Sobre esta nota
Esta fue un taller (breakout), no una charla plenaria, predicado en inglés con interpretación consecutiva al español en vivo. Esta nota contiene la traducción al español. La versión en su idioma original está en Pastorear a través del canto (EN).
Aviso importante: en un tramo de la primera parte del taller (la sección sobre cómo las canciones “alimentan” al rebaño, aprox. desde donde se pregunta “¿qué tan claramente entenderían el evangelio?” hasta el ejemplo de la canción “Alfa y Omega, nombre sobre todo”) la interpretación al español no quedó registrada en el audio. Esa parte, marcada más abajo, es traducción propia, no la voz del intérprete real.
Introducción
Muy bien. ¿Cuántos de ustedes dirigen el canto en su iglesia?… Genial. ¿Cuántos de ustedes son músicos en su iglesia? ¿Cuántos son vocalistas? ¿Y cuántos pastores tenemos aquí? Ah, genial, genial. Gloria a Dios.
Bueno, este taller surgió como resultado de conversaciones que yo tenía con mi pastor principal, C. J. Mahaney, hace unos 30 años. Yo llevaba dirigiendo música en la iglesia unos 30 años —25 años— y realmente no sabía lo que estaba haciendo. No estoy seguro de saberlo todavía, pero lo hago mejor que antes. Y una de las razones es este tema.
Cuando pensamos en el canto de la iglesia, hay muchas razones por las que lo hacemos: es una expresión de la creatividad y la belleza de Dios; como Jeff acaba de explicar, es una manera en que nos edificamos unos a otros; es una manera de darle gloria a Dios; aviva nuestros afectos por Dios. Pero hay una palabra que rara vez mencionamos, y que puede ser una de las más importantes a considerar. Y esa palabra es “pastorear” —no estoy seguro de cómo funciona eso en español—.
Ya sea que seas una de las personas que planea el canto en tu iglesia, o que ayudas a dirigirlo, o que simplemente participas en él, entender el aspecto pastoral del canto tiene un impacto muy significativo en la manera en que lo ves.
Yo he experimentado distintas maneras de hacer el canto congregacional, y distintos enfoques a lo largo de los años. A veces tienes al director del canto —tal vez algunos de ustedes son directores del canto— que ve a la congregación y empieza a guiarlos; están enfocados en la dirección musical. A veces también he sido dirigido por una especie de porrista, un cheerleader: “lo que sea que estés haciendo no es suficiente, quiero que estés más emocionado, más afectado emocionalmente” — están enfocados en la respuesta emocional—. Otras veces, los que dirigen el canto son como maestros: quieren que entiendas cada palabra que estás cantando, “ninguna herejía permitida, no en esta iglesia” — están enfocados en la doctrina correcta, lo cual es algo bueno en lo que estar enfocados—. A veces el líder es un artista, y solo la manera en que se mueve nos dice otra cosa: no están pensando solamente en Dios, quieren que los notes a ellos — están enfocados en la actuación, en su desempeño—. Y otros son como místicos: “es una experiencia muy profunda, no siempre sabemos lo que está pasando, pero algo va a pasar.” El otro día estaba escuchando una canción cuya letra decía algo así como “algo está a punto de pasar,” y pensé: ¿no puedes ser más claro que eso?
De cualquier manera: nosotros queremos enfocarnos en dirigir el canto como una manera de pastorear las almas de las personas. Así que, para considerar eso, vamos a ver lo que hace un pastor, y luego vamos a hablar de cómo dirigir el canto de una manera que cumpla esos roles.
El fundamento: cinco maneras en que los pastores cuidan el rebaño
Las Escrituras nos dan por lo menos cinco maneras en las cuales los pastores pastorean el rebaño: son responsables de alimentar el rebaño, dirigir el rebaño, cuidar el rebaño, proteger el rebaño, y ser un ejemplo para el rebaño.
De ahí es donde sacamos esto. A ver si puedo hacer esto: 1 Pedro 5, versículos 1 y 2.
