Artículo 28 — De la Cena del Señor
La Cena del Señor no es solamente una señal del amor mutuo que los cristianos deben tener entre sí, sino que más bien es un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo: de modo que para los que recta, dignamente y con fe lo reciben, el pan que partimos es la participación del cuerpo de Cristo y por igual, la copa de bendición es la participación de la sangre de Cristo.
La transubstanciación (o el cambio de la sustancia del pan y del vino) en la Cena del Señor no puede probarse por la Santa Escritura; sino que repugna a las palabras categóricas de la Escritura, trastorna la naturaleza del sacramento y ha dado ocasión a muchas supersticiones.
El cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena únicamente de un modo celestial y espiritual; y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena, es la fe.
El sacramento de la Cena del Señor, en virtud de la ordenanza de Cristo, no era para ser guardado, llevado en procesión, elevado o adorado.