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Este es el Panel 2, moderado por Carlos Contreras, con Juan Sánchez, Mike Bullmore y Abelardo Muñoz como panelistas. A diferencia del Panel 1 (tres voces, con pistas de contexto claras), aquí hay cuatro participantes y el audio no trae diarización, así que algunos tramos no se pudieron atribuir con la misma confianza que en las notas anteriores. Contreras como moderador y Juan Sánchez como invitado son identificables con claridad (Sánchez se autodescribe como puertorriqueño y no miembro de Gracia Soberana); un tramo intermedio, marcado abajo, quedó atribuido a Bullmore por el estilo y contenido de lo dicho, pero con menos certeza — señalado explícitamente donde ocurre.
Contreras: Juan Sánchez es un pastor aquí de Texas, de Austin; tiene ya muchos años sirviendo como pastor en esta congregación, es un líder en el estado de Texas de pastores, tiene una pasión por capacitar pastores. Él preside la mesa directiva del Consejo Pastoral de la Coalición por el Evangelio a nivel mundial, y también es el presidente de la Coalición por el Evangelio en Latinoamérica. Juan fue el instrumento, junto con Miguel Núñez, para iniciar la Coalición, que sentimos que fue algo que Dios ha usado para realmente abrir el evangelio y el despertar del evangelio en toda Latinoamérica. Yo me acuerdo la primera reunión en la que me invitaron, donde se estaba considerando organizar la Coalición, y estaba Juan ahí; y yo aprecio mucho su corazón por Latinoamérica, conozco el trabajo que ha hecho y que está haciendo —recientemente estuvo en Cuba, y me dio tanto gusto ver que estaba trabajando con pastores jóvenes—; sabiendo yo del éxodo de gente de Cuba, incluyendo muchos pastores que han salido de Cuba y han abandonado sus congregaciones por la necesidad que hay, saber que hay una generación de jóvenes muy bien capacitados, muy bien entrenados, que están siendo alentados por grupos de hombres significativos como Juan, que están viajando a la isla para alentarlos, motivarlos y apoyarlos; esto me inspira mucho.
Juan es un líder nacional, es un líder en Latinoamérica, es un hombre de gran influencia, de gran carácter, viaja muchísimo; yo estaba un poquito preocupado porque he estado siguiendo sus viajes este año, y ha ido a Inglaterra, ha ido a España, ha ido a Cuba, y yo dije: «híjole, que no se vaya a enfermar y no pueda venir a Fieles», pero yo quería que viniera porque quería que ustedes lo conocieran. Es un hombre de integridad, un hombre piadoso, tiene cinco hijas y seis nietos; esta noche lo van a conocer, lo van a escuchar, nos va a traer una palabra.
Vamos a hablar de lo que hemos estado hablando el día de hoy, especialmente lo que nos trajo Mike —esto pasa cuando predicas dos veces al día; yo les puedo decir que he predicado a veces tres veces al día, y el tercer mensaje nunca me acuerdo qué fue lo que dije, porque realmente ya no estoy consciente—. Así que, si ellos quieren preguntarme algo, o hacer referencia a algo de lo que yo traje esta mañana o ahorita en la tarde, también podemos hablar; y al hacer el cambio con Juan de predicar en este tiempo de la tarde —yo pedí que se hiciera ese cambio porque tengo interés en que las personas de la congregación que van a venir esta noche conozcan a Juan, porque a él no lo han conocido, y quiero que reciban ese beneficio—. Entonces voy a empezar con Juan esta pregunta —la ventaja es que Juan habla español también, y es de Puerto Rico originalmente, criado en Estados Unidos, así que tiene un ligero acento puertorriqueño, un ligero acento americano; pero aquí estamos acostumbrados a escuchar a Joselo, imagínense, Juan es una pajita —si entienden a Joselo, ya se graduaron de profesionales en interpretación—.
La lucha contra el pecado: despojarse y vestirse (Efesios 4)
Contreras: Juan, yo empecé el texto de Hebreos 12 hablando de esta exhortación a despojarnos del pecado y de todo peso que nos agobia; inclusive ya no entré, precisamente porque sé que tú vas a hablar de la resistencia al pecado, en que dice que ni siquiera hemos resistido en nuestra lucha contra el pecado hasta derramar sangre. Yo quisiera que tú contribuyeras un poquito, en tu perspectiva, de lo que estaba hablando en este cambio de dirección que implica el despojarnos: cómo esto es algo que tenemos que hacer de manera cotidiana —creo que Mike también hizo referencia a que la lucha es diaria—.
