Creemos que Dios, quien es perfectamente misericordioso y justo, envió a Su Hijo para asumir la naturaleza en la cual la desobediencia fue cometida, para hacer satisfacción en la misma y para llevar el castigo del pecado mediante Su más amarga pasión y muerte. Por lo tanto, Dios manifestó Su justicia contra Su Hijo cuando puso sobre Él nuestras iniquidades; y derramó Su misericordia y bondad sobre nosotros, que éramos culpables y dignos de condenación, por Su puro y perfecto amor, dando Su Hijo a la muerte por nosotros y resucitándolo para nuestra justificación, para que a través de Él obtengamos la inmortalidad y vida eterna.