Artículo 6 — De la suficiencia de la Santa Escritura para la salvación
La Sagrada Escritura contiene todas las cosas necesarias para la salvación: de tal manera que lo que no pueda leerse ni probarse en ellas, no debe ser exigido a ningún hombre para que lo crea como un artículo de fe, o considerarlo como requisito necesario para la salvación.
En nombre de la Sagrada Escritura, aceptamos aquellos libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca hubo duda en la Iglesia.
De los nombres y el número de los libros canónicos
- Génesis
- Éxodo
- Levítico
- Números
- Deuteronomio
- Josué
- Jueces
- Rut
- Primer Libro de Samuel
- Segundo Libro de Samuel
- Primer Libro de los Reyes
- Segundo Libro de los Reyes
- Primer Libro de las Crónicas
- Segundo Libro de las Crónicas
- Libro de Esdras
- Segundo Libro de Esdras (Nehemías)
- Libro de Ester
- Libro de Job
- Los Salmos
- Los Proverbios
- Libro de Eclesiastés o el Predicador
- Cantar de los Cantares o Cantares de Salomón
- Cuatro Profetas Mayores
- Doce Profetas Menores
Todos los libros del Nuevo Testamento, tal como son aceptados comúnmente, nosotros los aceptamos y los consideramos canónicos.
Y los otros libros (como dice Jerónimo) la Iglesia los lee como ejemplo de vida e instrucción de costumbres; sin embargo, no los usa para establecer ninguna doctrina. Tales son los siguientes:
- Tercer Libro de Esdras
- Cuarto Libro de Esdras
- Libro de Tobías
- Libro de Judit
- El resto del Libro de Ester
- Libro de la Sabiduría
- Jesús el hijo de Sirac
- Baruc el Profeta
- El Cantar de los Tres Hijos
- La Historia de Susana
- De Bel y el Dragón
- La Oración de Manasés
- Primer Libro de Macabeo
- Segundo Libro de Macabeo