En cuanto a la verdadera Iglesia, creemos que debe ser gobernada conforme al orden establecido por nuestro Señor Jesucristo. Que debe haber pastores, supervisores y diáconos, para que la verdadera doctrina tenga su curso, para que los errores sean corregidos y suprimidos, y para que los pobres y todos los que están en aflicción sean socorridos en sus necesidades; y para que se celebren asambleas en el nombre de Dios, de modo que grandes y pequeños sean edificados.