1 Por tanto, a los ancianos entre ustedes, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada: 2 pastoreen el rebaño de Dios entre ustedes, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo;
De ahí sacamos los términos de pastorear y de guiar o dirigir. Y luego tenemos 2 Timoteo 4:2: “Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia y instrucción.” Así que uno de los roles de un pastor es enseñar. Y luego, en el libro de Hechos, capítulo 20, versículos 28 y 29 — Pablo le está hablando a los ancianos de Éfeso, recordándoles cuáles son las responsabilidades que tienen delante de Dios:
28 »Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre. 29 Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre ustedes que no perdonarán el rebaño.
Ahí ven tanto el liderazgo como el cuidado hacia la iglesia — “proteger el rebaño: no permitan que cualquiera enseñe cualquier cosa, no dejen que la gente cante cualquier cosa, protéjanlos”—.
Así que estos cinco roles pueden llevarse a cabo de distintas maneras, y una de esas maneras es por medio de nuestro canto. En Colosenses 3:16 se nos dice que, mientras cantamos, nos enseñamos y nos amonestamos unos a otros — hay muchísima consejería ocurriendo mientras cantamos. Así que, si estamos dirigiendo el canto, queremos estar conscientes de eso.
Y tengo que decirles: no tienen que ser pastores para hacer esto. Cada músico necesita estar pensando de esta manera en lo que hace.
I. Alimentamos al rebaño por medio del canto
Quizás esta sea la más sencilla. Las canciones enseñan. Alguien dijo por ahí: “somos lo que cantamos.” De hecho, recordamos más lo que cantamos que lo que se nos predicó. Y las canciones siempre nos están enseñando — nos enseñan objetivamente, verdades sobre Dios, sobre nosotros mismos y sobre el mundo—. Nuestras canciones no son solamente acerca de cómo nos sentimos —ya llegaremos a eso— pero nuestros sentimientos tienen que estar arraigados en lo que es la verdad.
Así que hay tres cosas que nuestras canciones deben enfatizar: el carácter de Dios, la palabra de Dios, y las obras de Dios. Y aquí hay una buena manera de pensar sobre tu canto: si no hubiera nada de predicación en tu iglesia —lo cual no recomendaría, porque entonces no serías una iglesia— pero si solo tuvieras tus canciones, ¿qué tanto sabría la gente acerca de Dios? ¿Qué tan claramente entenderían el evangelio? ¿Qué tanto sabrían de la justicia de Dios y de su santidad? ¿Qué tanto sabrían sobre el juicio venidero, o de que Dios quiere que vivamos vidas santas? Nuestras canciones deben hablar de esas cosas; queremos que nuestra gente cante sobre esas cosas.
A partir de aquí — traducción propia
El intérprete no quedó registrado en el audio para este tramo. Lo que sigue, hasta la sección “II. Dirigimos al rebaño”, es traducción propia.
Pero, sobre todo, queremos que canten sobre la palabra de Cristo — que, como dijo Jeff, es la palabra acerca de Cristo: el evangelio—. Que una canción tenga la palabra “cruz” no significa que la gente entienda lo que sucedió en esa cruz. Lo que sucedió es algo muy objetivo, objetivamente verdadero: el Cordero de Dios, perfecto, recibió el juicio que nosotros merecíamos, en su cuerpo sobre el madero. Resucitó físicamente de entre los muertos, y ascendió a la diestra del Padre. Todos los que ponen su fe en Él pueden saber que son justificados delante de Dios, declarados justos ante sus ojos; han sido adoptados en la familia de Dios; son santos y apartados para la gloria de Dios. Todo por lo que Jesús hizo — lo que yo haga no tiene ningún peso sobre lo que Jesús hizo; cómo me sienta al respecto no lo cambia—.
Así que nuestras canciones deben darnos esos detalles, o deberían dárnoslos. Debe quedar claro, en nuestras canciones, que Dios es trino. Ese también es un ejercicio interesante: revisar tus canciones y notar cuántas veces se menciona al Padre, cuántas al Hijo, y cuántas al Espíritu. No va a ser igual en cantidad — el Espíritu no está compitiendo por espacio, diciendo “yo quiero más canciones sobre mí”— no: el Espíritu, como mencionó Jeff, fue enviado para proclamar a Cristo, para llamar la atención hacia Cristo. Pero nuestras canciones deben dejar claro que Dios no es solamente “Dios y Señor”: Él es Padre, Hijo y Espíritu. Nuestras canciones deben dejar claro que nuestra identidad está en ser el pueblo de Dios — la obra de Cristo es lo que nos une, no nuestra cultura, ni nuestra etnicidad, ni dónde compramos nuestra ropa, ni el tipo de música que escuchamos—. Y queremos revisar nuestras canciones, tanto semana a semana como a lo largo del tiempo.
