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Nota sobre esta transcripción
El taller arranca con «gracias de nuevo por su atención», lo que sugiere que hubo una introducción previa —tal vez presentando a Juan Sánchez y a su esposa Jeanine— que no quedó registrada en el audio disponible.
Gracias de nuevo por su atención, de parte de mi esposa Jeanine, que está conmigo; y de mi parte, gracias por la invitación, Carlos, gracias por estar aquí con nosotros, es un placer.
¿Por qué hablar de este tema, y por qué escribir un libro? Se ve orgulloso escribir un libro sobre cómo criar hijos. La razón por la cual escribimos el libro fue porque el Señor me enseñó mucho de mis debilidades, y en mi experiencia yo pensé que debíamos, por lo menos, tratar de ayudar a otros a evitar los retos y los problemas que nosotros también experimentamos.
Por ejemplo, cuando Jeanine y yo nos casamos, teníamos un mal pensamiento sobre los hijos; éramos muy egoístas, íbamos a esperar por lo menos dos años antes de tener hijos, para disfrutar nuestras vidas en el matrimonio —y no hay nada malo necesariamente en eso, el problema era un problema de corazón, no un problema de plan—. Y el problema era que, como éramos jóvenes y nadie nos había discipulado, estábamos pensando de una manera egoísta; y a los seis meses de casados, Jeanine salió embarazada, y eso cambió nuestro plan. Nosotros siempre hemos tenido un plan, y Dios tiene un plan mejor.
Pero lo que pasó fue que, en ese entonces, yo tenía un mal entendimiento: ya yo estaba siguiendo un camino del ministerio pastoral, pero yo estaba pensando que yo me involucro y yo invierto en el ministerio pastoral, y Jeanine se involucra e invierte en nuestros hijos; había una separación en mi mente acerca de cómo criar hijos. Y Jeanine, que es una mujer muy piadosa, oró por mí; ella no se quejó, no me criticó, pero oró por mí por seis años —quiero enfatizar que oró por mí por seis años—. Yo era un marido fiel, yo amaba a mis hijas, pero yo no estaba dirigiendo en nuestro hogar, no estaba instruyendo en nuestro hogar. Y Jen me invitó a ir a una conferencia para padres, de cómo criar hijos; y en ese entonces el pastor que estaba enseñando usó la Biblia, y empezó a enseñar el patrón de Dios acerca de padres para sus hijos, criando hijos, de una manera que el Espíritu Santo me convenció, y tuve que pedir perdón a Dios mismo y a mi esposa, porque yo estaba negando mi rol y mis responsabilidades en mi hogar.
Y en mi ministerio pastoral he visto que no era una cosa única: hay muchos hombres que son fieles y son piadosos, pero no están dirigiendo en su hogar, no están dando dirección espiritual en sus familias. Y en la providencia del Señor, él puso diferentes personas en nuestras vidas, aun antes de que tuviéramos hijos: una pareja —él era policía, y su esposa tenían tres hijas— antes de nosotros tener hijos, el Señor puso esa pareja en nuestra vida, y nosotros cada domingo por la noche íbamos a su casa, y el Señor nos estaba enseñando, por su modelo, por su ejemplo, cómo padres crían a sus hijas. Un día nos mudamos a otro lugar, y había otra pareja que tenía dos hijos, y ahora nosotros teníamos tres hijas en ese entonces; si estábamos en su hogar en el tiempo de las devociones de la familia, teníamos que quedarnos allá con ellos —no podíamos decir «okay, ahora nos vamos a nuestra casa»; el hermano decía «no, no, no, ustedes van a participar con nosotros»—. Y ellos modelaron para nosotros, nos enseñaron cómo instruir a nuestras hijas.
Por esas razones nosotros empezamos a pensar que, como ahora tenemos cinco hijas que ya están fuera de la casa, y como el Señor en su providencia puso parejas en nuestras vidas, es posible que otros podamos ayudar a otros, como esas parejas, a caminar con otros padres para evitar lo que nosotros experimentamos. Así que yo quiero hablar no como un experto, quiero hablar como alguien que, en ignorancia, trató de criar hijas con la ayuda de mi esposa, que fue una gran ayuda; y por la gracia de Dios, Dios ha hecho una gran obra en mi vida, en nuestras vidas y en nuestras hijas. Así que estamos aquí por la gracia de Dios; yo no tengo una fórmula de «si haces A y B, resulta en C». Todo es por la gracia de Dios: nos humillamos bajo la palabra de Dios, oramos por el poder de Dios, para criar hijos e hijas de Dios que reflejan su gloria. Ese es el propósito. Vamos a orar.
