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Artículo 18

Contra aquellos que murmuran de esta gracia de la elección inmerecida y de la severidad de la reprobación justa, oponemos esta sentencia del Apóstol: “¿quién eres tú, oh hombre, que le contestas a Dios?” (Romanos 9:20), y ésta de nuestro Salvador: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío?” (Mateo 20:15). Nosotros, por el contrario, adorando con piadosa reverencia estos misterios, exclamamos con el apóstol: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor?, ¿o quién llegó a ser su consejero?, ¿o quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén” (Romanos 11:33-36).