La manera de adjudicar esta ordenanza, según la Escritura, es por sumergir el cuerpo entero bajo el agua. Y siendo una señal, tiene que corresponder con lo que significa, que es lo siguiente: primero, el lavamiento del alma entera en la sangre de Cristo; segundo, los beneficios comunicados al santo por la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; tercero, una confirmación de la fe, que así ciertamente como el cuerpo está sepultado bajo el agua y se levanta otra vez, así también los cuerpos de los santos se levantarán por el poder de Cristo, en el día de la resurrección, para reinar con Cristo.

Mat. 3:16; Juan 3:23; Hch. 8:38; Apoc. 1:5; 7:14; Heb. 10:22; Rom. 6:3-5; 1 Cor. 15:28, 29.