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A diferencia de las demás charlas de la conferencia, esta fue el Panel 1, un panel moderado y no un sermón de un solo predicador. Carlos Contreras modera y pregunta; Jeff Purswell responde la mayor parte del panel (se identifica por contexto: menciona directamente «el mensaje que voy a dar el viernes», que corresponde a su charla «El celo del pastor»). Abelardo Muñoz aparece mencionado dentro de una anécdota de Purswell, y todo indica que es quien hace la última pregunta del panel («hay muchos pastores jóvenes que los están viendo a ustedes dos, pelo blanco…»), dirigida a los dos panelistas de más edad. La transcripción no trae diarización, así que la atribución de cada intervención se hizo por el contexto del propio audio.
Contreras: La razón por la que le pedí a Jeff que compartiera este mensaje —¿por qué no usas el micrófono?— es exactamente porque este mensaje lo he escuchado yo casi por tres décadas; no este mensaje específico, pero el mensaje de «cuida tu vida». Así que quisiera, aunque también es él el director ejecutivo, contarnos… la pregunta es esta.
Las siete virtudes de Gracia Soberana: fruto, no especialidad
Purswell: Es una de nuestras virtudes en Gracia Soberana. Nosotros, como familia de iglesias, hemos elevado a todas esas virtudes —humildad, gratitud, generosidad, gozo, servicio, aliento y piedad— en nuestra familia de iglesias tenemos lo que se conoce como los siete valores compartidos, y esos valores son para ayudarle a las personas de fuera de Gracia Soberana a que nos entiendan y puedan interactuar con nosotros. Esos valores también nos definen: cosas como, por ejemplo, predicación centrada en el evangelio, teología reformada —y ahí nos referimos a una cosmovisión de cómo vemos a Dios en el centro— y también creemos en la continuidad de los dones del Espíritu; eso está ahí para que la gente entienda quiénes somos, no porque los dones sean lo más importante de la neumatología o de la eclesiología. Somos gobernados por ancianos, o pastores. Así que tenemos estos valores compartidos que nos definen y le ayudan a las personas a entendernos.
Pero un grupo de pastores dentro de Gracia Soberana vino y nos dijo: estos valores son muy buenas cosas que creemos, nos unen, nos enlazan, pero esos valores, como que no capturan en su totalidad la vida que uno experimenta cuando entras a una iglesia de Gracia Soberana. Y debido a que, por la gracia de Dios, queremos construir de una manera intencional y consistente a lo largo de todas nuestras iglesias, construimos de una manera muy intencional teológicamente, pero también siendo intencionales en aplicar esa teología a nuestras vidas, con el evangelio en el centro de esa teología. Y cuando tú haces eso, produce cosas en común que tienen todos los pastores; y nos decían: ¿y qué acerca de esas cosas que yo experimenté cuando llegué por primera vez a Gracia Soberana? Y fue que identificamos esas siete virtudes como algo bastante consistente entre todas nuestras iglesias. Pero el propósito de esas virtudes no es algo en lo que nos especializamos, o algo que hemos logrado: esas virtudes son el fruto que se produce cuando el evangelio es consistentemente aplicado. Y entonces hay muchísimas iglesias que no son de Gracia Soberana, pero que van a tener las mismas virtudes si están aplicando el evangelio en sus vidas.
Esas virtudes: la generosidad, cuando te das cuenta de que Dios ha sido extravagantemente generoso contigo cuando tú no merecías nada, eso va a producir generosidad en ti. Cuando recibiste tanto de Dios, cuando lo único que merecías era ira, eso te va a hacer agradecido. Cuando sabes que tu vida ha sido transformada, y ahora tienes el privilegio de contribuir a los propósitos de Dios —y servimos a un Salvador que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos— eso produce servicio en ti; el servicio cristiano no es activismo, ni simplemente estar muy ocupados, es gente que ha recibido vida de Cristo y que quiere dar su vida sirviendo a otros.
También, entonces, la piedad es el propósito para el cual somos salvos. Somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios, pero también somos transformados por el Espíritu, y típicamente usamos esa palabra para hablar de nuestro crecimiento progresivo en santidad, que es una doctrina bíblica muy importante; pero cuando la Biblia usa ese término, «santificación», no siempre habla de nuestra santificación progresiva, sino del hecho de que Dios inicialmente nos apartó para él y para sus propósitos. Cuando tú eres salvo, eres dado a Dios, eres comprado —Cristo te compra para Dios— y eres apartado para sus propósitos, para conocerlo y traerle gloria. Y eso inicia un proceso de crecer cada vez más, por el poder del Espíritu, en ser cada vez más como Cristo; si tú realmente creíste en el evangelio y recibiste el evangelio, entonces va a ocurrir crecimiento en ti en piedad. Así que la piedad tiene que caracterizar a la vida cristiana, la búsqueda de la santidad tiene que caracterizar la vida cristiana, porque el que nos salvó, y el que habita en nosotros, él mismo es santo.
