2 — Buenas nuevas para hoy

Nos regocijamos de que el Dios viviente no nos abandonó a nuestra perdición y desesperanza. En su amor, Él vino a buscarnos en Jesucristo para rescatarnos y restaurarnos. De modo que las buenas nuevas se encuentran en la persona histórica de Jesús, quien vino proclamando el reino de Dios y viviendo una vida de humilde servicio, quien murió por nosotros, siendo hecho pecado y maldición en nuestro lugar, y a quien Dios vindicó levantándole de los muertos. A aquellos que se arrepienten y creen en Cristo, Dios les da parte en la nueva creación. Él nos da nueva vida, la cual incluye el perdón de nuestros pecados y la presencia y el poder transformador de su Espíritu. Él nos da la bienvenida a su nueva comunidad, la cual está compuesta de personas de todas las razas, naciones y culturas. Y él promete que un día nosotros entraremos a su nuevo mundo, en el cual el pecado será abolido, la naturaleza será redimida y Dios reinará para siempre.

Estas buenas nuevas deben ser proclamadas con valor dondequiera que sea posible, en las iglesias y en los auditorios públicos, en radio y televisión, y al aire libre, porque es el poder de Dios para salvación y estamos en la obligación de darlas a conocer. En nuestra predicación debemos declarar fielmente la verdad que Dios ha revelado en la Biblia y esforzarnos por relacionarla con nuestro propio contexto.

También afirmamos que la apologética, esto es, «la defensa y confirmación del evangelio» (Fil 1:7), es esencial para la comprensión bíblica de la misión y para un testimonio efectivo en el mundo moderno. Pablo «discutía» con algunas personas al margen de las Escrituras, con miras a «persuadirlos» de la verdad del evangelio. Así debemos hacerlo nosotros. De hecho, todos los cristianos deben estar listos para dar razón de la esperanza que hay en ellos (1 Pedro 3:15).

Otra vez hemos visto el énfasis de Lucas en el evangelio como buenas nuevas para los pobres (Lucas 4:18; 6:20; 7:22) y nos hemos preguntado qué significa esto para la mayoría de la población mundial, que son pobres, afligidos u oprimidos. Se nos ha recordado que la ley, los profetas y los libros de Sabiduría, así como la enseñanza y ministerio de Jesús, todos enfatizan la preocupación de Dios por los pobres en recursos económicos y nuestro deber consecuente de interesarnos por ellos y protegerlos. La Escritura también se refiere a los espiritualmente pobres, quienes miran sólo a Dios para alcanzar misericordia. El evangelio viene como buenas nuevas a ambas clases. Los pobres en espíritu, quienes sin importar sus circunstancias económicas, se humillan ante Dios, reciben por fe el don gratuito de la salvación. Para nadie hay otra manera de entrar en el reino de Dios. Los materialmente pobres y desposeídos encuentran además, una nueva dignidad como hijos de Dios y el amor de los hermanos y hermanas, quienes lucharán con ellos por su liberación de todo lo que los degrada y los oprime.

Nos arrepentimos de cualquier descuido de la verdad de Dios en la Escritura y nos comprometemos a proclamarla y defenderla. También nos arrepentimos de haber sido indiferentes al clamor del pobre y por haber mostrado preferencia por el rico, y nos comprometemos a seguir a Jesús en la predicación de las buenas nuevas a toda persona, en palabra y obra.