Querido Señor, te damos gloria; tú eres el Dios todopoderoso, y todas las familias en el cielo y en la tierra han recibido su nombre de ti. Tú eres soberano, Señor, y tú tienes un propósito para con nosotros y para los hijos en nuestros hogares. Ayúdanos, Señor, ahora, a entender de tu palabra; ayúdame a mí, Señor. En el nombre de Cristo oramos, amén.
El patrón de Dios para la familia (Génesis 1-2)
Lo que me impactó en aquella conferencia fue que el pastor argumentó, de la Biblia, el rol y la responsabilidad del padre en el hogar; y así es la manera en que mi mente trabaja, mi mente funciona de manera que yo necesito ir a la palabra del Señor, necesito construir la doctrina sobre la Biblia entera para poder entender cómo vivir mi vida. Y eso es lo que quiero hacer primero.
Quiero establecer el patrón de Dios para la familia. En Génesis 1 y 2, Dios establece patrones; es interesante, porque en Génesis 1 y 2 hay mucho que está pasando, Dios está estableciendo unos cuantos patrones, y entonces entra Génesis 3, que ataca esos patrones. Entonces la Biblia se está desarrollando en cómo corregirnos, o llevarnos de vuelta a esos patrones, en el poder del Espíritu Santo, apuntándonos a Cristo. Y la tarea original de Adán es importante para entender.
Vamos a Génesis 1:26 y 28:
26 Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra». 27 Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».
Yo puedo hablar mucho sobre la imagen de Dios, porque me interesa ese tema, pero lo que quiero que veamos es el versículo 28. Brevemente: ¿qué es ser la imagen de Dios? ¿Qué es una imagen en el Antiguo Testamento? Una imagen es una representación física de un dios —Dios prohíbe a su pueblo que hagan imágenes de él mismo o de otros ídolos, pero una imagen usa representación física—; y ahora entendemos la palabra «semejanza»: como el padre es al hijo, el hijo se parece al padre, la hija se parece a la madre, es un parecido. Y lo que Dios ha hecho es crear a la humanidad como su representación física en el mundo —eso no quiere decir que nosotros nos parecemos a Dios físicamente— es decir, que el propósito de Dios desde siempre fue gobernar el cosmos a través de un hijo que refleja su gloria; y Adán y Eva fueron creados como la representación física de Dios para gobernar, para dirigir, para ejercer dominio sobre la tierra. Así que el propósito de Dios era gobernar el mundo a través de Adán y Eva: Dios es el rey, Adán y Eva son los vicerreyes, vamos a decir de esa manera.
Pero, interesantemente, el propósito para Adán y Eva, la misión de Adán y Eva, era reproducir la imagen de Dios en la tierra. Si se recuerdan, el huerto tenía límites, los ríos eran límites, y el propósito era que Adán y Eva tuvieran hijos e hijas. Ahora piensen: ¿qué pasaría si Adán y Eva tienen hijos e hijas, reproducen y multiplican hijos e hijas en el huerto? ¿Qué pasaría si no hay pecado a tiempo? Se llena el huerto de la imagen de Dios, de hijos e hijas; y entonces, ¿qué tienen que hacer? Tienen que añadir al huerto. Y el propósito de Dios era, a través de Adán y Eva, llenar el mundo de su gloria, reproduciendo hijos e hijas de Dios que reflejan su imagen, hasta que el mundo entero fuera del huerto. ¿Entendemos? —eso es sí, eso es no—. Lo digo así porque muchas veces esto es información nueva para muchos. El teólogo Greg Beale argumenta en parte esto en su libro El templo y la misión de la iglesia.
Así que la misión de Adán y Eva era reproducir la imagen de Dios. Ahora fíjense el problema: el problema en Génesis 3 es que entró el pecado. Interesantemente, vemos en Génesis 1 que Dios creó al hombre y a la mujer como su imagen; pero en Génesis 2 se enfoca en la creación de la humanidad, y Adán fue creado primero. Vemos en Génesis 2:15:
15 El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. 16 Y el Señor Dios ordenó al hombre: «De todo árbol del huerto podrás comer, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás».
Interesantemente, podían comer del árbol de la vida, pero no podían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal; es como que Dios estaba diciendo: ustedes necesitan venir a mí para saber lo que es bueno y lo que es malo, tienen que depender de mí, y yo les enseño, tienen que confiar en mí. Pero lo que vemos es que Adán fue puesto en el huerto como líder, como protector del huerto, y Eva fue creada para ayudarlo, su ayuda idónea. Y ahí, como rey y reina del huerto, ellos iban a reproducir la imagen de Dios. Igual —escuchen, por favor, igual, como imagen de Dios—: el hombre no es mejor ser humano que la mujer, la mujer no es de menor valor; los dos, hombre y mujer, iguales al frente de Dios como seres humanos, reflejando la imagen de Dios. Pero en Génesis 2 vemos que tienen roles distintos, y esos roles distintos: Adán es como el líder, y Eva es su ayuda idónea. Eso es lo que llamamos complementarianismo; y es importante entender que, aunque somos iguales como seres humanos, imagen de Dios, tenemos roles distintos.