El indicativo y el imperativo
Contreras: Y eso era lo que quería que sacaras, porque la pregunta que quiero introducir —sé que tal vez Mike ahorita en la noche va a tocar algo de ello— es esta tensión que hay entre la seguridad que tenemos de que Aquel que nos compró nos va a justificar indudablemente, pero también nos va a santificar indudablemente. Pero entonces, ¿cómo se concilia eso con la responsabilidad que tenemos de buscar crecer en piedad de manera activa? Ahorita leí primera de Timoteo 4, donde habla de «disciplínate para…».
Purswell: Esa es una de las tensiones en la vida cristiana; lo voy a poner así: la Biblia está llena de mandamientos, el Nuevo Testamento está lleno de imperativos para los cristianos, cosas a las que Dios nos llama a hacer y debemos obedecer —y tú vas a hablar de la obediencia— pero cada uno de esos imperativos está fundamentado en algo que llamamos indicativos. Esa es la estructura de la ética del Nuevo Testamento, y gente ha hablado de esto por cien años: el indicativo y el imperativo. Dios declara cosas que son ciertas, cosas que él ya ha hecho, cosas que ha hecho en nuestras vidas; y luego, sobre la base de lo que él ya ha hecho, y la provisión de gracia que viene por lo que él ya ha hecho, entonces se nos llama a vivir conforme a lo que él ya ha hecho.
Cuando nos convertimos, se nos da un corazón nuevo, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros; pero nuestra redención aún no está completa. Nuestra justificación es decisiva —la declaración escatológica de Dios, la que va a ser al final de los tiempos, se adelanta y nos dice que ya somos salvos, somos de él; no es asombroso eso—, aunque nuestro estatus legal delante de Dios está resuelto para siempre si realmente somos cristianos, nuestra redención aún no está completa: vivimos todavía en cuerpos afectados por el pecado, tenemos mentes que han estado pensando cosas pecaminosas por mucho tiempo, Satanás quiere tentarnos, y todavía tenemos lo que la Biblia le llama «nuestra carne», que es lo que éramos antes; todavía tenemos algunos de esos deseos y podemos ir detrás de ellos. Por eso la Biblia dice, en Gálatas 5:
16 Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne.
Camina de acuerdo al Espíritu, que tu vida sea controlada por el Espíritu, porque ya se te dio una nueva naturaleza, el Espíritu Santo mora en ti, el Espíritu Santo está obrando en ti; así que, en tu manera de pensar y en tu manera de vivir, déjate llevar y controlar ahora por el poder del Espíritu Santo que vive en ti. Esa es la naturaleza de la vida cristiana. Ahora, los teólogos le llaman a esto «todavía no»: ya somos salvos, ya conocemos a Dios, ya tenemos al Espíritu Santo, pero no tenemos el efecto total de nuestra salvación, que incluye cuerpos resucitados y la remoción de todas nuestras tentaciones y de nuestras inclinaciones al pecado —la remoción de esas tentaciones internas, y la remoción de las tentaciones externas de Satanás y de este sistema mundial—.
He oído que esto lo explicó John Piper con esta idea de la obediencia: tiene una frase Piper que dice «actúa el milagro», porque ahí Piper está capturando tanto el indicativo como el imperativo: Dios ya hizo esto en ti, el Espíritu está ahí en ti, el Espíritu se está transformando cada vez más a la imagen de Cristo; así que ahí tienes todo ese poder, nada más enciéndelo, obedeciendo. Piper no usa esta imagen de «encenderlo», pero eso es lo que está diciendo: el poder está ahí, la gracia está ahí, el llamado está ahí; así que obedece, disfruta esa gracia y ese poder que está ahí, guardándote, para poder vivir una vida que honra a Cristo y que a ti te trae gozo.
Contreras: ¿Otra cosa es posible para nosotros? Desobedecer.
