Creemos que el Padre, por el Verbo, es decir, por Su Hijo, creó de la nada el cielo, la tierra y todas las criaturas según le pareció bien, dando a cada criatura su ser, figura, forma y varios oficios para servir a su Creador. Creemos también que Él todavía las sostiene y gobierna por Su providencia eterna y Su poder infinito para que sirvan a la humanidad, con el fin de que el hombre pueda servir a su Dios.

Él también creó buenos a los ángeles, para que fueran Sus mensajeros y sirvieran a Sus elegidos; algunos de los cuales han caído de esa excelencia en la que Dios los creó a la perdición eterna, y los otros, por la gracia de Dios, han permanecido firmes y continúan en su primer estado. Los demonios y los espíritus malignos son tan depravados que son enemigos de Dios y de toda cosa buena, hasta el alcance de su poder, como asesinos que buscan arruinar la Iglesia y a todos sus miembros, y por sus malvadas estrategias destruirlo todo; y por lo tanto están, por su propia maldad, condenados a la perdición eterna, esperando cada día sus horribles tormentos. Por lo tanto, rechazamos y aborrecemos el error de los saduceos que niegan la existencia de espíritus y de ángeles y también el de los maniqueos que afirman que los demonios tienen su origen en ellos mismos y que son malvados por su propia naturaleza, sin haberse corrompido.