Creemos que somos iluminados en la fe por el poder secreto del Espíritu Santo, y que esta es una dádiva gratuita y especial que Dios concede a quien él quiere, de modo que los elegidos no tienen motivo de gloriarse, sino que están obligados a ser doblemente agradecidos por haber sido preferidos a otros. Creemos también que la fe no es dada a los elegidos solo para introducirlos en el camino recto, sino también para hacerlos perseverar en él hasta el fin. Porque el que ha comenzado la obra es Dios, y él también la perfeccionará.