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Padre, gracias por el dulce privilegio que nos has dado de poder estar juntos por estos días, y ahora venimos nuevamente a abrir tu palabra. Y al hacerlo, oramos que le concedas a tu palabra cumplir tu propósito en medio de tu pueblo. Pedimos humildemente: haz lo que solo tú puedes hacer. Solamente tú conoces a cada persona en este auditorio; tú los ves y tú los conoces, y tú los amas. Así que te pedimos: toma tu palabra y tráela a cada corazón, a cada situación, a cada necesidad. Donde tu palabra tiene que ser como una espada, hazla como una espada, penetrando nuestros corazones; donde tu palabra tiene que ser como un martillo, hazla como un martillo, rompiendo cualquier resistencia en nosotros; donde tu palabra tiene que ser como una semilla, hazla como una semilla, trayendo vida nueva; donde tu palabra tiene que ser como la lluvia, hazla como la lluvia, causando que las cosas crezcan y florezcan. Señor, te pedimos que hagas que tu palabra sea eficaz en medio de tu pueblo; lleva a cabo todo lo que tú deseas llevar a cabo. Hazlo, te lo pedimos, por nuestro bien y para fortalecer nuestras iglesias, tu iglesia, y a fin de cuentas para tu gloria. Pedimos esto en el nombre de Jesús, amén.

He completado la parte más retadora de mi mensaje. Gracias por ser pacientes con mi español.

Quiero invitarlos a ir en sus Biblias a primera de Timoteo, capítulo 4, y quiero que comencemos leyendo desde el versículo 7 hasta el versículo 12.

7 Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad. 8 Porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura. 9 Palabra fiel es esta, y digna de ser aceptada por todos, 10 porque por esto trabajamos y nos esforzamos, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes. 11 Esto manda y enseña. 12 No permitas que nadie menosprecie tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza.

Quiero comenzar esta noche con una pregunta muy simple: ¿cuál es el ingrediente más importante en tu ministerio pastoral? Se podrían sugerir todo tipo de posibilidades como candidatas, y entre esas candidatas podría estar el don; quizás sería la candidata más sugerida, y sin duda tu don es importante, es necesario y es vital para el ministerio pastoral. Efesios 4 es muy claro:

11 Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros,

Así que entendemos que el don es absolutamente esencial. Sin embargo, tan importante como el don, no es lo más importante; hay algo aún más importante, y esa no es simplemente mi opinión: la Escritura nos dice que esta otra cosa es más importante. Al menos eso es lo que dice esta conferencia, y eso es lo que quiero argumentar esta noche: esa cosa que es de suprema importancia para tu pastorado, para tu ser líder en una iglesia, es tu carácter personal; de manera más específica, tu piedad personal.

Esta ha sido una convicción de hombres a lo largo de toda la historia de la iglesia; podríamos citar a muchos que han hablado sobre esto, pero quizás están familiarizados con la famosa frase de Robert Murray M’Cheyne: «lo mejor que le puedo dar a mi congregación, como pastor, es mi santidad personal». Eso es lo mejor. Y aún más convincente que el testimonio de hombres es la clara enseñanza de la palabra de Dios, y lo vemos aquí en nuestro pasaje. Miren una vez más el versículo 8: «porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad tiene promesa para la vida presente y también para la futura». ¿Lo escuchaste? Para todo. Deberían subrayar esas palabras en sus Biblias; de hecho, deberían subrayarlas dos veces, con un marcador rojo brillante: para todo.

Por eso he titulado este mensaje esta noche «el carácter del pastor y el sobreabundante valor de la piedad», y quisiera caminar esta noche en tres simples pasos. Primero vamos a ver el llamado a la piedad —solo quiero que identifiquemos este llamado—. Segundo, quiero que veamos la prioridad de la piedad; es lo principal que quiero que veamos hoy, y para eso vamos a ver este pasaje, pero también otros pasajes que argumentan acerca de la prioridad de la piedad en el ministerio pastoral. Y tercero, quiero que pensemos en los medios para crecer en piedad: cómo buscamos crecer en piedad, cómo nos entrenamos a nosotros mismos en piedad, como Pablo le instruye a Timoteo aquí que haga. Y solo voy a mencionar algo pequeño de ese tercer paso, porque ese va a ser todo el enfoque de mi mensaje de mañana.

