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Artículo 15

Esta doctrina de la perseverancia de los verdaderos creyentes y santos, así como de la certeza de esta perseverancia que Dios, para la gloria de Su Nombre y para consuelo de las almas piadosas, reveló superabundantemente en Su Palabra e imprime en los corazones de los creyentes, no es comprendida por la carne, es odiada por Satanás, ridiculizada por el mundo, abusada por los ignorantes e hipócritas y combatida por los herejes; pero la Esposa de Cristo siempre la amó con ternura y constantemente la defendió como un tesoro de valor inestimable. Y Dios, contra quien no vale consejo alguno, ni violencia alguna puede nada, se asegurará de que ella lo continúe haciendo. Solamente para Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sea el honor y la gloria eternamente. Amén.