Siendo que todos los elegidos son amados con un amor eterno, son, por lo tanto, redimidos, vivificados y salvados, pero no por ellos mismos, ni por sus propias obras, para que ninguno tenga de qué jactarse; sino que son salvos sola y totalmente por Dios, de su gracia y misericordia, por medio de Jesucristo, quien es hecho por Dios, para nosotros, sabiduría, justicia, santificación y redención; y en todo esto el que se regocije puede regocijarse en el Señor.
Jer.31:2; Efe.1:3,7; 2:8,9; 1 Tes.5:9; Hech.13:48; 2 Cor.5:21; Jer.9:23,24; 1 Cor.1:30,31; Jer.23:6.