Creemos que por la desobediencia de Adán, el pecado original se extendió a toda la humanidad, el cual es una corrupción de toda la naturaleza y una enfermedad hereditaria con la cual son infectados los bebés en el vientre de su madre y que produce en el hombre todo tipo de pecado, estando en él como una raíz y, por lo tanto, es tan vil y abominable a los ojos de Dios que es suficiente para condenar a toda la humanidad. De ninguna manera es abolido o eliminado por el bautismo, ya que el pecado siempre brota de esta deplorable fuente como el agua de un manantial; sin embargo, no es imputado a los hijos de Dios para condenación, sino que por Su gracia y misericordia les es perdonado. No para que permanezcan confiadamente en el pecado, sino para que la sensación misma de esta corrupción haga que los creyentes a menudo giman, deseando ser liberados de este cuerpo de muerte. Por esto, rechazamos el error de los pelagianos quienes afirman que el pecado solamente procede de la imitación.