Primero: el llamado a la piedad

Unos pocos versículos más adelante en este capítulo, en el versículo 16, Pablo le dice a Timoteo:

16 Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan.

¿Lo ven? «Ten cuidado de ti mismo». ¿Y qué quiere decir con esto, de qué debe tener cuidado Timoteo? ¿Es simplemente una instrucción general? Hay algo muy específico que Pablo tiene en mente, que quiere que Timoteo le preste atención especial. Pablo ya ha mencionado la categoría que tiene en mente arriba, en los versículos 7 y 8: «pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas; más bien disciplínate a ti mismo para la piedad, porque el ejercicio físico aprovecha poco, pero la piedad es provechosa para todo, pues tiene promesa para la vida presente y también para la futura». ¿Ven? Es la piedad que Pablo ya ha mencionado en los versículos 7 y 8 lo que Pablo anima a Timoteo a cuidar en sí mismo en el versículo 16. De hecho, él lo está llamando a disciplinarse a sí mismo, a prestar mucha atención a esta área de su vida, a buscarla: ten cuidado de tu carácter, cuida tu piedad.

Así que preguntemos: ¿qué es exactamente la piedad? De manera fundamental, la piedad es tener a Dios en el centro de todo. Piedad es tener a Dios en el centro de todo en tu vida; es relacionarse con Dios de manera correcta, tener una devoción correcta hacia Dios. Eso es lo que la palabra griega en ese versículo 7 y 8 significa: piedad, toda tu vida centrada completamente en Dios; todo lo que haces, todo lo que piensas, tiene a Dios como el foco. Piedad es vivir una vida que está realmente centrada en una relación personal, viva y continua con Dios, y eso afecta cada área de tu vida. Déjenme decirlo una vez más: tu vida está completamente, en todas sus partes, centrada en Dios. Ese es el fundamento.

Pero ahora, sobre ese fundamento, hay una semejanza a Dios en tu carácter. Eso es lo que la palabra en inglés, godliness, que traducimos como «piedad», significa: God-semejanza, semejanza a Dios. Así que tu vida tiene a Dios en el centro, está enfocada en Dios, y tu vida también es semejante a Dios: reflejando a Dios, imitando a Dios. Y esto afecta todas las áreas de tu vida: tus pensamientos, así que ahora piensas cada vez más de la manera en la que Dios piensa acerca de las cosas; tus afectos, así que ahora sientes cada vez más de la misma manera en la que Dios se siente acerca de las cosas. Pero el área principal que afecta es tu carácter: estás volviéndote más y más como Dios en tu carácter, en quién eres, en la forma en la que realmente eres.

Ahora tenemos que pausar aquí un momento y hacer una distinción muy importante: una distinción entre lo que llamamos los atributos comunicables de Dios y los atributos incomunicables. Hay ciertas cosas de Dios que tú nunca vas a tener: nunca vas a ser omnipotente como Dios es —siento decepcionarte—; nunca serás omnipresente como Dios es; nunca serás omnisciente, conociéndolo todo, como Dios es; nunca serás soberano como Dios. Estos son atributos incomunicables, y nunca los vamos a poseer, siento tener que decirte esto. Pero si estamos llamados a ser santos como Él es santo, y estamos llamados a ser misericordiosos como Él es misericordioso, y estamos llamados a ser justos, amorosos, compasivos y bondadosos —¿qué dice Pablo, por ejemplo, en Efesios capítulo 4?—:

32 Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo.

