Artículo 12 — El conflicto espiritual
Creemos que estamos involucrados en una constante guerra espiritual con los principados y potestades del mal que tratan de derribar a la iglesia y frustrar su tarea de evangelización del mundo. Conocemos nuestra necesidad de equiparnos con la armadura de Dios y pelear esta batalla con las armas espirituales de la verdad y la oración. Porque detectamos la actividad de nuestro enemigo, no solo en las falsas ideologías afuera de la Iglesia, sino también dentro de ella, con evangelios falsos que tergiversan las Escrituras y colocan a personas en el lugar de Dios. Necesitamos tanto vigilancia como discernimiento para salvaguardar el evangelio bíblico. Reconocemos que nosotros mismos no estamos inmunes a la mundanalidad en el pensamiento y en la acción, es decir, de ceder al secularismo. Por ejemplo, aunque los estudios meticulosos del crecimiento de la iglesia, tanto numérico como espiritual, son adecuados y valiosos, a veces los hemos ignorado. En otras ocasiones, por nuestro deseo de asegurar una respuesta al evangelio, hemos comprometido nuestro mensaje, hemos manipulado a nuestros oyentes por medio de técnicas agresivas y nos hemos preocupado excesivamente por las estadísticas, o incluso hemos sido deshonestos con el uso que hemos hecho de ellas. Todo esto es mundanal. La iglesia debe estar en el mundo; el mundo no debe estar en la iglesia.
(Ef 6:12; 2Co 4:3, 4; Ef 6:11, 13-18; 2Co 10:3-5; 1Jn 2:18-26; 4:1-3; Gá 1:6-9; 2Co 2:17; 4:2; Jn 17:15)