El mismo poder que convierte a la fe en Cristo es el mismo poder que conlleva al alma por todas las responsabilidades, tentaciones, conflictos y sufrimientos. Todo que sea un Cristiano, lo es por Gracia y por la constante operación renovadora de Dios, sin la cual nunca podría cumplir ninguna incumbencia a Dios o resistir ninguna tentación de Satanás, del mundo y del hombre.

1 Ped. 1:5; 2 Cor. 12:9; 1 Cor. 15:10; Fil. 2:12, 13; Juan 15:5; Gén. 2:19-20.