Todos los siervos de Cristo son llamados fuera para presentar sus cuerpos y almas y los dones que Dios les ha dado. Así presentados, se encuentran en su lugar debido, siendo entretejidos y compactados según el funcionamiento de cada quien, para la edificación de la Iglesia en amor.
1 Cor. 12:6, 7, 12, 18; Rom. 12:4-6; 1 Ped. 4:10; Efe. 4:16; Col. 2:5, 6, 19; 1 Cor. 12:12ss.