Creemos, también, que es conveniente y útil que aquellos elegidos como superintendentes deliberen entre sí sobre los medios que deben adoptarse para el gobierno de todo el cuerpo, sin apartarse jamás, con todo, de lo que fue ordenado por nuestro Señor Jesucristo. Lo cual no impide que haya algunas ordenanzas particulares en cada lugar, según lo requiera la conveniencia.