11 — El reto del año 2000 y más allá

La población del mundo de hoy se acerca a los seis mil millones. La tercera parte confiesa a Cristo, al menos en forma nominal. De los restantes cuatro mil millones, la mitad han oído el evangelio y la otra mitad aún no. A la luz de estas cifras, evaluamos nuestra tarea evangelística tomando en consideración cuatro categorías de personas.

En primer lugar, están los comprometidos. Componen una fuerza potencial para la tarea misionera. En este siglo esta categoría de creyentes cristianos ha crecido de unos 40 millones en 1900 a 500 millones hoy, y en la actualidad está creciendo a un ritmo dos veces mayor que cualquier otro grupo religioso.

En segundo lugar, están los no comprometidos. Estos hacen una profesión de fe cristiana (han sido bautizados, asisten de vez en cuando y se identifican como cristianos), pero la idea de un compromiso personal con Cristo les es algo extraño. Se encuentran en toda clase de iglesias en todas partes del mundo. Necesitan urgentemente ser evangelizados.

En tercer lugar, están los no-evangelizados. Son personas con un conocimiento mínimo del evangelio, pero que no han tenido la oportunidad adecuada para responder a él. Probablemente están dentro del alcance de personas cristianas si estas hicieran el esfuerzo de ir a la otra calle, camino, aldea o pueblo para encontrarlos.

En cuarto lugar, están los no-alcanzados. Estos son los dos mil millones de personas que nunca han escuchado que Cristo es el Salvador, y que no están al alcance de cristianos de su propio pueblo. Existen, de hecho, unos 2000 pueblos o grupos nacionales donde todavía no hay una iglesia autóctona viva. Nos ayuda a pensar en ellos como miembros de grupos étnicos menores, que se ven a sí mismos como teniendo algo en común (por ejemplo: cultura, idioma, territorio u oficio). Los mensajeros que más eficazmente los podrían alcanzar son los creyentes que ya pertenecen a esa cultura y hablan su lengua. De lo contrario, tendrán que ir mensajeros transculturales del evangelio, dejando atrás su propia cultura e identificándose abnegadamente con aquellos a quienes anhelan alcanzar para Cristo.

En la actualidad hay unos 12.000 grupos no alcanzados dentro de las 2000 agrupaciones mayores. La tarea no es imposible. Pero actualmente sólo el 7% de la fuerza misionera trabaja en esta empresa transcultural, mientras que el restante 93% ministra en la mitad del mundo que ya está evangelizada. Para que este desequilibrio sea corregido, será necesario replegar estratégicamente el personal que ya está sirviendo.

Una triste realidad que afecta a todas las categorías ya mencionadas es la inaccesibilidad. Muchos países no otorgan VISAS a los «misioneros» que no ofrecen ninguna otra profesionalización o contribución. Nuestras oraciones pueden traspasar toda barrera, cortina o puerta. La radio y televisión cristiana, casetes de audio y video, películas y literatura también pueden llegar a lugares cerrados a otras formas de ministerio. También lo pueden hacer los «fabricantes de tiendas» quienes, como el apóstol Pablo, se ganan la vida con alguna profesión secular. Viajan como hombres de negocios, profesores universitarios, técnicos especializados o maestros de idiomas, y aprovechan todas las oportunidades para hablar de Jesucristo. No llegan a un país de forma engañosa: su trabajo legítimo los lleva a él. Lo que sucede es, sencillamente, que el testificar es un componente esencial de su estilo de vida cristiana dondequiera que estén.

Nos avergonzamos profundamente de que casi dos milenios después de la muerte y resurrección de Cristo, dos terceras partes de la población mundial todavía no lo han reconocido como Salvador. Por otro lado, nos asombran las crecientes evidencias del poder de Dios aún en los lugares más insospechados de la tierra.

El año 2000 ha llegado a ser un hito desafiante para muchos. ¿Nos podremos comprometer a evangelizar el mundo durante la última década de este milenio? No hay nada mágico en cuanto a esa fecha, pero de todos modos ¿no deberíamos dar nuestros mejores esfuerzos para alcanzar esa meta? Cristo nos manda a llevar el evangelio a todas las naciones. La tarea es urgente. Estamos decididos a obedecerle con gozo y esperanza.