La ilustración del baile
Es como un baile. No sé si en México los cristianos bailan; hace unos años Jeanine y yo fuimos a un lugar famoso en Austin, Texas, a bailar como bailan los de Texas, el two step. Y fue interesante, porque la mujer que nos estaba enseñando, que no era cristiana —las palabras que salían de su boca me avergonzaban como hombre— interesantemente lo explicó de esta manera: «hombres, ustedes son el líder, y la mujer es la que sigue». Y en el baile, aprendiendo, nos enseñó al hombre a ser líder y a la mujer a seguir; y ella regañaba a los hombres que no estaban liderando bien, y regañaba a las mujeres: «pero síguelo, síguelo». No podemos escapar el patrón de Dios, no podemos escapar el patrón de Dios.
Pero fíjense en la ilustración del baile: porque cuando a Jeanine y a mí nos gusta bailar, cuando nosotros bailamos, no discutimos: «okay, ahora yo voy a ser líder y tú me vas a seguir» —no hay discusión, vamos a bailar—. Y ella viene al lado mío, y empezamos a bailar; ¿y qué está pasando? Yo soy líder, ella me está siguiendo, pero estamos gozando. Ese es el diseño del Señor para el hombre y la mujer en el matrimonio; en el pacto matrimonial es un gozo. Somos iguales ante Dios, pero tenemos distintos roles; y yo estaba fallando en mi rol como líder en mi casa, en mi hogar.
El pecado ataca el patrón (Génesis 3)
Y el Señor me enseñó, interesantemente, eso es lo que ataca Satanás en Génesis 3: Satanás ataca este patrón. ¿A quién le habla primero? A la mujer. ¿Dónde está el hombre? Fíjense, versículo 6 de Génesis 3:
6 Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió. También dio a su marido que estaba con ella, y él comió.
¿Ven el fallo de Adán? Él estaba ahí, él no funcionó como líder, él no la protegió; pasivamente, parece que dejó que la mujer cayera bajo la tentación, aunque él estaba ahí mismo. Interesantemente, vamos a Génesis 3:16, a la maldición a la mujer:
16 A la mujer dijo: «En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos. Con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti».
Fíjense en esa segunda parte de la maldición: «con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti». ¿Qué quiere decir eso? Tenemos casi las mismas palabras en Génesis 4:7, donde Dios le habla a Caín, que está celoso de su hermano Abel:
7 Si haces bien, ¿no serás aceptado? Pero si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo».
Se pierde un poquito en esta traducción, porque en verdad son las mismas palabras en hebreo; y la imagen aquí es que el pecado está como un león —no sé si ustedes han visto esos programas de naturaleza donde el león está ahí para atacar a la cebra— esa es la imagen que tenemos aquí del pecado para Caín, que Dios le pinta a Caín: mira, el pecado está ahí, como un león; es decir, el deseo del pecado, Caín, es para ti, pero tú lo tienes que dominar.
Ahora, importante para entender: esa es una maldición. Hay un malentendido del feminismo secular, que cuando nosotros como cristianos hablamos del hombre y la mujer, y expresamos el complementarianismo, piensan que eso es lo que nosotros esperamos, que el hombre está poniendo a la mujer en su lugar. Hermanos, déjenme decir algo claramente: la Biblia, de Génesis a Apocalipsis, nunca nos manda a nosotros a poner a nuestras esposas en su lugar. Los mandamientos que vemos para la mujer, en Efesios 5:22-24,
22 Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. 24 Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
son para que la mujer voluntariamente se ponga bajo el liderazgo del hombre; pero a nosotros no se nos manda a dominar, nosotros amamos como Cristo. Pero esta es la maldición: es como Dios diciéndole a Eva —y Dios hace esto muchas veces, ¿no?— cuando nosotros pecamos, una de las maneras en que Dios nos disciplina es diciendo: mira, eso es lo que tú quieres, en verdad eso es lo que tú quieres. ¿No se recuerdan la historia de Israel, que saliendo de Egipto se quejaban de que no tenían carne? Entonces es como que Dios dice: «ustedes quieren carne, les voy a dar carne hasta que les salga por las narices». Así mismo dice la palabra de Dios; y yo creo que Dios está diciendo algo similar a Eva: mira, Eva, tú quieres estar en control, en verdad eso es lo que tú quieres; tu deseo va a ser para tu marido, y la respuesta pecaminosa de tu marido va a ser que él va a tratar de dominarte.