Juan Sánchez: Primero, es un gran honor y privilegio estar aquí con ustedes; yo había escuchado de esta conferencia, pero pensaba que era una conferencia a la que puertorriqueños como yo no eran invitados, porque no soy de Gracia Soberana. En verdad, yo siempre soy bendecido cuando estoy junto con hermanos de Gracia Soberana, porque son hermanos humildes, que se animan unos a otros; y siempre me animan a mí, y yo salgo de esas reuniones con esos hermanos como un mejor cristiano, un mejor marido, un mejor padre, un mejor pastor. Así que gracias por la invitación.
Acerca de «despojar», es la mitad, porque la otra parte es «poner». Vamos a Efesios 4 rápidamente, porque aquí, en Hebreos 12, tenemos la imagen de la carrera, y no queremos correr con mucho peso; pero para hablar sobre el pecado quiero usar la imagen que está en Efesios 4. Carlos habló acerca del arrepentimiento ahora mismo; interesantemente, para nosotros ahora es en este punto, y para ustedes es después —ahorita para nosotros es después y para ustedes es en este punto, estamos al revés—. Pero lo que es interesante es que la palabra que se traduce «arrepentimiento» es metanoia, y lo que se refiere es un cambio de mente; así que antes de cambiar de dirección, uno tiene que cambiar su mente. Y lo interesante es que la lucha contra el pecado es una lucha de fe: la lucha es fe en Dios y sus promesas, segunda de Pedro capítulo 1, versículos 3 y 4, que Carlos ya refirió.
Así que tenemos como dos guías, las promesas: si anhelamos a Cristo, si amamos a Dios, creemos en sus promesas para nuestro gozo. Y lo que vemos es que parte de lo que tenemos que creer es quiénes somos en Cristo. En Efesios es interesante porque parece que los gentiles tienen como un complejo de que no son cristianos verdaderos, por lo menos igual de verdaderos que los judíos que creían en Cristo; y en Efesios capítulo 1, Pablo empieza con las bendiciones espirituales, con nuestra unión con Cristo, y Pablo habla en los capítulos 1, 2 y 3 sobre esta salvación, las bendiciones que tenemos y cómo fuimos unidos; y en el capítulo 4, versículo 1, tiene la tesis del resto de la carta: «yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan, caminen, de una manera digna de la vocación con que han sido llamados» —esa vocación, ese llamado que se describe en los capítulos 1, 2 y 3—.
Y lo que vemos es que nacimos unidos con Adán, pero por fe somos unidos con Cristo; y parte de la lucha de fe contra el pecado es disponer, o despojarnos, de todo lo que éramos en Adán, y poner a Cristo. Déjenme leer Efesios 4:17, como lo dice Pablo:
17 Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ustedes ya no anden así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente. 18 Ellos tienen entenebrecido su entendimiento, están excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón. 19 Habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. 20 Pero ustedes no han aprendido a Cristo de esta manera. 21 Si en verdad lo oyeron y han sido enseñados en Él, conforme a la verdad que hay en Jesús, 22 que en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, 23 y que sean renovados en el espíritu de su mente, 24 y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.
Es decir, no sigan viviendo como andaban antes de Cristo. Lo que está pasando aquí es que Pablo está diciendo: estábamos en Adán, ahora estamos en Cristo; la lucha de fe contra el pecado es entender quiénes somos en Cristo. Y es interesante, porque aquí, en el versículo 22, dice que «en cuanto a la anterior manera de vivir, ustedes se despojen del viejo hombre», pero en Colosenses es que ya se despojaron del viejo hombre: es un estatus que ya tenemos, pero también es una lucha de fe que tenemos que seguir andando; la lucha contra el pecado es una lucha de fe, a creer quién es Dios y qué ha hecho para con nosotros en Cristo, y ahora quiénes somos en Cristo, quitando, despojándonos de todo lo que éramos en Adán, y poniendo a Cristo.
