hacemos afuera del templo), hasta la persona que está haciendo el anuncio—. Porque si es verdad que todo lo que estamos haciendo en la iglesia debe tener un fundamento bíblico y una razón bíblica por la que lo estamos haciendo, entonces ese peso de “por qué” está haciendo lo que está haciendo, por más diminuto que sea, tiene que estar ahí. Y eso nos ayudaba mucho a filtrar qué clase de persona le pedíamos hacer qué, en dónde y cómo. Porque si una persona, por ejemplo, trataba algo tan sencillo como abrir una puerta o hacer un anuncio de manera muy casual, está robando, realmente, el peso de lo que el Señor quiere cuando su pueblo se junta.

Comentario de Carlos: delegar la tarea, no la responsabilidad

Carlos: ¿Puedo decir algo? Un minuto. Cuando se hablaba de delegar la responsabilidad: como nosotros lo vemos, tú delegas la tarea, pero no la responsabilidad — la responsabilidad sigue siendo tuya, pero la tarea es delegar. Son dos cosas diferentes.

Y en ese sentido, yo no quisiera que los pastores que están en una iglesia pequeña, donde no tienen a quién delegar… La primera vez que fui a Cuba estaba en una congregación, y ellos adoraban con —no era YouTube, no sé cómo era, no había wifi, no había manera de hacerlo— pero ponían estas canciones en video, y me fascinó que pusieron una canción de Gracia Soberana, y por abajo iba la letra, y como en las películas antiguas había una pelotita que iba brincando siguiendo la secuencia de las sílabas del canto. A mí se me hizo lo más maravilloso, y dije “¿dónde consiguieron estas cosas en Cuba?”

Lo que no quisiera es que tú te desanimes diciendo “es que ustedes tienen aquí muchos pastores.” Ninguno de los que estamos aquí empezamos así. Dios ha bendecido estas iglesias —nunca se compara ni con la que tiene 28 años, ni con la que tiene 48 años, ni con la nuestra que tiene 40 o 50 años de constituida—. El proceso debe tener mucha fe, y creo que empieza contigo, como pastor, sabiendo: “yo soy responsable de esto, yo soy el que carga con este peso de la seriedad de lo que vamos a hacer. Yo le voy a poner estas cosas en las manos del Señor. Le he pedido a mi hermano que nos dirija con una canción, he orado por él, he tratado de ayudarlo, hemos escogido las canciones, estoy haciendo lo que puedo, y se lo pongo al Señor — que Él bendiga esa intención de tu corazón, y que ponga el peso sobre la congregación.”

Una vez visité una de las iglesias que plantamos en Los Altos de Jalisco —una zona súper resistente al evangelio, los que son de Jalisco saben, Los Altos es un panteón de misioneros— y me acuerdo que había una chica atrás de una bocina, donde le podías poner un USB, y ella iba picándole y escogiendo o grabando los audios de las canciones. Era la hija del pastor. Y yo entré ahí —eran como treinta personas, yo iba a predicar— y sentí el peso de la presencia de Dios ahí, y dije: “Señor, tú aquí estás. Y si estas personas están sintiendo lo que yo estoy sintiendo y experimentando con estas canciones que estamos cantando —no hay músicos, está una sola bocina, hay una niña atrás picándole a un botón— tú te glorificas en esto, Señor, porque conoces el corazón del pastor, conoces lo que queremos hacer aquí, y estás bendiciendo este esfuerzo por servirte y servir a tu pueblo.”

Yo creo que ahí empieza, y creo que eso es parte de lo que estos hombres, en lo que han predicado, quieren transmitirles. No quisiera que nadie se vaya de aquí desanimado; al contrario, quisiera que se fueran animados de que Gracia Soberana, con el ministerio de Gracia Soberana Música, está buscando y trabajando para servirlos a ustedes y proveerles recursos —ahí está en la página, Gracia Soberana Música. Vamos a asegurarnos de que mañana esté aquí un QR donde te puedas conectar a la página, donde vas a encontrar recursos de canciones, letras, pistas, etcétera, con la intención de que te beneficies y puedas usar esas canciones —son cientos— para que puedas buscar y escoger.

