Creemos que esta Iglesia verdadera debe regirse por la política espiritual que nuestro Señor nos ha enseñado en Su Palabra, a saber, que debe haber ministros o pastores para predicar la Palabra de Dios y administrar los sacramentos; también ancianos y diáconos quienes, junto con los pastores, constituyan el concilio de la Iglesia; que por estos medios se preserve la verdadera religión y se propague por doquier la verdadera doctrina, como también que se corrija y restrinja a los transgresores por medios espirituales; además, que se alivie y consuele a los pobres y afligidos, según sus necesidades. Por estos medios todo en la Iglesia se llevará a cabo con buen orden y decencia, al escogerse a hombres fieles según la regla prescrita por el apóstol Pablo en su epístola a Timoteo.