Entonces, aun si una persona es convertida al cristianismo siendo un jovencito —no como algunos de nosotros que corrimos en el pecado, unos más que otros, y nuestro patrón de pensamiento estaba ya conformado al pecado, nuestros hábitos eran pecaminosos— tenemos el efecto del pecado en nuestras vidas, porque Romanos dice que todos nacemos en Adán; estos hábitos pecaminosos están en nuestra vieja naturaleza. Aun siendo pequeños, si el Señor nos salvara de pequeños, de todas maneras tendríamos que despojarnos, porque está la tendencia a los pensamientos de la naturaleza carnal en Adán.
Pero, interesantemente, en Hebreos 12, el «despojar también de todo peso» no es necesariamente pecado; y lo interesante es que cuando dice «despojémonos de todo peso», no está hablando de cosas que pesan y que no nos dejan correr la carrera lo más rápido posible —vamos a decir, con la analogía—; así que, por ejemplo, ¿qué estamos escuchando?, ¿qué estamos leyendo?, ¿qué estamos viendo?, que no es necesariamente pecaminoso, pero nos distrae de tomar ese tiempo en la palabra. Así que las cosas que pesan aquí pueden ser cosas buenas, pero cuando cosas buenas se hacen cosas supremas, entonces esas cosas buenas hacen cosas malas.
Distracciones buenas y una visión que motiva
Nota de atribución
El siguiente tramo —hasta antes de la nueva pregunta de Contreras sobre la disciplina— se atribuye a Bullmore por el estilo expositivo y el contenido, pero con menos certeza que el resto de la nota: el audio no permite confirmarlo con la misma seguridad que las demás intervenciones.
[Bullmore, con relativa incertidumbre en la atribución]: Lo que acabas de hacer, hace media hora, aquí, algo fue muy profundo: todo eso último que dijiste sobre cuando lleguemos a la presencia del Señor para participar de su gloria fue algo excelente —gracias, y creo que hay que hablar más de eso—. Pero había otra imagen en tu sermón, de Jesús en el jardín de Getsemaní, cuando decía «Señor, si es posible que pase de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya», y recuerdan lo que dijo enseguida el Señor: «yo escucho, yo escucho tu palabra, y me gusta tu oración»; eso fue una imagen hermosa también, y me anima a orar de esa manera.
Pero ahora, regresando a lo que acaba de decir Juan: no solo el pecado nos puede distraer. Porque yo me imagino, por ejemplo, la parábola del sembrador, que la semilla cayó donde había espinas, y las espinas crecieron junto con la semilla y la ahogaban; el Salmo 73, que te puedes distraer con las cosas que están pasando buenas a personas malas, cuando ves la prosperidad de los malos, a veces eso nos hace tropezar. Pero lo interesante es que también podemos ser distraídos por personas buenas y piadosas; por ejemplo, Pedro y Juan, en Juan 21, ahí el Señor Jesús le está diciendo a Pedro «esto es lo que va a pasar contigo, te va a costar seguirme», y el Señor le dice a Pedro «pero sin embargo, tú sígueme»; y lo que leemos enseguidita, Pedro se voltea: «¿y qué va a pasar con este, con Juan?» —esta es una cosa buena, el discipulado de otro hermano, que nos puede distraer—. ¿Y qué le dijo el Señor Jesús a Pedro? «Eso, ¿a ti qué?» —por no decirlo de otra manera— «tú sígueme a mí».
Y, en conexión con la pregunta que me hiciste, Carlos, necesitamos una visión motivadora: si hemos sido hechos nuevos en Cristo, tenemos una nueva mente y tenemos nuevas capacidades. Hay un versículo hermoso en Efesios 5:10:
10 Examinen qué es lo que agrada al Señor,
Y cuál es la suposición ahí: que sí podemos hacerlo. Así que solo hay una cosa que importa: qué es lo que le agrada al Señor. Piensen en su vida cristiana como caminar por un sendero, un sendero angosto, pero que no va en la orilla de un precipicio; puedes caminar en él, y es hasta lo suficientemente ancho para que vayas con un compañero, y al final del día todo lo que importa —déjenme regresarme un poquito— a los lados de ese sendero hay un hoyo, y puedes caer del lado derecho, y puedes caer del lado izquierdo; y Dios nos llama a caminar solo en el sendero de lo que le agrada a él. Y, al final del día, lo único que importa: quieres oír las palabras de Dios en tu oído que te dicen «bien hecho, hoy tú hiciste lo que le agrada al Señor». Y eso sirve como una visión que nos motiva para evitar caernos a cualquier lado, o evitar las distracciones; y esa imagen a mí me encanta y me sirve.