Hermanos y hermanas, esto es lo que vemos diariamente en muchos matrimonios: esta lucha por el control, la mujer tratando de dominar y de controlar, y el hombre tratando de dominar y de controlar; y ahí vemos el pecado, ahí vemos la maldición que se puede ver. Ahora, diferentes cosas pasan por el pecado: por ejemplo, vemos en Génesis 3:6 que Adán fue pasivo; es posible que haya una mujer que controla y que domina, y el hombre es pasivo. ¿O es posible que haya una mujer piadosa? —y eso es lo que yo he visto en muchos casos, en el caso mío con mi esposa— una mujer piadosa que anhela que su marido sea líder. Y es posible que veamos hombres, maridos, que dominan, que son duros con sus esposas, lamentablemente abusadores, y las mujeres están ahí recibiendo eso. Hermanos, nunca, nunca, como cristianos, debemos reflejar la maldición de Génesis 3:16; necesitamos pedir ayuda del Señor.
Yo veo en Proverbios, por lo menos, dos maneras en que las mujeres tratan de controlar a sus maridos: una manera es la sexualidad —los Proverbios advierten contra las mujeres que con su sexualidad tratan de controlar a los hombres—; otra manera que vemos en Proverbios es a través de la queja o la crítica, a través de palabras. Hay una imagen en los Proverbios de la mujer como el agua que se está cayendo, ¿verdad? Y hay personas que piensan que el problema es que el agua está saliendo, por ejemplo, de la cocina, y está ahí como drip, drip, drip, y no nos gusta. Pero esa no es la imagen de los Proverbios; la imagen de los Proverbios es que el agua está cayendo del techo, y está cayendo allá arriba, y no se nota por un tiempo, y está haciendo daño, y más y más daño, hasta que se derrumba el techo entero. Y hermanas, quiero animarlas: es posible que ustedes estén tratando de animar a sus maridos, pero si lo que los hombres escuchan es queja y crítica, y crítica y queja, llegan a ese lugar donde piensan «pero es que no puedo hacer nada bien»; es un desánimo que destruye al hombre. Hermanos, quiero que me escuchen muy bien ahora: cuando nuestras esposas se quejan y a veces nos critican, yo quiero que podamos escuchar que ellas son nuestra ayuda, y están tratando de ayudarnos; y es posible que no lo estén comunicando de la mejor manera, pero por favor escúchenla, para poder entender qué es lo que ella necesita de mí. Y los dos necesitamos aprender a bailar de nuevo.
Y eso es lo que hace el evangelio: el evangelio corrige la maldición, el evangelio nos lleva de vuelta al patrón de Génesis 2: la mujer sometiéndose voluntariamente bajo el liderazgo del hombre, el hombre dirigiendo el hogar como Jesús ama a su esposa; y ese baile de amor en el que la mujer se siente segura para venir bajo ese liderazgo, esa es la meta y la imagen que queremos lograr por el Espíritu Santo. Recuérdense, en Efesios capítulo 5 —ya Mark habló de esto— el propósito es la llenura del Espíritu Santo, y los roles están bajo la llenura del Espíritu Santo; y una de las maneras en que damos evidencia de que somos llenos del Espíritu Santo es que las mujeres voluntariamente se someten al liderazgo de sus maridos, y nosotros, como maridos, amamos a nuestras esposas como Cristo ama a su esposa. Así que no podemos hacer lo que necesitamos hacer afuera de la gracia de Dios: un nuevo corazón que viene a través de la obra de Cristo y el Espíritu Santo en nosotros. Así que necesitamos orar y pedir ayuda. El hogar dirigido por los padres es un hogar donde nos humillamos bajo la palabra de Dios, anhelamos la llenura del Espíritu Santo, y caminamos en fe cumpliendo nuestros roles.
El propósito inmutable: hijos e hijas que reflejan la gloria de Dios
Y el propósito inmutable de Dios es tener hijos e hijas que reflejen su gloria; eso lo vemos en Malaquías 2:15 —pueden leerlo después—, pero este es el patrón. Lo que cambia bajo el nuevo pacto es que la reproducción de hijos e hijas de Dios que reflejan su imagen y su gloria no viene a través de reproducción biológica, viene a través de reproducción espiritual. Y es interesante que esas palabras de Génesis 1:28, «Dios los bendijo y les dijo: sean fecundos y multiplíquense», esas dos palabras se ven en el Nuevo Testamento cumplidas a través del ministerio de la palabra de Dios. Por ejemplo, en Hechos 6:7:
7 Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
En el griego, esas palabras están juntas también en Génesis 1:28; y es interesante que en Hechos 6:7 dice «la palabra de Dios crecía y se multiplicaba en gran manera el número de los discípulos» —y yo creo que esa es una alusión a Génesis 1:28—, que lo que está pasando aquí es que el propósito de Dios no ha cambiado: él quiere hijos e hijas de Dios que reflejen su imagen, que reflejen su gloria; y ahora Dios está creando hijos e hijas de Dios que reflejan su gloria a través del evangelio. Y vemos que Jesús, el marido, con su esposa, la iglesia, está reproduciendo la imagen de Dios a través de la predicación del evangelio, y el Espíritu Santo atendiendo esa predicación; Jesús está reproduciendo hijos e hijas de Dios. ¿Entendemos? Es increíble lo que está pasando.
