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Artículo 2

Tal como fue el hombre después de la caída, tales fueron también los hijos que procreó, es decir: corruptos, estando él corrompido; de tal manera que la corrupción, según el justo juicio de Dios, pasó de Adán a todos sus descendientes (exceptuando únicamente a Cristo), no por imitación, como antiguamente defendieron los pelagianos, sino por propagación de la naturaleza corrompida.