Disciplina y cultura
Contreras: Okay, quiero hacer una pregunta, porque ustedes tres son hombres disciplinados —three are disciplined men, all right?— aunque dudan que Abelardo sea un hombre disciplinado, nomás mírenlo —just look at him—. Mi experiencia es que la mayoría de nosotros no somos gente a la que, de manera natural, le nace la disciplina; hay gente a la que le encanta ir al gimnasio todos los días, y son religiosos en su manera de comer, solo comen buenas cosas, hacen ejercicio todos los días, tienen sus estudios, son disciplinados, tienen su escritorio limpiecito; la mayoría no somos así. Y nuestra cultura latina no celebra la disciplina: celebramos que si tenemos una fiesta, no importa, vamos a quedarnos hasta que amanezca. Entonces mi pregunta —y lo mejor sería preguntarles si ustedes son disciplinados por naturaleza, pero la mayoría de los que estamos aquí quisiéramos oír— es: ¿cómo ese llamado a la disciplina, cómo lo debemos tomar nosotros? —voy hablando como una persona no naturalmente [disciplinada]—.
Juan Sánchez: Es una de las cosas que yo amo sobre ser cristiano: siempre interesante, infinitamente interesante. Y lo que se requiere es sabiduría y virtud en una situación particular, tanto personal como culturalmente definida; hay ajustes. Pero estos versículos están tanto en la versión en inglés estándar como en la Nueva Biblia de las Américas: «examinen qué es lo que agrada al Señor» —eso está en todas las culturas—. «Disciplínate para la piedad», y eso se aplica a todas las culturas; y ahora Dios nos llama a vivir en cualquier cultura con la sabiduría de la palabra de Dios y con la virtud que el Espíritu nos provee. Y un versículo que ya usé antes: «Él ya nos ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad»; viviendo, ya seas mexicano, americano, alemán, lo que seas, viviendo por estas promesas de Dios, y con la sabiduría y la virtud que él nos promete que nos va a dar, cada uno de nosotros podemos vivir de una manera que le agrade al Señor; porque esa virtud y esa sabiduría están disponibles para todos nosotros. Así que no hay excusa.
[Bullmore]: Estoy de acuerdo totalmente; quiero añadir otros pensamientos también. Yo no sé si muchos de nosotros no estamos inclinados a la disciplina; todos somos distintos, y eso quiere decir que tenemos diferentes tentaciones y problemas. Yo pienso que hay algunos que tienen mucha disciplina, y la tentación es la autojustificación en las actividades que hacen; y hay otros que se justifican para no hacer cosas, o no tener disciplina, por la gracia de Dios. Así que siempre tenemos esas dos tentaciones. Otra cosa de pensar: somos cuerpo y espíritu, y en mi experiencia, Dios nos ha creado de una manera que tenemos que cuidar la persona entera; la disciplina es una mayordomía del cuerpo y el espíritu, la persona entera. Y yo he notado en mi vida: si tengo disciplina espiritualmente pero no tengo disciplina de dormir, o disciplina en cómo como, eso afecta todo, totalmente; se requiere una armonía de un ritmo de dormir, de dieta, de ejercicio y de comunión con Jesús, porque somos personas finitas, tenemos límite; dormir es un testimonio de que confiamos en que Dios es soberano, necesitamos descansar y cuidar nuestros cuerpos. Eso también requiere comer bien —en la cultura puertorriqueña eso es difícil, y en la mexicana también—. Así que la disciplina es de la persona entera, mente y todo; pero tenemos que tener cuidado con el legalismo, y también con cómo criamos a nuestros hijos. Así que, como dijo Mike, hay sabiduría y hay libertad, y necesitamos preguntar qué es lo que le complace al Señor.
Dos advertencias finales: gracia para la debilidad, y no a la autosuficiencia
Juan Sánchez: ¿Puedo agregar algo aquí? No es una nota de pie de página, es algo muy importante: creo que no hay otro pasaje que yo haya usado más en mi oficina de pastor para ayudar a la gente que el Salmo 103:
13 Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen. 14 Porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que solo somos polvo.