Purswell: Claro, y cuando lo hacemos, ¿somos realmente cristianos? No perdemos nuestra salvación; los indicativos del evangelio siguen siendo verdad acerca de ti, porque ya has sido revestido con la justicia de Cristo, adoptado en la familia de Dios. Pero podemos actuar de una manera que le causa tristeza al Espíritu Santo. Y lo que es impactante acerca de esto es que podemos desobedecer a Dios, pero no sin que haya algunas consecuencias para nuestra vida: perdemos ese sentido de su presencia, de su favor. Hay consecuencias en nuestras vidas y en nuestras relaciones por causa de nuestro pecado; si podemos desobedecer, podemos caminar de acuerdo a la carne, pero los que realmente son de Cristo no vamos a persistir en esa situación: Dios, con gracia, nos va a redargüir, ya sea en el corazón, o por medio de la palabra, o las palabras de un amigo, o tal vez por medio de la disciplina de su iglesia a través del equipo pastoral; pero Dios va a obrar para traer de nuevo a sí mismo a los que son de él.
¿Qué le pasó a los pastores que caen?
Contreras: Quiero hacer esta pregunta, que va a sonar un poco obvia, así como «¿por qué me haces esta pregunta, todo lo que has dicho ha sido muy obvio?». Pero tú mencionaste que pudieras traer o presentar a alguien que ha sufrido el descalabro, la desilusión de un pastor —o sea, falta de piedad—. La pregunta es: ¿qué le pasó a esos pastores? Obviamente la respuesta puede ser obvia, pero ayúdanos a ver los peligros, dónde empezó esa caída, cómo fue que un pastor puede ser llevado a algo así; no de mañana a la noche, y de alguna forma no queremos caminar con temor de que podamos nosotros también caer en eso, pero sí tener esa sospecha de nosotros mismos que a lo mejor he visto yo en muchos hombres. Entonces la pregunta es: ¿por qué estos hombres?, ¿qué los llevó?, ¿cómo sucede eso?
Purswell: Déjame decir esto primero: yo he hecho cosas que han ofendido y que han afectado a personas; no estoy hablando con autojustificación. Cuando decimos esto, hay un espectro muy amplio de casos: a veces pueden ser errores que se cometen con buenas intenciones, que brotaron de corazones que, aunque tenían buenas intenciones, también brotaron de corazones en los que había ambición o autojustificación; o en las áreas de inmoralidad sexual o de mal manejo de las finanzas, cosas escandalosas, y esas son obvias.
Y ahora, pensando en el mensaje que voy a dar el viernes, voy a mencionar esto: Richard Baxter —el puritano que ya cité— dice que las apostasías siempre tienen inicios pequeños. Cuando leemos un artículo, un blog, de un pastor famoso que de repente cayó de su ministerio, todos pensamos: «pero, ¿cómo pudo él hacer eso?». Lo que la mayoría de la gente no piensa es dónde empezó eso, porque en algún lugar hubo un comienzo pequeño; nadie que realmente teme a Dios, o que está buscando crecer en Dios, dice de un día para otro «voy a explotar con pecado». Por eso hablamos de tener cuidado de nuestras propias vidas: para ponerle atención a esas pequeñas cosas y que no se arraiguen en nuestras vidas, no permitir que un pecado se convierta en un hábito, o que un patrón de pensamientos progrese y se vuelva algo mucho más serio. Tengan mucho cuidado cuando ustedes piensan «yo puedo manejar esto, no es tan malo»: ahí es cuando ya estás en peligro, porque estás siendo orgulloso, siendo engañado —y pueden ser las dos cosas—.
Esto nos debe motivar a saber que nunca estamos en un estado espiritual estático, siempre nos estamos moviendo en una dirección o en otra: o nos estamos moviendo hacia Cristo, o hacia nuestros propios deseos, a nuestros propios caprichos. Entonces, estar conscientes de estas cosas, de los propósitos de Dios en nuestra vida —de que podrían afectar al pueblo de Dios— eso nos hace tener sobriedad y estar más atentos a estas cosas.
Nadie puede ver sus propias faltas: necesitamos a los hermanos
Y debo decir esto también: todo esto debe informar y guiar conversaciones que ustedes tengan con sus colegas pastores —tengo una sección sobre esa parte en uno de mis sermones— y a lo que me refiero es a que tú no puedes tener cuidado de ti mismo solo por ti mismo; tenemos el privilegio de cuidarnos unos a otros, no siempre buscando los pecados del otro, sino viniendo a su lado como un amigo, haciéndole buenas preguntas: «¿cómo estás? ¿Cómo estás en esta área en particular? Sé que en el pasado me habías dicho que estás batallando en esta área de la tentación, ¿cómo estás en esa área actualmente?». Y esto lo hacemos con nuestras esposas también: nadie me conoce como mi esposa, nadie me ama a pesar de mi pecado como mi esposa, y nadie contribuye más a mi crecimiento en la piedad que mi esposa; y esto es muy crítico para nuestro matrimonio, y esto endulza nuestro matrimonio.