Ahora, ¿qué tiene que ver esto con nosotros como padres? En la providencia de Dios, él nos ha regalado hijos e hijas en nuestros hogares; y la manera en que nosotros reproducimos hijos e hijas de Dios para su gloria es imposible para nosotros, porque él lo hace de una manera sobrenatural a través de su evangelio. Pero en la providencia de Dios, él nos ha regalado esos niños en nuestros hogares, y nosotros podemos predicar la palabra de Dios a ellos en el contexto de nuestros hogares. Ahora, ¿qué tiene que ver esto con los solteros? En la economía de Dios, bajo el nuevo pacto, no tenemos que estar casados para tener hijos e hijas de Dios, porque Dios está haciendo hijos e hijas para él mismo a través de la predicación de su evangelio; así que la parte de nosotros es predicar este evangelio, el Espíritu atiende su palabra, pero Dios está reproduciendo hijos e hijas de Dios. El propósito es igual: Dios está reproduciendo hijos e hijas de Dios que reflejen su imagen, hasta que el mundo entero esté lleno de su gloria; ese es el propósito de Dios.
Ahora, esa es la parte bíblica y teológica para argumentar lo que Dios está haciendo; y lo que yo quiero decir para animarlos es que Dios nos ha invitado a nosotros a tener parte en este plan eterno, a través de Cristo, para criar hijos e hijas, de manera que estamos instruyéndolos en el evangelio para la gloria de Dios.
Dos patrones equivocados de crianza
El hogar dirigido por los padres es importante, porque muchas veces estamos bajo mucha influencia del mundo. Por ejemplo, en mi cultura, la cultura puertorriqueña, yo estaba solo; mis padres trabajaban fuertemente, yo iba a la escuela, venía de la escuela en un bus, llegaba de la escuela, me montaba en mi bicicleta, manejaba dos o tres millas hasta el lago, jugábamos con nuestros amigos; no teníamos mucha dirección de nuestros padres, nos estábamos criando nosotros mismos. Ellos eran buenos padres —nunca dudamos que nos amaban— no eran cristianos, estaban tratando de trabajar fuerte para proveer para nosotros, pero nosotros estábamos solos. Y muchas veces es posible que caigamos en situaciones iguales; por ejemplo, lo que yo he visto en mi cultura, y en otras ocasiones, es el hogar centrado en el hijo.
Piensen en un rectángulo, con el tiempo —de cero a dieciocho años— corriendo a lo largo, y dos variables: la dirección de los padres, y la responsabilidad y libertad que le damos al hijo. En el «hogar centrado en el niño», lo que pasa es que cuando nuestros niños nacen y son muy pequeños, les damos mucha libertad y mucha responsabilidad; se crecen en nuestros hogares y no nos respetan, y por falta de respeto dicen «no» —y nos reímos— y dicen «no, yo no quiero ese traje, quiero otro traje, no quiero esa camisa, quiero otra»; y tienen tanta libertad. Y lo que pasa —de cero a dieciocho años— es que aquí le damos mucha libertad: ese es un hogar centrado en el niño, le damos mucha responsabilidad y mucha libertad. Y lo que pasa es que, como a los trece, catorce, quince años, ya no nos gustan las decisiones que están tomando; ¿y qué es lo que estamos haciendo? Recuérdense la línea: le estamos quitando más y más libertad, les estamos quitando más y más responsabilidad, hasta que, cuando ya tienen diecisiete, dieciocho años, es como que estamos tratando de amarrarlos con una soga. Lo que ha pasado es que le dimos mucha libertad y responsabilidad al principio, y con el tiempo se la vamos quitando cada vez más; y lo que pasa es que no hay mucha dirección de los padres al principio, y hay más y más después. Y lo que pasa en nuestros hogares es una lucha entre nosotros y nuestros hijos.
El segundo patrón equivocado es el «hogar democrático», donde vamos a votar por todo —recuérdense que yo tengo cinco hijas, yo nunca voy a ganar un voto, ya perdí cuando me casé con una mujer—.