Eso es lo objetivo que las canciones nos enseñan. Pero también nos enseñan subjetivamente cómo vivir, cómo relacionarnos con Dios. Canciones superficiales y repetitivas comunican que Dios es fácil de conocer y piensa igual que nosotros. Algunas iglesias se enorgullecen de qué tan ricas doctrinalmente son sus canciones — lo cual puede ser bueno— pero canciones doctrinalmente densas que son difíciles de cantar pueden comunicar que Dios solo está interesado en relacionarse con gente educada: “si no eres inteligente, Dios no está muy impresionado contigo.” Canciones dirigidas puramente por la emoción pueden enseñarnos que Dios está más interesado en nuestros sentimientos que en lo que pensamos; y canciones emocionalmente secas, que nunca fomentan la expresividad y el afecto profundo, pueden enseñarnos que a Dios realmente no le interesa lo que sentimos o deseamos.
Así que nuestras canciones deben enseñarnos que hay un tiempo para postrarnos y un tiempo para celebrar; un tiempo para el arrepentimiento y un tiempo para el regocijo; un tiempo para la reflexión y un tiempo para la proclamación. Tuvimos un domingo, hace poco, en nuestra iglesia, en que dirigimos cuatro canciones antes del sermón, y todas eran de alabanza, muy solemnes y de himno — fue emocionante y festivo— y al final yo estaba tan cansado, y pensé: una de esas canciones debió haber sido más reflexiva. Las canciones siempre están enseñando.
II. Dirigimos al rebaño por medio del canto
No tienes que tener talento musical para dirigir el canto en tu iglesia. Cada miércoles por la mañana, en nuestro instituto pastoral, uno de los estudiantes dirige el canto, tenga o no tenga hueso musical en el cuerpo — y les puedo asegurar que algunos de ellos no tenían ni un solo hueso musical—. Cantar es una manera en la que hacemos otras cosas: oramos, lamentamos, damos gracias, nos gozamos, aprendemos, exhortamos — y todo eso se puede dirigir—.
Ahora, esto implica conocer lo que dicen tus canciones: estar familiarizado no solo con el sentimiento de una canción, sino con lo que realmente dice. Así que aquí hay algunas de las maneras en que dirigimos por medio de nuestro canto. Empieza antes de que comience la reunión, a través de la planeación: queremos planear con cuidado para asegurar un balance teológico en nuestras canciones. Queremos planear con expectativa, porque creemos que Dios quiere bendecir a su pueblo — ¿alguna vez han preparado una canción y pensado “esto no va a funcionar”? Puede que sea cierto, pero Dios quiere impartirnos fe—. Queremos planear con humildad también, con dependencia del Espíritu de Dios. Y queremos planear con propósito: no deberíamos preguntarnos “¿qué canción le gusta a todo el mundo? ¿Qué canción va a animar más a la congregación?” — esa siempre es una tentación, es mucho más fácil simplemente darles lo que les gusta cantar—. No hagan eso. Es como darle a tu hijo dulces una y otra vez: si dejas que un niño de tres años determine su dieta, se moriría.
Queremos servir a nuestras congregaciones pensando en lo que necesitan — y hay un lugar hermoso donde esas dos cosas se encuentran—. No quieres cantar canciones que la gente odie, o con las que se aburra. Y le doy gracias a Dios por los autores que tenemos, que buscan combinar verdad rica con melodías hermosas. (¿Cuál fue la canción que cantamos? “Alfa y Omega, nombre sobre todo” — es una de mis favoritas. Yo ni siquiera hablo español, pero sé lo suficiente cuando canto “nombre sobre todo” para ser afectado por la realidad de adorar al Cordero delante del trono.) Así que ambas cosas van juntas.
