1. A todos aquellos que son justificados, Dios se dignó conceder de buena gana, en Su único Hijo Jesucristo y por causa de Él, el enorme privilegio de hacerlos partícipes de la gracia de la adopción, por la cual son incluidos en el número de los hijos de Dios, y gozan de sus libertades y privilegios; tienen Su nombre escrito sobre ellos, reciben el espíritu de adopción, tienen acceso al trono de la gracia con confianza, son capacitados para clamar: -¡Abba! ¡Padre!-, son objetos de compasión, son protegidos, provistos y disciplinados por Él como por un Padre, pero nunca son desechados, sino que son sellados para el día de la redención; y heredan las promesas como herederos de la salvación eterna (Efe. 1:5; Gál. 4:4, 5; Jua. 1:12; Rom. 8:17; 2 Cor. 6:18; Apo. 3:12; Rom. 8:15; Gál. 4:6; Efe. 2:18; Sal. 103:13; Pro. 14:26; 1 Ped. 5:7; Heb. 12:6; Isa. 54:8, 9; Lam. 3:31; Efe. 4:30; Heb. 1:14; 6:12).