Creemos y confesamos también que el Espíritu Santo desde la eternidad procede del Padre y del Hijo y, por lo tanto, no es hecho, creado ni engendrado, sino que solo procede de ambos; quien en orden es la tercera persona de la Santísima Trinidad, de una misma esencia, majestad y gloria con el Padre y el Hijo; y por lo tanto, es el Dios verdadero y eterno, como nos enseñan las Sagradas Escrituras.