Podemos dirigir durante las reuniones — ayer di todo un taller exactamente sobre ese tema— pero déjenme decirles esto: si van a presentar una canción por primera vez, denle a la gente una razón para cantarla. Yo aprecio mucho la manera en que Jonathan y Arturo nos han dirigido así: no es solamente “esta es una canción nueva,” o “sé que conocen esta canción pero traten de que se oiga bien,” o “vamos a cantar el himno número 46.” Guíen a las personas: díganles por qué deberían cantar esta canción, díganles por qué importa el pasaje que van a leer, díganles en qué deberían estar pensando mientras cantan. ¿Alguna vez han estado cantando una canción y de repente se dan cuenta de que su mente está a cien kilómetros de distancia? “Ojalá vayamos a ese lugar a comer,” “ese juego es esta tarde,” “ese trabajo tengo que entregarlo” — tu boca se mueve, pero tu mente no está conectada—. Los que dirigen pueden ayudarles: “piensen en esto.” A veces las canciones dicen muchas cosas, y podemos escoger una sola línea y enfatizarla en las personas: “¿se dan cuenta de lo que acaban de cantar?” Y cuando llegan a esa línea, es como si se encendiera un foco — porque los guiamos—.
Podemos dirigir también enseñando sobre cuál es el papel de la música en la iglesia. Todos venimos a la reunión con ideas sobre qué es el canto: “debería ser muy reverente,” “debería ser muy emocionante,” “debería ser de un himnario,” “debería ser lo que está en mi lista de Spotify.” Necesitamos decirles por qué cantamos. El canto es un vehículo para nuestra adoración, pero no existe para producir adoración. No siempre cantamos lo que es más popular, pero vamos a cantar lo que creemos que es mejor para ustedes, para tu iglesia local. Y nunca vamos a esperar que la música haga lo que la palabra de Dios y el evangelio pueden hacer y van a hacer. Así que todo eso es parte de guiar a la iglesia por medio del canto.
III. Cuidamos al rebaño por medio del canto
Cada persona que entra a nuestra reunión está luchando una batalla, contra tres cosas: el pecado, el sufrimiento, y la autosuficiencia. (En inglés las tres empiezan con la misma letra, así que lamento eso por el español — pero significa lo mismo—.) Estamos en una batalla, y a veces estamos batallando con las tres cosas al mismo tiempo: “no puedo con este pecado, me siento tan culpable, me siento tan condenado”; “estoy atravesando un momento de intenso sufrimiento, me acabo de enterar que tengo cáncer, mi hijo acaba de morir, mi esposo se fue de la casa enojado”; y también está la autosuficiencia: “yo no necesito estas cosas, la gente debería estar feliz de que yo llegué.” Todos están luchando una batalla.
Nuestras canciones deben ayudar a las personas a entender cómo el evangelio atiende cada una de esas batallas. Así que cantamos canciones que le hablan a esas batallas. Por ejemplo, “Ante el Trono Celestial”: en el verso 2, en inglés dice “cuando Satanás me tienta a la desesperación,” mientras que en la versión en español dice “cuando he caído en tentación” — pero ese verso, en cualquier idioma, nos explica cómo Dios mira a Cristo y no a nosotros—. No necesito estar condenado, porque Cristo ya tomó mi juicio; hemos sido reconciliados con Dios; hemos sido adoptados en la familia de Dios; estamos seguros en el amor de Dios.
Si tuviera más tiempo, les daría líneas específicas de canciones que hablan a cada una de estas verdades o situaciones — ese es su trabajo—. Yo tomaría esta lista y me preguntaría: ¿qué canciones que tenemos, que usamos, le hablan a estas cosas? ¿Qué canciones nos dicen que somos libres del poder del pecado? Cantamos “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” — una de las líneas dice “el príncipe de la oscuridad ruge, no temblamos por él, porque sus rugidos podemos resistir, pues su condena es segura, él está derrotado”—. Somos libres del poder del pecado, hemos triunfado sobre la muerte. En “Sólo en Jesús” cantamos, en español, “sin culpa ya ni más temor, por el poder de Cristo en mí, desde el nacer hasta el morir, Cristo gobierna mi existir.”
Así les damos esperanza en las luchas que están enfrentando. No queremos solamente moverlos emocionalmente: queremos llenar sus mentes con la verdad para que así sus corazones sean afectados. Por eso cantamos: “Señor, tuyo seré, y viviré por ti, tus mandamientos seguiré por tu poder en mí.” Cuando alguien está pensando “¿cómo puedo vivir para Cristo?”, la respuesta es: es su poder obrando en ti. Así no estamos solamente cantando una canción: estamos cuidando el alma de esa persona. Por eso repetimos algunos versos — no lo hacemos nomás porque suena bien, sino porque está ayudando a las personas, porque estamos cuidando sus almas—.