Pero lo que sí quisiera que escuchen de ellos es el peso que hay en nosotros también, aquí en Gracia Soberana Juárez, de asegurar que realmente estamos procurando, buscando adorar al Señor en todo lo que hacemos los domingos. Y eso es lo que evaluamos y lo que buscamos. Gracias a Dios que tenemos excelentes pastores de adoración, y si eso te llevas de esta conferencia, creo que el Señor te va a ayudar y te va a proveer para que lo puedas hacer.

V. ¿Puede una mujer dirigir el canto o la oración cuando no hay otra opción?

Carlos: Una última pregunta, tenemos dos minutos. Hemos hablado del escoger las canciones, de todo este culto, del servicio, del involucramiento o el liderazgo de una mujer dirigiendo las canciones —y no lo estoy diciendo de forma negativa— me lo han preguntado algunas hermanas, en una situación donde hay un pastor solo, y la esposa, o alguien ahí musical, tiene la capacidad, por ejemplo, de dirigir la oración, tocar la guitarra y cantar, y a veces es una mujer. ¿Cómo manejarían ustedes eso, o qué le dirían al pastor acerca de eso? ¿Es adecuado, no lo es, hay límites, hay posibilidades?

Miguel: Yo no creo que es apropiado. Pero todo comienza porque es lo que entiendes por “pastor de adoración.” Eso es una posición pesada, de mucha responsabilidad —y no es solamente que es pesada y de mucha responsabilidad, es una posición de enseñanza—. Porque se supone que el pastor, entre una canción y otra, trae palabra, lecturas bíblicas, o trae comentarios sobre lecturas bíblicas —el comentario puede durar un minuto, pero continuamente, entre las canciones, hay cosas que se supone que el líder de adoración está hablando, comunicando, enseñando, y por consiguiente toda la iglesia está aprendiendo, está bajo la autoridad de la persona que está ahí—.

Y, en tercer lugar, que va con lo que acabo de decir: nosotros entendemos que la oración es una función pastoral, y si es pastoral, entonces quisiéramos que un pastor la dirija. Yo creo que el versículo de Pablo a Timoteo:

12 Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada.

no permite que la mujer enseñe o ejerza liderazgo, autoridad, sobre el hombre. Yo creo que se aplica perfectamente a esa posición. Yo sé que en el siglo XXI en el que estamos, y sobre todo en nuestras áreas, hablar de esas cosas siempre causa como un picor, porque pensamos que eso tiene que ver con desprecio, o falta de aceptación, o de nuevo, machismo. Pero si nos despegamos de todo eso, y tratamos de ver de nuevo el “qué”, el “por qué”, el “para qué”, el “cómo” — yo creo que esas respuestas terminarían, para nosotros por lo menos, viendo esa posición de la manera que la expuse.

Yo quería enfatizar, incluso, algo que dijo Aníbal: que lo que se hace el domingo es pesado, hay un peso sobre eso. De hecho, la palabra “santo” —una de sus definiciones primarias es eso: heavy, pesado—. En el culto no hay nada liviano, porque todo tiene que ver con la majestad de este Dios inmenso.

Y lo menciono también porque yo recuerdo, recientemente, ver en internet, en vivo, a un pastor —quiero mantenerlo bien anónimo, así que no voy a poder dar los detalles— dirigiendo a la congregación en algo, y cuando dijo que íbamos a orar, usó una palabra en la oración, hablándole a Dios, que yo no la uso ni en mi vocabulario del día a día con alguien de la calle. Y yo le decía a Kathy, mi esposa —ella está ahí como testigo— “yo no creo que Dios le va a pasar por alto eso, la manera como se dirigió, porque se dirigió delante de su pueblo de una manera muy irreverente.” Le dije: “quizás él no pierde el púlpito, pero va a pasar al anonimato.” Dicho y hecho: tú ni oyes de esa persona en estos días. Si yo mencionara el nombre, muchos de ustedes quizás lo conocerían, pero no lo voy a hacer. No es liviano lo que hacemos el domingo, es algo pesado, y quería enfatizar eso que Aníbal dijo.

