Creemos que Dios, en tres personas que obran conjuntamente, por su poder, sabiduría y bondad incomprensible, creó todas las cosas, no solo los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay, sino también los espíritus invisibles, algunos de los cuales cayeron y fueron a la perdición, mientras que otros permanecieron en obediencia. Que los primeros, corrompidos por el mal, son enemigos de todo bien y, por consiguiente, de toda la Iglesia. Los segundos, preservados por la gracia de Dios, son ministros para glorificar su nombre y promover la salvación de sus elegidos.