Podemos cuidar a las personas ofreciéndoles consuelo y fortaleza en momentos de sufrimiento. Necesitamos estar cantando, en nuestras iglesias, canciones que nos recuerden que Dios es Dios y nosotros no. Pusimos, en uno de nuestros álbumes, una canción con esa línea específica: “ayúdanos a ver más claramente que tú eres Dios, y nosotros no.” Porque venimos a nuestras reuniones con todo tipo de preguntas: “Dios, ¿por qué no ha terminado esta prueba? ¿Por qué no me dieron ese aumento? ¿Por qué mis hijos no me obedecen? ¿Por qué mis papás no hacen lo que les digo?” Todo tipo de preguntas. Nosotros no somos Dios; Él es completamente sabio, completamente poderoso, y siempre es bueno, y podemos confiar en Él.
Así que necesitamos canciones que hablen sobre los retos y las pruebas, y que nos recuerden quién está a cargo, y cuán felices deberíamos estar de que Él esté a cargo. No solo nos resignamos a la soberanía de Dios: Dios está a cargo, Él va a hacer lo que quiera — y es bueno que Dios haga lo que quiera—. Salmo 115:3:
3 Nuestro Dios está en los cielos; Él hace lo que le place.
Y eso es muy bueno, porque si no fuera así, ustedes no estarían sentados aquí; no conocerían el perdón de sus pecados. ¿Acaso no es bueno, Señor? No solamente estamos planeando canciones: estamos preparando a las personas para vivir y para morir. Es una responsabilidad que queremos tomar muy en serio.
IV. Protegemos al rebaño por medio del canto
El mundo está cantando todo tipo de mentiras todo el tiempo: “puedes hacer lo que quieras y ser feliz,” “confía en tus sentimientos, no va a hacer ninguna diferencia,” “el propósito de tu vida es tener más cosas.” Son mentiras. Nosotros enseñamos con nuestras canciones, y protegemos a nuestra gente de esas mentiras.
Hay tres cosas de las que los protegemos. Los protegemos de los vicios del mundo, cantando canciones sobre la santidad de Dios, su justicia, su pureza, su ira contra el pecado — los vicios tienen consecuencias, no puedes pecar y salirte con la tuya, solo por un tiempo—. Protegemos a la iglesia de los placeres del mundo, haciendo todo lo posible por presentar a Cristo como deslumbrante, e infinitamente superior a cualquier alegría terrenal.
Hay una tendencia en Estados Unidos —no sé si está pasando en Latinoamérica— de decir que hay que cantar canciones que los hombres puedan cantar: “no canten esas canciones afeminadas, que hablan de amar a Jesús, de ser su amor, la novia de Cristo, de deleitarse en Él; canten canciones masculinas.” Yo digo que eso es ridículo. (¿Está pasando eso aquí en Latinoamérica? A veces, un poco, tal vez.) David era un hombre — el rey David— y decía: “Señor, me desmayo por ti; tu amor es mejor que la vida; mi mayor deseo es contemplar tu rostro.” El rey David mató gente, era un hombre entre hombres, un hombre fuerte — pero usaba ese tipo de lenguaje para decir que se deleitaba en Cristo—. Y un hombre verdadero entenderá que sus afectos más profundos le pertenecen a Cristo — eso es lo que hace a un hombre verdadero—.
Y también protegemos a la iglesia de los errores del mundo, cantando canciones con una verdad rica, teológica, que exalta a Cristo.
V. Somos ejemplo para el rebaño en nuestro canto
Voy a hablar de esto en mi mensaje más tarde, así que no quiero predicarlo ahora. Pero, si estás dirigiendo a las personas en el canto —ya seas pastor, alguien que canta, o el líder de alabanza— y tu cara está así (sin expresión), estás representando mal al Señor. Somos ovejas, como todos los que están aquí; no solo somos pastores, somos ovejas. Necesitamos conocer y sentir estas cosas. Y si el único momento en que estás afectado es cuando estás en la plataforma, esa es una muy mala señal.
