Distinguimos estos libros sagrados de los apócrifos, es decir, el tercer y cuarto libro de Esdras, los libros de Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, el apéndice del libro de Ester, el Cántico de los tres jóvenes, la Historia de Susana, la de Bel y el Dragón, la Oración de Manasés, y los dos libros de los Macabeos. De los cuales la Iglesia puede leer y recibir instrucción, siempre que esté de acuerdo con los libros canónicos; pero están lejos de tener tal poder y eficacia como para que podamos, por su testimonio, confirmar cualquier punto de fe o de la religión cristiana; mucho menos restarle autoridad a los otros libros sagrados.