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Rechazo 6

Que enseñan que la doctrina de la seguridad o certeza de la perseverancia y de la salvación es por su propia índole y naturaleza una comodidad para la carne, y perjudicial para la piedad, para las buenas costumbres, para la oración y para otros ejercicios santos; pero que, por el contrario, el dudar de ellas es digno de elogio. 

Pues estos demuestran que ignoran la eficacia de la gracia divina y la acción de la morada del Espíritu Santo, y contradicen al apóstol Juan que, en su primera epístola enseña expresamente lo contrario: “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como El es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como El es puro” (1 Juan 3:2-3). Además, ¡estos son refutados por los ejemplos de los santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento! quienes, aunque estuvieron seguros de su perseverancia y salvación, sin embargo, perseveraron en las oraciones y los demás ejercicios de piedad.