Si te veo en la congregación y estás sin expresión —o tal vez ni siquiera estás usando tus manos, o estás mirando tu reloj, o tomando tu café (nunca he entendido muy bien eso: cuando la gente entra a la reunión con su café en la mano, piensas, ¿cómo vas a levantar tus manos si tienes tu café?)— de cualquier manera, queremos ser ejemplos para la iglesia. La calidad de nuestra devoción privada a Dios va a ser evidente en público.
Ahora, si a lo largo de semanas, meses y años buscamos pastorear a nuestras congregaciones por medio del canto, va a tener un efecto: deberían experimentar un cambio verdadero y permanente. Porque eso es lo que dice 2 Corintios 3:18:
18 Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.
Estamos siendo transformados mientras contemplamos al Señor. Y esa transformación se ve como humildad: nuestro canto no debería producir orgullo en lo que hacemos, debería producir seguridad — “Dios me ama mucho más de lo que yo pensaba,” porque no está basado en lo que yo hago, sino en lo que Cristo ha hecho—. Debería producir gratitud: mientras nuestro canto nos hace cada vez más conscientes de quién es Cristo y lo que ha hecho, estaremos agradecidos. Debería producir santidad: un deseo de vivir para Cristo, no solamente de cantar canciones acerca de Él, sino de vivir para su gloria — porque lo hemos llegado a conocer mucho mejor mientras cantamos—. Salimos de aquí diciendo: “yo quiero que otros lo conozcan a Él también” — tal como decía Aníbal ayer, desde el Salmo 67—.
Y hay más efectos del pastoreo de las personas por medio de nuestras canciones. Ahora bien, las canciones no pueden proveer todo lo que nuestra gente necesita, pero no les demos a nuestras canciones menos de lo que sí pueden dar, por la gracia de Dios.
Padre, te damos gracias por este tiempo. ¿Podrías ayudarnos a ver el canto de una manera diferente? ¿Podrías ayudarnos a verlo como una manera de cuidar las almas de las personas, como una manera en que tú cuidas de nosotros? Que Cristo sea glorificado en todo lo que hacemos, y que tu iglesia sea edificada. Te lo pedimos todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús. Amén.
Preguntas y respuestas
Pregunta 1: Como pastor, ¿qué tan profundamente involucrado debo estar en las canciones, en la letra, y en cómo dirige la orquesta y todo eso?
Bob: Excelente pregunta. El pastor no tiene que escoger a fuerzas las canciones; el pastor no necesariamente tiene que planear la reunión. Pero el pastor tiene que saber que las canciones que se están cantando, y las cosas que se están haciendo en la reunión, son la mejor manera de cuidar las almas de su congregación. Algunos pastores planean junto con su músico principal o con el líder de alabanza — yo planeo con otros hombres, y luego eso se lo presento al resto de los pastores; nosotros tenemos ocho pastores—. Pero si eres el único pastor, podrías decirle a alguien: “dame las canciones que estás pensando, y los pasajes bíblicos, para el miércoles” —no el domingo—. Necesito verlas para saber que esto realmente le va a servir a la iglesia.
Yo estoy muy agradecido de que mi pastor, C. J., siempre está preguntando por la letra de las canciones. Justo hoy me mandó un correo preguntando por las canciones de este domingo — yo ya se las había mandado, pero nunca las revisa cuando se las envío—. “¿Cuál es la última canción?”, me preguntó, y luego: “mándame la letra de esta otra canción.” Así que él está muy involucrado. Tú deberías estar muy involucrado.
Pregunta 2: Yo acabo de ser ordenado como pastor de la iglesia — durante siete años estuvo otro pastor, y ahora que se hizo la transición, en mi corazón está también hacer una transición musical, hacia canciones que sean más bíblicas. ¿Cómo podría hacer esa transición sin cambiar al líder de alabanza?
Bob: Esta es una pregunta muy común, y muy buena, porque las iglesias no deben quedarse estáticas. Tienes la bendición de ser un pastor nuevo, así que al menos hay una razón por la que podrías cambiar las cosas — pero aun si un pastor lleva diez años, siempre deberíamos estar preguntándonos cómo podemos mejorar nuestras reuniones—.