Pero ahora, ¿qué pasa si dibujamos la línea al revés? Aquí hay mucha dirección de los padres al principio, y lo que pienso que debe pasar es que, cuando los niños son más pequeños, deben ser dirigidos fuertemente —y no digo fuertemente como duro, pero sus vidas deben ser dirigidas por nosotros; ellos no saben ni lo que necesitan—. Pero fíjense lo que pasa cuando van creciendo en nuestros hogares: no les estamos quitando responsabilidad, les estamos dando más y más responsabilidad; lo que estamos haciendo es quitando más y más dirección nuestra. Y la manera en que debemos tratar de criar a nuestros hijos es de manera que, cuando somos responsables por ellos, por todas sus necesidades, les vamos enseñando a tomar responsabilidades, y las más responsabilidades que les podemos dar. Y hay un cambio que pasa en nuestros hogares: ya la autoridad de nosotros no es una autoridad de mandar —como dice Jonathan Leeman en su libro sobre la autoridad—, se cambia a una autoridad de consejo. Y lo que estamos tratando de hacer es criar a nuestros hijos e hijas de manera que estamos dirigiendo el hogar en todo; pero, cuando van creciendo bajo nuestra autoridad, les estamos enseñando cómo tomar responsabilidad.
Esa es una manera general; recuérdense que, si no son creyentes, lo que más necesitan es un nuevo corazón, el Espíritu Santo. Pero esto no lo puse en el libro, me vino después, y es importante: nosotros funcionamos para nuestros hijos como la ley funcionó para Israel. Ellos necesitaban un nuevo corazón, pero Dios todavía les dio el estándar; y el propósito de mantener el estándar en nuestras casas es funcionar como la ley de Dios con Israel, que les ayuda a enseñar que no pueden obedecer con su propio poder, que necesitan a Cristo y necesitan el poder del Espíritu Santo. Así que el estándar que tratamos de mantener siempre los está apuntando a Cristo; estamos predicando el evangelio, y por eso debemos mantener el estándar.
Instrucción positiva: rutinas, canciones, juegos y lectura
Tengo algunas tareas para ustedes en sus casas, que pueden seguir discutiendo, pero haciendo el trabajo duro ahora: vas a pagar, vas a pagar ahora o vas a pagar después, pero vas a pagar. Parte de lo que pasa es que somos vagos naturalmente, no queremos dirigir; es como que esperamos que nuestros niños adivinen lo que está en nuestras mentes, y lo que hacemos es regañarlos: hace algo malo, lo regañamos; está haciendo mucho ruido, lo regañamos. ¿Pero qué es lo que falta? Que no hemos instruido positivamente cuál es el estándar. Y lo que pasa es que, si dejamos a nuestros niños criarse ellos mismos, vamos a pagar después, cuando estamos tratando de dirigir a los de catorce, quince, dieciséis años.
Ahora piensen esto —es una tarea—: ¿cuáles son algunas áreas con las que tienes dificultades como padre? La esposa debe tener un tiempo sola, orar, pedir la ayuda del Espíritu Santo, a ver cuáles son algunas áreas en las que ella tiene dificultades como madre; y, hermano, tú debes hacer lo mismo: ¿cuáles son algunas dificultades que tienes como padre? Entonces júntense a hablar y compartir esas listas, y a ver cuáles son las dificultades que tú ves, cuáles son las dificultades que tú puedes ver, y cuáles son algunos de los obstáculos para abordar estas luchas. De esa manera, juntos, bajo oración, pueden empezar a identificar y aprender el uno del otro cuáles son las necesidades que ustedes ven. Estos son consejos nada más, de la misma manera que Mike nos ayudó a entender la disciplina a través de la palabra de Dios; también ser padres es una disciplina, y yo creo que, en parte, muchas veces no lo hacemos porque no queremos establecer estas disciplinas. Y yo entiendo que cada hogar y cada pareja es diferente y distinta, hermanos; así que este consejo es un consejo general, pero es algo que hemos aprendido en nuestras vidas. Y recuérdense que nosotros no podemos reproducir cristianos de nuestros hijos, no tenemos el poder de cambiar corazones, pero podemos funcionar como la ley de Dios en la vida de ellos y apuntarlos a Cristo.
Hemos visto, en nuestra experiencia, que hay algunas cosas que ayudaron a nuestras hijas, y una de las más sencillas era establecer una rutina. Ritmos y rutinas son importantes para todos nosotros; interesantemente, los niños requieren orden. Una de las razones por las que los niños se comportan mal es porque no saben qué es lo que se espera de ellos; por ejemplo, si tú estás con tus hijos, visitando una familia, y es tiempo de irte, y dices «okay, vámonos, niños», y entonces empiezan a llorar, «no, no nos queremos ir», ¿qué es lo que está pasando? No los has preparado para lo que va a pasar. Así que se requiere instrucción: a ellos les gusta saber qué es lo que se espera de ellos, y qué es lo que viene después —pero es igual para nosotros también, ¿verdad? Yo no quiero ser sorprendido; le digo a mi esposa, yo quiero saber lo que tú necesitas de mí. Si yo tengo en mi mente que el sábado por la mañana voy a jugar ráquetbol, por ejemplo, y me preparo, tengo todo mi equipo, y estoy listo para salir, y Jeanine dice «mira, yo necesito que hagas esto mañana», ¿qué va a pasar? Un conflicto, ¿verdad? Porque yo, en mi mente, estaba jugando, y ella necesita que haga la lista del sábado—. Es parte de la comunicación, y la rutina nos ayuda a establecer, para nuestros hijos, qué es lo que ellos deben esperar de nosotros.
