La presentación del Evangelio para la conversión de los pecadores es absolutamente gratis, no requiere como algo necesario ninguna anticipada calidad o preparación. Los terrores de la Ley, o un ministerio de la Ley no es necesario, sino más bien un alma desnuda, como pecador y sin Dios; para recibir a Cristo, como Cristo, como crucificado, muerto, sepultado y levantado, siendo hecho un Príncipe y Salvador para los pecadores.

Juan 3:14, 15; 1:12; Isa. 55:1; Juan 7:37; 1 Tim. 1:15; Rom. 4:5; 5:8; Hch. 5:30-31; 2:36; 1 Cor. 1:22-24.