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Artículo 4

Y si bien ese poder de Dios, por el cual confirma y preserva en la gracia a los creyentes verdaderos; con todo, los convertidos no siempre son de tal manera conducidos y movidos por Dios que ellos, en ciertos actos especiales, no se aparten por su propia culpa de la dirección de la gracia, y sean seducidos por las concupiscencias de la carne y las sigan. Por esta razón, deben velar y orar constantemente para que no sean metidos en tentación. Y si no lo hacen así, no solo corren peligro de ser llevados por la carne, el mundo y Satanás, a cometer pecados graves y atroces, sino que, por permisión justa de Dios, incluso a veces en efecto son llevados a cometer esos pecados; como lo demuestran las tristes caídas de David, Pedro y otros santos, que se describen en las Sagradas Escrituras.