Artículo 10 — La evangelización y la cultura

El desarrollo de estrategias para la evangelización del mundo requiere métodos pioneros imaginativos. Con la ayuda de Dios, el resultado será el surgimiento de iglesias profundamente arraigadas en Cristo y estrechamente vinculadas con su cultura. La cultura siempre debe ser probada y juzgada por las Escrituras. Porque los hombres y mujeres son criaturas de Dios, parte de su cultura es rica en belleza y bondad. Porque han caído, está toda contaminada por el pecado y parte de ella es demoníaca. El evangelio no presupone la superioridad de ninguna cultura sobre otra, sino que evalúa a todas las culturas según sus propios criterios de verdad y justicia, e insiste en absolutos morales en cada cultura. Con demasiada frecuencia, las misiones han exportado, junto con el evangelio, una cultura extranjera, y las iglesias han estado en ocasiones más esclavizadas a la cultura que las Escrituras. Los evangelistas de Cristo deben tratar, humildemente, de vaciarse de todo excepto de su autenticidad personal, a fin de convertirse en siervos de los demás, y las iglesias deben tratar de transformar y enriquecer la cultura, todo para la gloria de Dios.

(Mr 7:8, 9, 13; Gn 4:21, 22; 1Co 9:19-23; Fil 2:5-7; 2Co 4:5)