Por ejemplo, una de las cosas que encontramos que ayudaba a nuestras hijas era que ellas sabían cuál era la hora en que nos íbamos a acostar; entendían la rutina por la noche, y lo que íbamos a hacer; teníamos una rutina, y nunca se sorprendían, y si cambiaba la rutina, entonces hablábamos de eso, las preparábamos para eso. Pero ellas sabían. Yo he visto parejas en las que cada noche es una sorpresa: «¿qué vamos a hacer esta noche? No sé; si los niños se acuestan temprano, podemos hacer esto, pero si no, no sabemos qué va a pasar». Pero una rutina es bueno para ellos, y es bueno para nosotros también. Las horas de comida: encontramos que era algo bueno tener un tiempo para sentarnos y, como ustedes dicen, platicar juntos —nosotros nada más hablamos, no somos tan finos que platicamos— pero ese tiempo era un tiempo bien bonito; y por la mañana desayunábamos juntos, y el desayuno era sencillo, pero ese era el tiempo de nosotros leer la Biblia juntos y tener un tiempo de oración sencilla, nada más «¿cómo podemos orar unos por otros en este día?», y era algo sencillo, no complicado. También darles dirección en el tiempo libre, tener tiempo libre en el horario, era bueno para ellos —la nieta menor de nosotros, que vive en Fort Worth, Texas, mi hija le ha enseñado a su hija, que es la única que ellas tienen ahora, cómo entretenerse sola— y es algo importante para nuestros hijos, entender cómo tener un tiempo libre; y esto es de gran ayuda también.
Pero, más importante, quiero enseñar que lo que debemos hacer es instruir positivamente, porque muchas veces regañamos, y nuestros hijos no saben por qué los estamos regañando; necesitamos tomar tiempo para instruir positivamente, instruir lo que esperamos, porque si no, nos volvemos padres amenazantes y repetitivos. Y podemos enseñar a través de la rutina regular —nos levantamos a esta hora, nos sentamos a comer a esta hora, nos acostamos a esta hora, estamos tratando de establecer en ellos alguna disciplina también—; y también es importante enseñar a través de juegos. Por ejemplo, cuando yo venía a la casa después del trabajo, saludaba a Jeanine, y entonces entretenía a las niñas para que ella tuviera un tiempo, porque había estado con las niñas todo el día, y jugábamos un juego: les decía «okay, pónganse en esa pared», y yo me iba a esta otra; el juego era para ir hacia mí, bien sencillo, y les decía «okay, cuando yo diga “vengan”, ustedes pueden venir a mí, y la primera que me toque la mano gana, pero no pueden correr, y tienen que parar cuando yo diga “paren”, y si no paran, tienen que regresar a la pared». Y era un juego que jugábamos como cinco, seis, siete minutos; pero ¿qué estaba pasando? Estábamos entrenándolas a escuchar nuestra voz la primera vez, entrenándolas a escuchar la voz cuando decíamos «paren».
E interesantemente, hubo un día en que estábamos en un estacionamiento bien grande, y había un carro que venía bien rápido, y yo vi a mi segunda hija —que tenía como tres o cuatro años— corriendo hasta donde venía el carro, y le dije: se llama Hope, esperanza, «¡Hope, stop!». Y por la gracia de Dios, habíamos practicado eso, y paró en ese momento. Es una manera nada más de practicar: tenemos que instruir a nuestros hijos, a través de juegos, a obedecer nuestras voces; enseñar a través de la adoración corporativa —muchas de nuestras iglesias tienen programas para los niños, y son buenos programas, espero— pero también vamos a llegar a un lugar donde tenemos que enseñarles cómo nosotros adoramos a nuestro Señor; enseñar a través de canciones —las canciones son muy importantes, podemos enseñar doctrina a través de las canciones, las mentes de nuestros hijos pequeños son como esponjas, ellos reciben y retienen mucho— y también enseñar a través de la instrucción: tener un tiempo de instrucción, enséñenles lo que Dios espera, quién es Dios, el carácter de Dios; enséñenles lo que quieren que hagan y lo que esperan, enséñenles la doctrina del pecado, por qué no obedecen, enséñenles lo que necesitan obedecer, el evangelio, y a Cristo Jesús, y el poder del Espíritu Santo.
