Y aunque las cosas cambien, nosotros debemos proceder en comunión cristiana, no dejando nuestra práctica, sino andando en obediencia a Cristo, en la profesión y propagación de la fe arriba mencionada, aún en medio de pruebas y aflicciones, no contando nuestros bienes, tierras, esposas, hijos, padres, hermanos y hasta nuestras vidas como de más valor, para que podamos terminar nuestro curso con gozo, acordándonos siempre que debemos obedecer a Dios en vez que al hombre. Basándonos en el mandamiento, comisión y la promesa de nuestro Señor y Maestro Jesucristo, quien tiene poder en el cielo y en la tierra, quien también prometió que si guardamos sus mandamientos que Él nos dio, Él estará con nosotros hasta el fin del mundo, y cuando hayamos terminado nuestro curso y habiendo guardado la fe, nos dará una corona de justicia que ha sido guardada para todos los que aman su manifestación, y a quien tenemos que explicar la razón de nuestras acciones, porque no hay hombre que nos las puede perdonar.
Hch. 2:40,41; 4:19; 5:28,29,41; 20:23; 1 Tes. 3:3; Fil. 1:27-29; Dan. 3:16,17; 6:7, 10, 22, 23; Mat. 28:18-20; 1 Tim. 6:13-15; Rom. 12:1.8; 1 Cor. 14:37; 2 Tim. 4:7,8; Apoc. 2:10; Gén 2:4,5.