A los que Dios ha dado dones, estos siendo probados por la Iglesia, pueden y deben por la ordenanza de la congregación, profetizar, según la proporción de la fe y enseñar públicamente la Palabra de Dios, para la edificación, exhortación y consuelo de la Iglesia.
1 Cor. 14; Rom. 12:6; 1 Ped. 4:10-11; 1 Cor. 12:7; 1 Tes. 5:17-19.