Sean como Dios en esa área. De hecho, todos los atributos comunicables de Dios debemos buscarlos, para que seamos más y más semejantes a Dios. Así que podemos definir la piedad como que el carácter de Dios está siendo formado en nosotros, y eso va a producir un fruto asombroso y hermoso en tu vida; fruto que es bueno y beneficioso para tu pueblo, de mil maneras: en tu paciencia con tu gente, en tu bondad hacia ellos, en tu dominio propio, en tu habla, en tu amor, en tu pureza, en tu humildad, en tu negación de ti mismo, en la manera en la que manejas el sufrimiento y la oposición, en tu relación con el dinero, en cómo tratas a tu esposa, en cómo crías a tus hijos, en tu obediencia gozosa a todo lo que Cristo nos manda.

Esto, hermanos y hermanas, es el llamado a nuestra vida: un llamado a la piedad. Debemos buscarlo, debemos hacerlo una búsqueda intencional en nuestra vida. Dios nos ha llamado a esto, y como dice Pablo aquí en primera de Timoteo capítulo 4, debemos disciplinarnos para esto; debe ser una de las metas dominantes que controlan tu vida cada día, haciéndote la pregunta: ¿cómo voy a buscar crecer en piedad hoy? Es muy claro: entrenándose para la piedad, porque tiene valor para todo. Así que está claro: la piedad es tu llamado, y es un componente esencial y necesario para el ministerio pastoral. Así que tengo que preguntarte: ¿cómo lo estás haciendo? ¿Cómo vas en tu piedad? ¿Es este un llamado al que le estás prestando mucha atención, muy de cerca? ¿Es algo que estás buscando de manera activa? ¿Realmente quieres ser una persona piadosa, un pastor piadoso, un líder piadoso?

Segundo: la prioridad de la piedad

Ahora, paso número dos: quiero argumentar no solo que la piedad debe estar presente en nuestras vidas, sino que debe ser preeminente; está por encima de todo lo otro que es importante, incluso más importante que tus dones. La prioridad de la piedad. Si tu gente va a apreciar otras cosas acerca de ti —tu aprendizaje, tu sabiduría, tus dones; incluso pueden apreciar que te veas bien, que seas guapo— pero lo que necesitan, y de lo que más se van a beneficiar, es tu piedad. Así que lo que quiero hacer aquí es mostrarte, a partir de la Escritura, la prioridad de la piedad, para que no cometamos el error de minimizarla en nuestro ministerio pastoral. Quiero hacer tres argumentos bíblicos para mostrar la prioridad de la piedad, incluso por encima de nuestros dones.

El primer argumento está aquí, en primera de Timoteo capítulo 4, versículo 16. Por favor, noten la secuencia en el pasaje: «ten cuidado de ti mismo, y de la enseñanza». Esa secuencia, ese orden, no es aleatorio; esa secuencia representa una prioridad en la mente de Pablo, y en su ministerio. Una y otra vez Pablo habla de esta manera y vive de esta manera. La enseñanza es importante, cuídenla de cerca, hermanos; asegúrense de que están enseñando la palabra de Dios y lo que Dios ha dicho. Pero Pablo siempre se aseguró de liderar con su vida. Vuelvan un momento a primera de Tesalonicenses, y vean el versículo 5, versículos 5 al 10:

5 Porque como saben, nunca fuimos a ustedes con palabras lisonjeras, ni con pretexto para sacar provecho. Dios es testigo. 6 Tampoco buscamos gloria de los hombres, ni de ustedes ni de otros, aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido imponer nuestra autoridad. 7 Más bien demostramos ser benignos entre ustedes, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos. 8 Teniendo así un gran afecto por ustedes, nos hemos complacido en impartirles no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas, pues llegaron a ser muy amados para nosotros. 9 Porque recuerdan, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo, trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de ustedes, les proclamamos el evangelio de Dios. 10 Ustedes son testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con ustedes los creyentes.

¿Ven lo que Pablo está diciendo? «Ustedes vieron cómo viví mi vida en frente de ustedes; ustedes vieron con sus propios ojos cómo eran nuestras vidas», y lo vieron una y otra y otra vez. Y lo que quiero decir con mi primer argumento aquí es que esa prioridad se ve reflejada en la secuencia de ese versículo en primera de Timoteo 4: primero, cuida tu vida. Ese es el primer argumento; cierto, quizás este no es un argumento concluyente, pero apunta en una dirección, y a lo que apunta es a la prioridad de tu carácter.

