Artículo 9 — La urgencia de la tarea evangelística
Más de 2.700 millones de personas, más de las dos terceras partes de la humanidad, no han sido evangelizadas todavía. Nos avergonzamos de que tantas personas hayan sido ignoradas; esto significa un reproche continuo a nosotros y a toda la iglesia. Sin embargo, hay actualmente, en muchas partes del mundo, una receptividad sin precedentes al Señor Jesucristo. Estamos convencidos de que éste es el momento para que las iglesias y las entidades paraeclesiales oren fervientemente por la salvación de los no alcanzados y lancen nuevos esfuerzos para lograr la evangelización del mundo. Una reducción de misioneros y fondos extranjeros podría ser necesaria en ocasiones para facilitar una mayor autosuficiencia de la iglesia nacional y liberar recursos para regiones no evangelizadas. Los misioneros deberían fluir cada vez más libremente desde y hacia los seis continentes, en un espíritu de servicio humilde. La meta debe ser, por todos los medios disponibles y en el menor tiempo posible, que toda persona tenga la oportunidad de escuchar, entender y recibir la buena noticia. No podemos esperar alcanzar esta meta sin sacrificio. Todos estamos impactados por la pobreza de millones de personas y afligidos por las injusticias que la causan. Quienes vivimos en situaciones acomodadas aceptamos nuestro deber de desarrollar un estilo de vida sencillo a fin de contribuir de manera más generosa, tanto para la asistencia como la evangelización.
(Jn 9:4; Mt 9:35-38; Ro 9:1–3; 1Co 9:19-23; Mr 16:15; Is 58:6, 7; Stg 1:27; 2:1-9; Mt 25:31-46; Hch 2:44, 45; 4:34, 35)