Carlos: Gracias, Miguel. Sugel, ¿tú querías agregar algo? Pero no con respecto a esta pregunta.

Sugel: Yo estoy de acuerdo completamente con todo lo que dijo Miguel. Pero, pensando en ese pastor del que tú hablabas hace un momento, que tal vez está aquí: hermanos, vamos a las cartas del Nuevo Testamento, y vamos a ver que tal vez nosotros nos estamos complicando las cosas más de la cuenta. El evangelio se planificó para que iglesias pequeñas y para que iglesias grandes funcionen. Yo estaba pensando en la iglesia de Colosas: probablemente era una iglesia joven, que estaba bajo ataque de falsas doctrinas, y Pablo les dice: “estoy mirando vuestro buen orden” —o sea, que era una iglesia que tenía cierto orden interno—

5 Porque aunque estoy ausente en el cuerpo, sin embargo estoy con ustedes en espíritu, regocijándome al ver su buena disciplina y la estabilidad de la fe de ustedes en Cristo.

y Pablo le dice también que la palabra de Cristo more en abundancia en ustedes. Y nosotros sabemos que, en el primer siglo, las iglesias muchas veces no usaban instrumentos musicales, porque eran iglesias perseguidas, no podían darse ese lujo. ¿Qué quiero decir con eso? Que esas iglesias funcionaban predicando el evangelio, y tenían un liderazgo, aunque algunas de esas iglesias eran pequeñas, eran jóvenes. La iglesia de Tesalónica era una iglesia súper joven, y Pablo les escribe diciendo:

12 Pero les rogamos, hermanos, que reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes, y los dirigen en el Señor y los instruyen,

En otras palabras, lo que quiero decir, hermano, es: no te vayas de aquí desanimado. El evangelio, el cristianismo, no se planificó para que solamente iglesias de más de 500 miembros puedan funcionar. Las iglesias funcionan en el mundo entero — aun en China comunista hay hermanos que se reúnen en secreto, y allí adoran al Señor, y alaban, y predican, y hacen la obra. Se puede hacer aquí en México, se puede hacer en Costa Rica, se puede hacer en Bolivia, sin tener que tener un súper equipazo para poder llevarlo a cabo.

Carlos: Amén. Así es. Bien, ya se nos acabó el tiempo —me imagino que ese reloj está parado desde hace rato, quince minutos, hermanos. Vamos a terminar. Gracias a estos hermanos que nos han compartido.


Nota sobre esta transcripción

Transcrita del audio de la conferencia Fieles 26 (whisper). No tenía bucles ni errores graves de transcripción — solo estaba fragmentada en muchísimos renglones de una o dos palabras (típico de una conversación con pausas), unificados aquí en párrafos. A diferencia de las demás notas de esta conferencia, se optó por un formato de diálogo con los oradores identificados por nombre, dado que es un panel de cuatro personas y no un sermón de un solo predicador.

Identificación de oradores: ninguno de los cuatro se autoidentifica en cada intervención — se dedujo por contexto cruzado con las charlas anteriores de la conferencia (Sugel menciona que su iglesia cumple 48 años ese mismo día, como en la charla 03; Aníbal menciona a Jonathan y Sara Jerez como su equipo en Wheaton, como en la charla 04 y 06; Miguel se identifica por ser autor de Clama a Mí y pastorear la IBI en Santo Domingo).

Campo preacher: por ser un panel, se usó una lista con los cuatro participantes en vez de un solo nombre — esto se aparta de las demás notas de la conferencia; avisar si se prefiere manejarlo distinto.