Lo conocemos por dos medios: primero, por la creación, preservación y gobierno del universo; que está ante nuestros ojos como el libro más elegante, en el que todas las criaturas, grandes y pequeñas, son como muchas letras que nos llevan a contemplar las cosas invisibles de Dios, es decir, Su eterno poder y divinidad, como dice el apóstol Pablo (Rom 1.20). Todas estas cosas son suficientes para convencer a los hombres y dejarlos sin excusa.
En segundo lugar, Él se nos da a conocer de manera más clara y completa a través de Su Palabra santa y divina; es decir, tanto como nos es necesario saber en esta vida, para Su gloria y nuestra salvación.