Creemos que nuestro Dios misericordioso, a causa de nuestras flaquezas y debilidades, nos ha ordenado los sacramentos para sellar en nosotros Sus promesas, y para ser garantías de Su buena voluntad y Su gracia para con nosotros; así como también para nutrir y fortalecer nuestra fe. Dios ha unido los sacramentos a la Palabra del Evangelio para presentar de una mejor forma a nuestros sentidos tanto lo que Él nos enseña por Su Palabra como lo que Él obra internamente en nuestros corazones, asegurando y confirmando así en nosotros la salvación que nos imparte. Porque son señales y sellos visibles de algo que es interno e invisible, por medio de los cuales Dios obra en nosotros por el poder del Espíritu Santo. Por lo tanto, las señales no son vanas o insignificantes, como para engañarnos. Porque Jesucristo es el verdadero objeto presentado por ellas, sin el cual no tendrían ningún valor.
Además, estamos satisfechos con el número de sacramentos que Cristo nuestro Señor ha instituido, que son solo dos, a saber, el sacramento del bautismo y la Santa Cena de nuestro Señor Jesucristo.