Y hay diferentes maneras de hacerlo: ya dije que, cuando desayunábamos, ahí era el tiempo de leer la Biblia juntos y orar juntos; pero por la noche, en la cena, hablábamos de nuestro día, qué aprendimos ese día. Y también leíamos —eso es algo que nosotros aprendimos, es importante impartir a nuestros hijos un amor por la lectura— y esa era mi parte, por la noche, leer cosas como Las crónicas de Narnia, El señor de los anillos, cosas así; por la noche yo leía por un tiempo y ellas escuchaban, y era un tiempo que compartíamos, y hasta ahora ellas se recuerdan de ese tiempo que teníamos juntos. Pero también, cuando íbamos a llevarlas a sus cuartos para dormir, ahí también leíamos libros de la Biblia —en inglés se llaman board books, esos libros muy sencillos—; tenemos que tener cuidado, hay muchos libros de niños que lo único que hacen es enseñar moralismo, pero tenemos que enseñarles quién es Dios, y preguntar las preguntas que tengan, al nivel que puedan entender.
La disciplina correctiva
De esas diferentes maneras debemos instruir positivamente; pero también se requiere la disciplina correctiva. La disciplina correctiva —estudien los Proverbios, nos enseñan diferentes maneras de disciplinar, no es nada más pegar o no pegar, hay muchas maneras en que podemos corregir a nuestros hijos—. Interesantemente, cuando hablamos de disciplina, muchas veces lo hacemos enojados; nunca debemos corregir desde un lugar de ira. Lo que está pasando en la disciplina correctiva en nuestros hogares es muy similar a lo que está pasando en la disciplina en la iglesia: el propósito de la disciplina es un programa de rescate, un programa en el que estamos tratando de enseñar que es mejor estar bajo nuestra disciplina ahora, y no quedarse bajo la disciplina de Dios en el último día.
Interesantemente, el tema teológico-bíblico de la disciplina es el tema del exilio; eso fue lo que pasó en Génesis 3, ¿verdad? Cuando Adán y Eva no obedecieron, Dios les dio las maldiciones, pero también los sacó del lugar de su presencia, para bendición. Eso fue lo mismo que hizo con Israel: los sacó cuando rompieron el pacto, los sacó del lugar de su presencia, para bendición. Eso es lo que está pasando en la disciplina en la iglesia: estamos sacando a alguien fuera de la presencia de Dios para bendición, fuera del compañerismo de la iglesia. Y lo que estamos haciendo en la disciplina correctiva es tratar de ayudar a nuestros hijos enseñándoles el evangelio: si tú sigues en un camino de desobediencia, Dios te va a sacar de su lugar, de su presencia para bendición, y te va a poner en el lugar de su presencia para maldición. Y es un proceso en el que estamos enseñando el evangelio ahora. Tenemos que practicar la disciplina correctiva con amor, con paciencia; es un proceso en el que estamos enseñando el evangelio, y cuando terminamos ese proceso, también tenemos que enseñar el arrepentimiento y la reconciliación, que recibimos a nuestros hijos con el amor de Dios que él tiene para con nosotros.
Cierre: una obra imposible, y una guerra espiritual
¿Entendemos, hermanos y hermanas? Ahora, para terminar: de lo que estamos hablando es de una obra imposible en el poder de nosotros, y en verdad es una guerra espiritual. Porque cuando los niños están creciendo, y están afuera en el mundo, en la escuela, o tienen teléfonos —que son supercomputadoras de ese tamaño, por donde el mundo está entrando— están escuchando diferentes voces, y lo que nosotros estamos tratando de hacer es que escuchen la voz de Dios: cómo Dios ama a su pueblo, que envió a su Hijo, que el Hijo de Dios es el hermano mayor de nosotros que vino a rescatar al hermano pródigo, para traernos de vuelta a la presencia de Dios. Y eso es lo que vemos en Apocalipsis 21 y 22: que Dios tiene un plan de gobernar los cosmos a través de un Hijo que refleja su imagen, y que trae a su pueblo de vuelta a su presencia. Y vemos que ese Hijo, que es la imagen verdadera de Dios, es Cristo Jesús; él es el Hijo de Dios que representa perfectamente el gobierno de Dios, la autoridad de Dios, y él nos vino a rescatar para traernos de vuelta a la presencia de Dios.
Y Jesús, a través del evangelio, está reproduciendo hijos e hijas de Dios que reflejan su imagen; y nosotros, en la providencia de Dios, somos parte del plan de Dios para cumplir esa meta. Así que, hermanos, anímense unos a otros; recuérdense que están haciendo una obra imposible, y dejen que eso los lleve a orar, a pedir la ayuda del Señor, y a ayudarse unos a otros. Ustedes que ya están más adelante en la crianza de hijos, busquen a los que están empezando, y tráiganlos con ustedes; ustedes que están empezando en la crianza de los hijos, busquen a otros que ya están adelantados en su camino, y pidan ayuda. De esa manera, juntamente, estamos criando hijos e hijas de Dios para la gloria de Dios. Amén. Vamos a orar.