Los que tienen la fe producida en ellos por el Espíritu, nunca pueden totalmente caerse; y aunque muchas tormentas e inundaciones les azotan, no pueden ser removidos de aquel cimiento y roca sobre el cual son establecidos; sino, más bien serán guardados por el poder de Dios para la salvación; donde gozarán de la posesión que para ellos fue comprada, siendo sus nombres grabados en las palmas de las manos de Dios mismo.
Mat. 7:24, 25; Juan 13:1; 1 Ped. 1:4-6; Isa. 49:13-16.