Conclusión — Proclamar a Cristo hasta que Él vuelva
Este ha sido el lema de Lausana II. Por supuesto creemos que Cristo ha venido; vino cuando Augusto César era emperador de Roma. Pero un día, como declaran sus promesas, Él volverá de nuevo en un inimaginable esplendor para perfeccionar su reino. Se nos manda velar y estar preparados. Mientras tanto, el período entre la primera y segunda venida debemos llenarlo con la obra misionera cristiana. Hemos sido llamados a ir con el evangelio hasta lo último de la tierra, y se nos ha prometido que el fin de los tiempos llegará sólo cuando hayamos cumplido con esa tarea. Los dos cabos de la tierra (espacio y tiempo) coincidirán. Hasta ese día él ha prometido estar con nosotros.
La misión cristiana es, pues, una tarea urgente. No sabemos de cuánto tiempo disponemos para realizarla. Ciertamente no tenemos tiempo que perder. Y para cumplir urgentemente con nuestra responsabilidad otros requisitos son necesarios, especialmente la unidad (debemos evangelizar juntos) y el sacrificio (debemos calcular y aceptar el costo). Nuestro Pacto de Lausana fue «orar, planificar, y trabajar juntos para la evangelización de todo el mundo.» Nuestro manifiesto en Manila es que toda la iglesia es llamada a llevar todo el evangelio a todo el mundo, proclamando a Cristo hasta que Él venga, con la perentoriedad, unidad y sacrificio que sean necesarios.