
Artículo 10
En consecuencia, esta seguridad no proviene de ninguna revelación especial ocurrida sin la Palabra o fuera de ella, sino de la fe en las promesas de Dios, que Él, para consuelo nuestro, reveló abundantemente en Su Palabra; de que “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16);y finalmente, del ejercicio santo y sincero tanto de una buena conciencia como de las buenas obras. Y si en este mundo, los elegidos de Dios no tuvieran, tanto este sólido consuelo de obtener la victoria, como esta prenda cierta de la gloria eterna, entonces serían los más miserables de todos los hombres.