Contreras: Contestaste la pregunta que estaba queriendo hacer, y tenía que ver con esto de que nadie puede ver sus propias faltas. Históricamente, el fundador de Gracia Soberana —uno de los fundadores— tenía ilustraciones muy cómicas acerca de esta realidad, y en particular una que la he compartido yo, porque siempre me dio mucha risa: decía que si tú te comes una ensalada de espinacas, y sales y estás platicando con la gente, muy sonriente, y la persona con la que estás hablando te está viendo un diente con un pedazo de espinaca, y la persona está como queriéndote decir «tú estás feliz», pero la otra persona está muy consciente de que traes un pedazo de espinaca —y de eso podemos hablar de muchos ejemplos— decía: no tenemos ojos en la parte de atrás. Una vez dio el ejemplo de que estaba platicando con una persona a la que le estaba saliendo un pelo de la nariz, y él estaba poniendo atención porque quería decírselo.
Purswell: Y mi propio ejemplo es que yo una vez me subí a predicar aquí, y mi esposa se dio cuenta de que traía la bragueta abajo, y mi esposa no sabía qué hacer, y le escribió un papelito a Abelardo, y Abelardo se acercó —¡y eso estuvo muy mal, qué haces!— por eso ahora uso camisas así de largas. Todo para decir que necesitamos la ayuda de los hermanos, y por eso la comunión bíblica es también una de esas virtudes formativas: no sospechamos que traemos un pelo parado acá atrás, o que traemos algo, y necesitamos… una cosa que hay que saber del pecado, una de las cosas más importantes que hay que saber del pecado: por definición, el pecado es engañoso, tú no puedes ver tu propio corazón de una manera clara y perfecta. Si tú aceptas eso y lo crees, te va a liberar para buscar ayuda, y no te vas a ofender si alguien viene y te habla a tu vida; vas a venir a rogarle: «háblame a mi vida, te necesito, quiero ser piadoso, y no puedo ser piadoso sin la ayuda de los que me rodean».
¿Es más difícil crecer en piedad en esta generación?
Muñoz: Última pregunta —hay muchos pastores jóvenes que los están viendo a ustedes dos, pelo blanco, y diciendo «qué fácil para ellos, porque ellos crecieron en otra época»—: ¿es más difícil el crecimiento en piedad en esta generación, en generaciones anteriores?
Purswell: A un nivel fundamental, yo diría que no, porque Cristo no ha cambiado, el Espíritu Santo no es más débil, el corazón humano sigue siendo el mismo, los pecados tampoco cambian; las manifestaciones del pecado han cambiado, ahora somos más creativos para darle expresión a los pecados, pero cuando el Señor dijo que del corazón salen todas esas cosas, en Mateo 15:
18 Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19 Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias.
Así que estos pastores y candidatos jóvenes no tienen una nueva pelea, ni tampoco tienen recursos deficientes; tal vez puedan estar en un contexto en el cual las tentaciones exteriores puedan ser más difíciles, o las expresiones culturales del pecado tal vez sean más obvias, y puede haber algunas tentaciones que ellos estén enfrentando y que tú no enfrentaste —y tú eres más viejo que yo— pero nosotros también seguimos enfrentando las mismas tentaciones y los mismos antojos de nuestro corazón.
Yo creo que sí se ha vuelto más difícil criar a los hijos, más difícil proteger a nuestros hijos de las influencias de este mundo; creo que eso sí ha sido más difícil ahora. Y no podemos hablar de una manera totalmente general, pero depende de las culturas también: hay épocas en las que lo que los teólogos llaman la gracia común es más evidente, hay lugares donde las estructuras de la gracia común que ayudan a detener un poco el pecado están más presentes. Y la Biblia dice —Pablo dice— que llegarán tiempos en los que el amor de muchos se enfriará; ellos tenían una categoría en la que iba a ir declinando cada vez más la cultura, y a los cristianos ahí se les advertía que siguieran siendo fieles a pesar de eso. Y eso creo que sí es verdad. Pero la batalla fundamental que hemos sido llamados a pelear no es más difícil; eso es todo.
Contreras: Y tú estás pecando al decir que soy más viejo que tú.
Purswell: No es cierto.
Contreras: Es cierto, pero no necesitabas… «habla la verdad en amor», no hubo mucho amor en eso.
Purswell: Te amo de todas maneras. Gracias, gracias.