Y eso está apoyado en mi segundo argumento, que nos habla de la prioridad de la piedad. Vuelvan un solo capítulo en primera de Timoteo, al capítulo 3, y ahí encontramos las cualidades que un pastor debe tener —quizás ya lo saben, Jeff habló de esto—: hay catorce requisitos específicos para los pastores que se nos presentan aquí, y cuando los lees, descubres que la gran mayoría de ellos no tienen que ver con los dones, sino con tu carácter, con la piedad de tu carácter. Escuchen:

1 Palabra fiel es esta: si alguien aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. 2 Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, 3 no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. 4 Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad; 5 (pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?). 6 No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. 7 Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.

De esos catorce requisitos, trece son requisitos de carácter, requisitos de piedad; solo uno de ellos, «apto para enseñar», tiene que ver con tus dones. Ahora, seamos claros: tenemos que poder enseñar, debes ser capaz de manejar la palabra de Dios fiel y efectivamente. Pero por favor no te pierdas esto: hay trece cosas más que deben ser ciertas acerca de tu vida, y todas tienen que ver con tu carácter, con tu piedad. Esa proporción, en esta lista de requisitos, argumenta muy convincentemente a favor de la piedad, de la prioridad de la piedad en el ministerio pastoral.

Ahora, tercero: el tercer argumento para la prioridad de la piedad es el hecho de que ser ejemplo es una descripción muy mencionada en la palabra acerca del ministerio pastoral. Pedro lo dice muy claramente en primera de Pedro capítulo 5:

1 Por tanto, a los ancianos entre ustedes, exhorto yo, anciano como ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, y también participante de la gloria que ha de ser revelada: 2 pastoreen el rebaño de Dios entre ustedes, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; 3 tampoco como teniendo señorío sobre los que les han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño.

Y de regreso a Timoteo: «no permitas que nadie menosprecie tu juventud» —de hecho, esto surgió en el panel: estamos tan emocionados de que hombres jóvenes estén buscando el ministerio pastoral, que nadie desprecie tu juventud— y miren todas las maneras en las que Pablo llama a Timoteo a ser el ejemplo. Así es como se pastorea: dando ejemplo, siendo el ejemplo. Así es como se pastorea, hermanos. Versículo 12: no menosprecies —no descuides tu don—, pero primero, primero sé ejemplo. Sé ejemplo en palabra: hermanos, están escuchando, entrénate, disciplínate para ser piadoso en tu habla; es tan importante para tu ministerio pastoral y para tu liderazgo; no permitas que ninguna palabra corrompida salga de tu boca. Sé ejemplo en tu conducta: disciplínate para ser piadoso en tu conducta, condúcete de una manera digna del evangelio; es tan importante para tu ministerio pastoral y tu liderazgo. Sé ejemplo en tu amor: entrénate para ser piadoso, semejante a Dios, en tu amor; hermanos, hermanas, están escuchando: ámense unos a otros de manera profunda, de lo profundo de su corazón; es muy importante para su ministerio pastoral y su liderazgo. Sé ejemplo en tu fe: disciplínate para ser piadoso en tu fe, pelea la buena batalla de la fe; es muy importante para tu ministerio pastoral. Y sé ejemplo en tu pureza: disciplínate para ser piadoso en tu pureza, huye de las pasiones juveniles; es muy importante para tu ministerio pastoral.

Pablo dice: sí, Timoteo, debes enseñar, pero tu influencia principal va a ser tu ejemplo. Escuchen, hermanos y hermanas: el liderazgo es influencia, y no hay ninguna mejor influencia que tu vida, la manera en la que vives. No me importa si eres un predicador muy dinámico: el ejemplo es más poderoso que los preceptos o la enseñanza. Así que la Biblia lo deja muy claro: hay una prioridad de la piedad, un valor mucho mayor de tu carácter, y de manera específica tu piedad, es lo más importante en tu ministerio pastoral.