Así que, primero, siempre empieza orando, para que tengas el corazón de Dios para tu iglesia — porque es muy fácil, cuando quieres hacer cambios, irritarte o volverte orgulloso: “no saben ni lo que están haciendo, yo tengo la verdad.” Ora por humildad y por amor. Enseña por qué quieres hacer los cambios, y hazlos poco a poco, lentamente. Busca cambiar las cosas teológicamente antes de cambiarlas metodológicamente.
Digamos que quieres quitar los anuncios de en medio de la reunión — o algo más difícil: quieres retirar todo el catálogo de canciones y empezar a cantar puras nuevas—. No hagas eso. Una cosa a la vez. Empieza a enfocar la atención de las personas en lo que están cantando, porque muchas veces a la gente le gustan las canciones nomás porque les gustan, no necesariamente por lo que dicen. Yo pasaría mucho más tiempo tratando de atraer la atención de las personas a lo que dicen las canciones — incluso una canción que estés pensando dejar de cantar el próximo año—. Apunta a la gente hacia lo que dice esa letra, para que cuando llegue el momento de presentar una canción que dice más, o que lo dice mejor, puedan hacer la conexión: “esa canción dice algo, pero esta lo dice mucho mejor.” Así estás entrenando sus deseos, sus preferencias.
Y algunas personas van a resistirse hasta morir — no importa lo que les digas, lo que les enseñes, no van a cambiar—. No te preocupes por ellos. Si el Espíritu de Dios está en tu gente, ¿acaso no queremos que contemplen la gloria de Dios en el rostro de Cristo? Eso es lo que tú quieres hacer, así que Dios está de tu lado, mientras seas humilde — pero si eres orgulloso, Él no va a estar contigo de esa manera—. No seamos orgullosos.
Pregunta 3: ¿Qué tan importante es el testimonio del autor de la canción? Por ejemplo, Hillsong.
Bob: Ah, nunca me habían hecho esa pregunta. La categoría que creo que es la más importante es la edificación — es lo que Pablo enfatiza en 1 Corintios 14: ¿podemos cantar esta canción y que sea edificante para mi iglesia?
Déjenme usar un ejemplo personal. Conozco a algunas de las personas de Hillsong, he tomado café con ellos, he tenido conversaciones con ellos: aman a Cristo, conocen a Cristo. Los sermones de Hillsong no son tan buenos, y pueden enseñar mala teología. En mi iglesia puedo cantar una canción como “Man of Sorrows” (“Aquella Cruz,” que cantamos aquí) y nadie en mi iglesia piensa “uf, Hillsong” — nadie—. Si la gente sí está pensando eso, tienes dos opciones: una es decir “nuestra congregación no puede cantar nada de Hillsong”; la otra es decirles “esta canción contiene verdades que son de beneficio para nuestras almas — no todos en Hillsong son herejes, hay seguidores sinceros y genuinos de Cristo ahí. Dios usa, como dice alguien por ahí, palos torcidos para dibujar líneas derechas” — esa frase no es mía, es una cita de alguien más—.
Así que creo que la pregunta más importante es: ¿qué es lo que quiere tu iglesia, tu gente? ¿Qué es lo que desean? Nosotros no tenemos una regla en nuestra iglesia de que no vamos a cantar ciertas canciones de ciertas personas. Pero, en casi cualquier instancia, puedo encontrar una canción que diga las cosas mejor que otra, o de manera menos emocionalmente exagerada. Y, con el tiempo, las canciones pierden su conexión con la fuente, con el autor: cantamos himnos de personas que al final no vivieron las mejores vidas, pero son edificantes porque nadie está pensando en eso.
Lo que no queremos es enorgullecernos del hecho de que no cantamos canciones de ciertos grupos.
Nota sobre esta transcripción
Transcrita del audio de la conferencia Fieles 26 (whisper). Es un taller (breakout), no una charla plenaria, con sección de preguntas y respuestas del público al final. El audio contiene el taller en inglés con interpretación consecutiva al español; esta nota usa la voz del intérprete donde existe, con las citas bíblicas cotejadas contra el texto NBLA real. En un tramo dentro del punto I (sección “alimentamos al rebaño”) la interpretación al español no quedó registrada — esa parte, marcada explícitamente en el cuerpo de la nota, es traducción propia. Sin bucles de Whisper, pero con numerosos tramos de líneas duplicadas 2 a 6 veces por solapamiento de segmentos, todos colapsados a una sola instancia.