Sin embargo, creemos que es importante discernir con cuidado y prudencia cuál es la verdadera Iglesia, pues este título ha sido muy abusado. Decimos, entonces, conforme a la Palabra de Dios, que es la compañía de los fieles que están de acuerdo en seguir su Palabra y la pura religión que ella enseña; que avanzan en ella toda su vida, creciendo y confirmándose cada vez más en el temor de Dios, según sienten la necesidad de crecer y avanzar. Aunque luchen continuamente, no pueden tener otra esperanza que la remisión de sus pecados. Sin embargo, no negamos que entre los fieles pueda haber hipócritas y réprobos, pero su maldad no puede destruir el título de la Iglesia.