Siendo correctamente unida, establecida y siguiendo en la comunión cristiana y la obediencia al Evangelio de Cristo, nadie debe separarse de la Iglesia porque en ella hay faltas o corrupciones. Estas cosas pasan porque consiste de hombres sujetos a fallar, a tener disensiones, aún en las Iglesias verdaderamente constituidas. Al contrario, deben buscar la corrección de las cosas.

Apoc. 2 y 3; Hch. 15:12; 1 Cor. 1:10; Efe. 2:16; 3:15-16; Heb. 10:25; Judas 15; Mat. 18:17; 1 Cor. 5:4, 5.