8 — La iglesia local

Toda congregación cristiana es una expresión local del cuerpo de Cristo y tiene las mismas responsabilidades. Es tanto «un sacerdocio santo» para ofrecer a Dios los sacrificios espirituales de adoración, como también «una nación santa» para anunciar sus excelencias mediante el testimonio (1 Pedro 2:5,9). La iglesia es entonces una comunidad que adora y una comunidad que testifica, reunida y esparcida, llamada y enviada. La adoración y el testimonio son inseparables.

Creemos que la iglesia local tiene la responsabilidad primordial de extender el evangelio. La Escritura sugiere esto en la progresión de «nuestro evangelio llegó a vosotros» y luego «partió de vosotros» (1 Tesalonicenses 1:5,8). De esta manera, el evangelio crea la iglesia que extiende el evangelio, el cual crea más iglesias en una continua reacción en cadena. Más aún, lo que la Escritura enseña, la estrategia lo confirma. Cada iglesia local debe evangelizar el distrito en el que está localizada, y tiene los recursos para hacerlo.

Recomendamos a cada congregación llevar a cabo estudios no sólo de su propia membresía y programa, sino también de su comunidad local y de todas sus características, a fin de desarrollar estrategias apropiadas para la misión. Sus miembros pueden decidir organizar la visitación de todo el barrio, penetrar en algún lugar particular donde la gente se reúna, organizar series de reuniones evangelísticas, conferencias o conciertos, trabajar con los pobres para transformar un área local marginada, o establecer una nueva iglesia en un distrito o localidad vecina. Al mismo tiempo, no deben olvidar la tarea global de la iglesia. Una iglesia que envía misioneros no debe descuidar su propia localidad, y una iglesia que evangeliza su vecindario no debe ignorar el resto del mundo.

En todo esto cada congregación y cada denominación debe, en donde sea posible, trabajar con otras, procurando convertir cualquier espíritu de competencia en uno de cooperación. Las iglesias también deben trabajar con organizaciones para-eclesiales, especialmente en la evangelización, en la enseñanza y en el servicio comunitario, porque tales agencias son parte del cuerpo de Cristo y tienen una valiosa experiencia y especialización de las que la iglesia puede beneficiarse grandemente.

La iglesia ha sido concebida por Dios para ser una señal de su reino, esto es, una indicación de cómo es una comunidad humana cuando está bajo su gobierno de justicia y paz. Así como en los individuos, también en las iglesias, el evangelio tiene que ser encarnado si ha de ser comunicado efectivamente. Es a través de nuestro amor mutuo que el Dios invisible se revela a sí mismo hoy (1 Juan 4:12), especialmente cuando nuestro compañerismo se expresa en grupos pequeños, y cuando trasciende las barreras de raza, rango, sexo, y edad que dividen a otras comunidades.

Lamentamos profundamente que muchas de nuestras congregaciones sólo miren hacia adentro, organizadas para su mantenimiento más que para la misión, o preocupadas con actividades centradas en la propia iglesia a expensas del testimonio. Determinamos volver a nuestras iglesias de dentro hacia afuera, de modo que puedan involucrarse en una expansión continua, para que el Señor les añada diariamente aquellos que han de ser salvos (Hechos 2:47).