Había un hombre del gobierno romano llamado Catón, que vivió en el segundo siglo antes de Cristo, que definió al orador ideal como «un buen hombre que hablaba bien»: hombre bueno, hablando bien. Nosotros podríamos decir que la definición de un pastor es un hombre piadoso, apto para enseñar; y esa parte de ser un hombre piadoso es lo más importante. Eso es lo que Pablo le está diciendo a Timoteo aquí en los versículos 7 y 8, y eso es lo que Dios nos está diciendo a nosotros hoy, en esta reunión.

Así que, hermanos, busquen esto, persigan la piedad, disciplínense para ella; sean intencionales en hacer de la piedad la prioridad que Dios dice que debe ser. No se contenten con lo que Pablo dice —dice, en segunda de Timoteo— sobre tener «apariencia de piedad»:

5 teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder. A los tales evita.

Cada vez que leo esa frase me hace temblar: que haya algo que es apariencia de piedad. En otras palabras, tu gente puede pensar que eres piadoso, y eso va a ser una tentación constante para todos nosotros: la tentación a parecer piadoso. No lo hagan. Busquen la verdadera piedad, entrénense, disciplínense para la verdadera piedad.

Tercero: los medios para crecer en piedad

Bien, creo que están convencidos, no solo de que están llamados a ser piadosos, sino de que debe ser su prioridad —la prioridad del ministerio pastoral, y debe ser una prioridad en tu vida—. Ahora veamos el paso número tres, y preguntemos: ¿cómo crecemos en piedad? Voy a ser muy breve, porque mañana vamos a hablar más sobre esto, pero comencemos: ¿cómo la obtenemos? ¿Cómo crecemos en piedad? ¿Cómo se ve disciplinarse para la piedad? Y aquí lo que quiero hacer es abrir nuestros apetitos para el taller de mañana; mañana vamos a hablar acerca de aspectos prácticos para crecer en piedad. Déjenme decir algunas cosas aquí; solamente quiero mostrarles lo que llamo un «camino bíblico»: una cadena de versículos que nos dejan ver una verdad más grande en la Escritura.

Aquí está uno de mis caminos bíblicos favoritos. Comienza en Jeremías 17:10, donde dice:

10 Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos,

Y luego va al Salmo 139, donde David dice:

23 Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes.

Y después va a Hebreos capítulo 4, versículo 12:

12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.

¿Lo ven? Dios escudriña el corazón; el creyente dice: «oh Dios, escudriña mi corazón»; y Dios dice: «lo que voy a usar para escudriñar tu corazón es mi palabra». Escuchen: Dios nos ha dado su palabra, este libro, para escudriñar nuestros corazones, para ayudarnos a cuidar de nuestras vidas y para guiarnos en el camino hacia la piedad. Dios es así de poderoso; es asombroso lo que hace la palabra de Dios. Y entre las muchas cosas que hace la palabra de Dios, es que nos ayuda a crecer, nos ayuda a crecer en la piedad como pastores. Miren segunda de Timoteo, capítulo 3, versículo 16:

16 Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.

Lo escuchamos más temprano, cuando Jeff dijo: «yo los encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia», que tiene la habilidad de hacerlos crecer, de edificarlos. La fe viene por el oír, y el crecimiento también viene por el oír. Así que, como recién nacidos, deseen la leche pura de la palabra, para que crezcan por ella.

2 deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación,

Dios nos alimenta, y Él nos fortalece, y nos ayuda a crecer por su palabra; Él nos la ha dado, pero nosotros tenemos la responsabilidad de dar pasos, y de eso es de lo que se va a tratar el taller mañana.

Oremos. Padre, gracias, gracias por la claridad de tu palabra; gracias por la suficiencia de tu palabra; y Dios, te doy gracias por el poder de tu palabra. Así que oramos por aquellos que están en este lugar, que les des ojos para ver, para ver que nos has dado todo lo que necesitamos para la vida y para la piedad, y particularmente en tu palabra nos has dado este rico tesoro. Así que pido, Señor, danos hambre de tu palabra, para nuestro bien, para tu gloria. Amén.