En otras palabras, él conoce nuestras debilidades, y ninguno de nosotros vamos a hacer las cosas de una manera perfecta, y él lo ve; o, para usar el vocabulario de Isaías,
3 No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que casi no arde; con fidelidad traerá justicia.
La caña cascada él no va a quebrar, o el pábilo que humea no lo va a apagar; y creo que todos, a veces, nos sentimos como pábilo, como velitas que ya se van a apagar. Y él conoce nuestra condición, y se acuerda de que somos polvo.
Contreras: Quiero leer este pasaje que se me vino ahorita a la mente, escuchándote hablar de disciplina; pero yo siento que parte de lo que el evangelio necesita hacer en Latinoamérica es, culturalmente, llevarnos a abrazar la cultura del evangelio, y despojarnos, estar cómodos con reconocer que parte de nuestra cultura, en nuestras celebraciones, en lo que valoramos de nuestra historia, etcétera, no son parte de esa cultura. Por ejemplo, Pablo dice esto hablando de sí mismo —espero leerlo bien—:
24 ¿No saben que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corran de tal modo que ganen. 25 Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.
Sigue usando esta imagen deportiva, de correr en el estadio: dice «corran, corran de tal modo que ganen» —como los americanos, que quieren ganar; y lo que se critica de la selección mexicana es que juegan, pero como que no quieren ganar—. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo; ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible; por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta, de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado. Y es interesante que Pablo usa la palabra «golpeo mi cuerpo»: está sujetando su cuerpo. Mike, parte de lo que tú decías que es difícil, que va a involucrar, como dijiste, sudor, es porque nuestro cuerpo, de cierta manera, es parte de ese peso que no quiere levantarse, no quiere leer, no quiere memorizar, no quiere abstenerse de nada. Y bueno, aprecio esta ilustración que decías tú, Juan, que tenemos que ser disciplinados en todo, y entender que esto no es solo… sino que es todo nuestro ser el que tiene que ser disciplinado; no porque nos esforcemos para levantarnos, para buscar al Señor, para pasar tiempo, para abstenernos de otras cosas, no porque hagamos eso no es espiritual: es traer disciplina a todo nuestro ser.
Juan Sánchez: Dos cosas, y voy a regresar a lo que dijiste: si hay alguna verdad, como acabas de caracterizar a los americanos —y creo que la hay— que haya en eso viene con un peligro, y el peligro no es pequeño: es autosuficiencia, «yo puedo hacerlo». Cada cultura tiene sus debilidades, y hasta el grado en que eso que dijiste sea verdad, eso es una debilidad también, y Dios tiene que romper eso en nosotros; y a lo mejor Dios tiene que romper algo diferente en la cultura mexicana, latina. Ustedes deberían tener una pequeña colección de versículos que los ayuden en su santificación, y en esa lista pequeña tiene que estar Filipenses 2:12-13:
12 Así que, amados míos, tal como siempre han obedecido, no solo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocúpense en su salvación con temor y temblor. 13 Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención.
«Ocupaos en vuestra salvación», pero no olviden la siguiente frase: «con temor y temblor». Porque a veces cometemos el error de pensar que, como cristianos, ya nunca vamos a tener temor, que ya no hay temor en nuestras vidas; y les puedo decir que si no hay temor y temblor en sus vidas, algo falta. ¿Por qué temor y temblor? Porque es Dios quien está obrando en ustedes tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad. Los que pudiéramos caer en la autosuficiencia, a nosotros nos gusta esa parte, «ocúpate en tu salvación»; no nos gusta la parte de «temor y temblor». Encuentren armas del evangelio, pasajes de la Biblia, que los van a ayudar a pelear y a resistir los pecados que Dios les ha mostrado que son con los que ustedes batallan.
Contreras: ¿Algo que quieras agregar, Abelardo? En preparación, apuntándole —hemos hablado un poco de esto—.
Abelardo Muñoz: Es importante que entendamos que somos una familia: los jóvenes necesitan padres espirituales y madres espirituales, y los padres y madres espirituales necesitamos hijos espirituales; necesitamos ayudarnos unos a otros a luchar juntos, y necesitamos unos a otros.
Contreras: Amén. Démosle las gracias a estos hermanos.