Creemos que para alcanzar el verdadero conocimiento de este gran misterio, el Espíritu Santo enciende en nuestros corazones una fe verdadera, la cual abraza a Jesucristo con todos Sus méritos, se apropia de Él y no busca nada más fuera de Él. Porque es necesario que, o bien todas las cosas que son requeridas para nuestra salvación no estén en Jesucristo, o bien, si todas las cosas están en Él, que entonces los que poseen a Jesucristo por la fe tengan una salvación completa en Él. Y por tanto, que alguien afirme que Cristo no es suficiente, sino que se requiere de algo además de Él, sería una grave blasfemia, pues está concluyendo que Cristo no es más que un Salvador a medias.
Por eso, decimos justamente con Pablo que somos justificados por la fe sola, o por la fe sin obras. Sin embargo, para hablar más claramente, no queremos decir que la fe en sí misma nos justifica, ya que es solo un instrumento con el que abrazamos a Cristo, nuestra justicia. Pero Jesucristo, imputándonos todos Sus méritos y tantas obras santas que ha hecho por nosotros y en nuestro lugar, es nuestra justicia. Y la fe es un instrumento que nos mantiene en comunión con Él en todos Sus beneficios, los cuales, al llegar a ser nuestros, son más que suficientes para absolvernos de nuestros pecados.