12 — Situaciones difíciles

Jesús dijo claramente a sus seguidores que deberían esperar oposición. «Si me persiguieron a mí, también a vosotros perseguirán» (Juan 15:20). Incluso les dijo que deberían regocijarse en la persecución (Mateo 5:12), y les recordó que la condición para llevar fruto es la muerte (Juan 12:24).

Estas predicciones de que el sufrimiento cristiano es inevitable y a la vez productivo se han cumplido en cada época, incluyendo la nuestra. Ha habido miles de mártires. Hoy día la situación sigue siendo igual. Esperamos que la «glasnost» y la «perestroika» resulten en libertad completa en la Unión Soviética y otras naciones del bloque oriental, y que los países islámicos e hindúes se abran más al evangelio. Deploramos la reciente represión brutal del movimiento democrático chino, y oramos para que no reporte más sufrimiento a los cristianos. Por lo general, sin embargo, parece que las religiones antiguas se están volviendo menos tolerantes, los extranjeros son menos aceptados, y el mundo es menos receptivo al evangelio.

Ante esta situación, queremos hacer tres declaraciones a los gobiernos que están reconsiderando su actitud frente a los creyentes cristianos.

En primer lugar, los cristianos son ciudadanos leales que buscan el bienestar de su nación. Oran por sus líderes y pagan sus impuestos; desde luego, los que han confesado a Jesús como Señor no pueden, a la vez, decir «Señor» a otras autoridades, y si se les ordena hacerlo, o cualquier otra cosa que Dios prohíbe, tendrán que desobedecer. Pero son ciudadanos responsables. También contribuyen al bienestar de su país con la estabilidad de sus matrimonios y hogares, su honradez en el negocio, su trabajo esforzado y su actividad voluntaria al servicio de los incapacitados y necesitados. Los gobiernos justos no tienen por qué temer a los cristianos.

En segundo lugar, los cristianos renuncian a los métodos indignos de evangelización. Aunque la naturaleza de nuestra fe requiere compartirla con otros, nuestra práctica es hacer una declaración honrada y abierta que deja en completa libertad a los oyentes para que tomen sus propias decisiones. Queremos ser sensibles hacia quienes tienen otras creencias y rechazamos cualquier método que trate de obligarles a convertirse.

En tercer lugar, los cristianos anhelan ardientemente la libertad religiosa para todos, no solamente para los cristianos. En países en los que predomina un colectivo cristiano, los creyentes están al frente de los que demandan libertad para las minorías religiosas. En los países en los que predominan los no cristianos, por lo tanto, los cristianos están pidiendo para sí, no más de lo que demandan para otros en circunstancias similares. La libertad para «profesar, practicar y propagar» la religión, según se define en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, puede y debe, ciertamente, ser un derecho otorgado recíprocamente.

Lamentamos grandemente cualquier testimonio indigno del que los seguidores de Jesús podemos haber sido culpables. Determinamos no ofender innecesariamente en nada, para que el Nombre de Cristo no sea deshonrado. Sin embargo, la ofensa de la cruz no la podemos evitar. Por causa del Cristo crucificado oramos para que estemos listos, por su gracia, para sufrir y aún para morir. El martirio es una forma de testimonio que Cristo especialmente ha prometido honrar.