Creemos que nuestro muy misericordioso Dios, en Su admirable sabiduría y bondad, viendo que el hombre se había lanzado a la muerte temporal y espiritual y se había hecho totalmente miserable, se complació en buscarlo y consolarlo cuando temblando huía de Su presencia, prometiéndole que le daría a Su Hijo, que sería nacido de mujer, para herir a la serpiente en la cabeza y que lo bendeciría.