9 — La cooperación en la evangelización

La evangelización y la unidad están estrechamente relacionadas en el Nuevo Testamento. Jesús pidió que la unidad de su pueblo reflejara su propia unidad con el Padre (Juan 17:20,21), y Pablo exhortó a los filipenses a «combatir unánimemente por la fe del evangelio» (Filipenses 1:27). En contraste con esta visión bíblica, estamos avergonzados de las sospechas y rivalidades, del dogmatismo en cuestiones secundarias, de las luchas por el poder y de la edificación de imperios que arruinan nuestro testimonio evangelístico. Afirmamos que la cooperación en la evangelización es indispensable. Primero, porque es la voluntad de Dios, pero también porque el evangelio de reconciliación es desacreditado por nuestra falta de unidad, y porque si la tarea de la evangelización del mundo ha de ser alguna vez lograda, debemos realizarla juntos.

«Cooperación» significa encontrar unidad en la diversidad. Involucra personas de diferentes temperamentos, dones, vocaciones y culturas, iglesias nacionales y agencias misioneras, todas las edades y ambos sexos, en un trabajo conjunto.

Estamos decididos a dejar atrás de una vez por todas, como restos de nuestro pasado colonial, la distinción simplista entre países enviadores del primer mundo, y los países receptores del tercer mundo. Porque la gran novedad de nuestra era es la internacionalización. No sólo una gran mayoría de cristianos evangélicos no son occidentales, sino que el número de misioneros del tercer mundo pronto sobrepasará a los del occidente. Creemos que equipos misioneros de composición diversa, pero unidos de mente y corazón, constituyen un impresionante testimonio de la gracia de Dios.

Nuestra referencia a «toda la iglesia» no es una afirmación presuntuosa de que la iglesia universal y la comunidad evangélica sean sinónimas. Porque reconocemos que hay muchas iglesias que no son parte del movimiento evangélico. Las actitudes evangélicas ante la Iglesia Católica Romana y las iglesias Ortodoxas difieren enormemente. Algunos evangélicos están orando, hablando, estudiando las Escrituras y trabajando con dichas iglesias. Otros se oponen fuertemente a cualquier forma de diálogo o cooperación con ellas. Todos los evangélicos son conscientes de que aún subsisten entre nosotros serias diferencias teológicas. Donde sea apropiado, y mientras la verdad no se vea comprometida, la cooperación puede ser posible en áreas tales como la traducción de la Biblia, el estudio de temas éticos y teológicos contemporáneos, el trabajo social y la acción política. Debemos dejar en claro, sin embargo, que una evangelización común demanda un compromiso común respecto al evangelio bíblico.

Algunos de nosotros somos miembros de iglesias que pertenecen al Consejo Mundial de Iglesias, y creemos que una participación activa pero crítica de su obra es nuestro deber cristiano. Otros, entre nosotros, no tenemos ninguna relación con dicho Consejo Mundial. Todos nosotros instamos al Consejo Mundial de Iglesias a que se identifique con una comprensión bíblica y consistente de la evangelización.

Confesamos que compartimos una parte de la responsabilidad por el fraccionamiento del cuerpo de Cristo, lo cual constituye un gran obstáculo para la evangelización del mundo. Nos comprometemos a seguir la búsqueda de esta unidad en la verdad por la cual Cristo oró. Estamos persuadidos de que la forma correcta de avanzar hacia una mejor cooperación es un diálogo franco y paciente, basado en la Biblia, con todos aquellos que comparten nuestras preocupaciones. A esto nos comprometemos con gozo.