
Artículo 1
Dios es no solo sumamente misericordioso, sino también sumamente justo. Y su justicia (como se revela en Su Palabra) requiere que nuestros pecados, cometidos contra Su majestad infinita, no solo sean castigados con castigos temporales, sino también con castigos eternos, tanto en el alma como en el cuerpo; castigos que nosotros no podemos eludir a menos que la justicia de Dios sea satisfecha.